El Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray aclara que los asuntos con Estados Unidos van por buen camino y al día siguiente dice que no va a permitir se amenace nuestra soberanía. Donald Trump señala que sólo va a repatriar a los mexicanos ilegales que tengan antecedentes penales y está sacando del país a cualquiera que, aunque sea estadunidense con sólo parecer latino de los “bad-hombres”, lo llevan detenido sin poderse defender.
Peña Nieto declaró que va a reforzar a los cincuenta consulados que hay en Estados Unidos y hasta hoy sólo ha nombrado al Embajador de México en Washington.  Sólo falta que lo acepte el senado de aquel país. Los intelectuales, los analistas, los de la academia y la ciudadanía en General, lo ha estado  presionando para que actúe con más firmeza ante los ataques del presidente estadunidense y no ha habido respuesta por parte de ninguna autoridad mexicana.
Trump ordenó que no se dejara entrar a los ciudadanos de siete países musulmanes (casualmente Chiitas), además de congelar durante cuatro meses la llegada de refugiados. La Corte de Apelaciones de San Francisco suspendió el decreto presidencial y Trump se tuvo que disculpar, al enterarse que existían otros poderes en su país.
Por parte de Trump sólo se ha escuchado desbarres, gestos y manoteos, insultos a la prensa, mentiras, contradicciones, incoherencias, amenazas a México y a sus ciudadanos. “Sólo a los indocumentados criminales”, mientras está arrasando con todos los latinoamericanos que pasan por México para ingresar a EEUU y no los envía a sus lugares de origen.
Quiere que se queden los trabajadores del campo que ganan el 20 por ciento que cualquier otro estadunidense. Pero ahora ya se desdijo y quiere que se queden los profesionistas y los estudiantes más adelantados (algunos dreamers).
El presidente estadunidense no mencionó a México pero sí repitió lo del muro, lo de las drogas, de la delincuencia, de los trabajos que estos les quitan a los pobres nacionales y también contra del Tratado de Libre Comercio.
Igual de la militarización de su frontera, de la amenaza de invadir a México con una intervención punitiva como la que hicieron en 1914, pero esta vez para perseguir y acabar con los narcotraficantes y así quedarse como lo hicieron en 1848 con la mitad de México. Pero luego se echó para atrás, diciendo que tan sólo era una broma. ¿De verdad era una broma?
El presidente Enrique Peña Nieto, Videgaray y Meade siempre declaran el mismo estribillo: “Estamos en pláticas con la seguridad de seguir siendo amigos y socios comerciales”, “ya están llegando nuevas inversiones y se está llevando a cabo la reforma energética con las compañías norteamericanas y las japonesas”. Pero lo que no mencionan es que de México se han sacado más de cuatro mil millones de dólares en sólo un mes. Que desde que Trump era  candidato a la presidencia de Estados Unidos, prohibió que se edificara una planta de autos Ford en San Luis Potosí, con una inversión de mil ochocientos millones de dólares, la que de seguro se van a llevar a Panamá o a Costa Rica, porque en EEUU los autos les van a salir muy caros.
Promete bajar los impuestos de un 35 a un 20 por ciento a la industria manufacturera. ¿Y de dónde va a sacar dinero para invertir 45 mil millones de dólares para la industria bélica como lo prometió? Por otro lado, Trump aseguró que la ONU y la OTAN no servían de nada y que se iban a salir de esos organismos. Los amenazó que si no pagaban lo mismo que los Estados Unidos, retiraría a su personal, a sus tropas y a todo su armamento. Pero luego se desdijo y prometió respaldar a la ONU y fortalecer a la OTAN con mejor tecnología para “defenderse”.
Le prometió a Rusia retirar el embargo que Obama le había puesto sobre la intervención en el problema cibernético contra los demócratas pero hasta la fecha no ha cumplido ni ha vuelto a tocar el tema. Y así han estado diciendo medias verdades y muchas mentiras, como su comunicación con la promesa de una Taiwán libre y al recibir el firme reclamo del gobernante de  China, se desdijo y se refirió a: “Una sola China”.
Los primeros días de marzo, el presidente Trump invitó a la Casa Blanca a las cámaras de representantes y de senadores republicanos y demócratas, sobre el primer mes de estar al frente de la presidencia. Dicho informe se presentó ante los medios electrónicos y periodísticos.
El señor Donald Trump mostró ser un experto en mercadotecnia. El equipo de luces trabajó a la perfección; las cámaras de televisión abarcaban a la gente que estaba aplaudiendo, tenía el podio más bajo, lo que lo hacía verse mucho más alto de lo que es. A la espalda estaban dos asesores o más bien, directores de escena que se dirigían al público para mostrarles cuando aplaudir, cuando pararse y cuando interrumpir con aplausos más largos. Las cámaras evitaban lo más posible a los demócratas, que poco aplaudían y enfocaban a los legisladores e invitados pro republicanos.
Comenzó la misma perorata que había usado en su campaña política, como si tuviera un disco compacto en las cuerdas vocales: “Voy a hacer esto, voy a hacer lo otro, los Bad hombres, de nuevo haré una América más grande, correremos a los indocumentados que son delincuentes y terroristas”…En ese momento las cámaras enfocan a una señora llorando y Trump dice: “Miren a esta pobre mujer le mataron a su querido esposo los bad hombres asesinos indocumentados”. Los escenógrafos de atrás se pararon a aplaudir y uno se secó las lágrimas con el brazo. Y así, enfocaron a una persona con problemas de salud y Trump se afligió por ella contando su triste historia, que había quedado así por las drogas. Etcétera.
Mentiras en las que mucha gente creyó.

Por: Rafael Benabib / [email protected]

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