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Enérgicamente le pedimos al señor Trump que ya deje a México en paz. Ya cumplió con su cometido de ganar la presidencia de Estados Unidos usando maquiavélicamente a los mexicanos que viven allá y a los que habitamos en nuestro propio País.
Nos llamó ladrones, asesinos, terroristas, violadores, quita chambas de los gringos, narcos y un montón de adjetivos con los que sació le sed del enojo que los mismos estadunidenses tienen en su país por falta de empleo, por el odio interracial entre los mismos estadunidenses, aquellos que se dicen ser blancos que no se cruzan con los negros, desprecio a las mujeres, los latinos, los musulmanes, los rusos, los asiáticos y en especial a los chinos. Al echarle la culpa a los demás de su fallida política, incitó el odio contra los mexicanos.
Y hoy en día en especial en que Donald Trump canceló la reunión con el presidente de México Enrique Peña Nieto, pactada para el 31 de Enero. En primera, Enrique Peña Nieto, con el respaldo de todos los mexicanos debe de enfrentarse a Trump con entereza y dignidad, en segunda, Videgaray y el de Comercio debieron regresar el mismo día en que el presidente  recibió esa ofensa  por parte de Trump. Ya hay que fajarse los pantalones señor Peña Nieto.
 Ahora, ya amenazó al mundo diciendo que el que no piense como él es antiamericano. O sea que quien se oponga al muro, al cambio del TLC y/o a las deportaciones mexicanas, es antinorteamericano.
En estos días los Secretarios de Hacienda y de Economía están preparando el encuentro que quieren para el Tratado del Libre Comercio y que al presidente Peña Nieto le urge para conocer su situación actual y la de México y a nosotros, los mexicanos, nos toca respaldarlo.
Donald Trump ya cumplió su primer promesa dentro de EU que fue desmantelar el “Obamacare” sobre servicios médicos para los trabajadores; la segunda es la disolución del Tratado de Libre Comercio y cambiarlo por otro que beneficie más a su país, la tercera es la erección del muro en la frontera de México y la cuarta, es sacar del país a los once millones de mexicanos indocumentados que tengan antecedentes penales.
Los que están fichados son 850 mil migrantes de toda América Latina, por delincuencia en riñas, robos y otros delitos, pero la mitad restante son delincuentes de penas monstruosas, dignas de la silla eléctrica, por haberse pasado un alto o atravesado una calle a pie, mientras el semáforo para peatones está en rojo, aunque el andar marihuano o borracho y beber en la vía pública eso sí está permitido.
Me pregunto: ¿Qué va a hacer Trump con los mexicanos que ya obtuvieron la nacionalidad estadunidense? ¿Y los cientos de miles de trabajadores ilegales que trabajan el campo de su país, los que ganan menos de la mitad que cualquier trabajador local? ¿Subirán los precios de la comida en Estados Unidos y por caros ya no podrán seguir exportando sus productos? ¿O nada más van a correr a los de las ciudades?  
Por otro lado, cuál será la posición del Presidente Enrique Peña Nieto frente a su par de Estados Unidos sobre el retiro de las plantas automovilísticas de México. Nos preguntamos si Trump tiene el poder de decidir sobre el Tratado de Libre Comercio, el cual también firmó Canadá o habrá una reunión tripartita, él, Peña Nieto y con el Primer Ministro Trudeau y también amenazarlo. Se enfrentará al Congreso de Estados Unidos que avaló el TLC y tiene que votar esa “enmienda” y afectar los intereses de los estadunidenses que comercian con México.
El presidente Peña Nieto tiene la obligación como tal, de exigirle a Trump que no se meta con la soberanía de nuestro País, pretendiendo que se pague ese muro que él quiere erigir; el amenazar a las empresas ajenas a EU de que en caso que invirtieran en México les cobrará el 35 por ciento de aranceles en su frontera, pues ya comenzó la fábrica Ford al cancelar una inversión de 1,500 millones de dólares en San Luis Potosí. También amenazó a la japonesa Toyota el cobrarle lo mismo al tratar de vender sus autos en EU, metiéndose en asuntos de dos naciones como si se tratara de sus súbditos.
Se le debe de exigir que nos pida disculpas a todos los mexicanos por habernos insultado con lo que dijo de nuestro pueblo. Que nos le enfrentemos frente a su arrogancia con la dignidad y valor como hace unos años lo hacíamos. Pero Donald Trump no va a cambiar su actitud hacia México y el mundo. La prueba es que el día anterior de la llegada de Videgaray a Estados Unidos a preparar la plática Peña Nieto-Trump, se comenzó a edificar el muro.
Vamos a correr a Monsanto y a sembrar nuestro maíz libremente y producir nuestros fertilizantes, a las mineras, para recuperar nuestro campo y volverlo productivo y así, regresar a nuestra propia identidad y a la cultura mexicana que ahora estamos recuperando.
Pero qué se puede esperar de un tipo sin conocimiento de lo que es la ética, el respeto a los demás y de un comportamiento adecuado, esté dirigiendo al país que representaba la auténtica democracia y el más poderoso del planeta sin saber nada de política, sin ser lo que Estados Unidos necesita: un estadista, un diplomático, quien vea a los demás países como competidores o socios, no como enemigos. Alguien que sepa que él no es el que manda, sino el que ejecuta las leyes y obedece al pueblo a través de sus senadores y representantes.
Este es el momento ideal para demostrar al vecino, al mundo y a los propios mexicanos, que sí tenemos un presidente nacionalista, un mexicano que apuesta por México y sabe defender a su País y de esa manera, dejar en claro que el pueblo de México está detrás del presidente, como lo estuvo en el terremoto de 1985, sin importar quien  fuese el primer mandatario, porque siempre vamos a defender a México. Espero que lo que estoy pidiendo no sea sólo un sueño, sino que este sea el momento preciso para poner las cosas en su lugar en beneficio de nuestro País: México.

Por: Rafael Benabib / [email protected]