El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump anda por todo el mundo tratando de que todos los países se peleen entre sí. Ni está loco ni dice estupideces al azar. Todo lo que hace o declara está bien planeado por los belicistas republicanos desde el inicio de su carrera a la presidencia. Uno de esos pleitos ya los encontró entre los israelíes y el mundo árabe.
A México lo atacó de todas las formas que pudo. Empezó con el muro, siguió corriendo a los indocumentados, nos tildó de delincuentes, narcotraficantes y corruptos. Ahora está jugando con México en el nuevo Tratado de Libre Comercio, frente a la debilidad de un gobierno mexicano el que si no ha podido hacer nada por sus coterráneos en cinco años, menos lo va a hacer en el año que le queda, además de haber obligado con dinero o con amenazas a los diputados y a los senadores, con algunas excepciones, a firmar el permiso para militarizar al País.
Estados Unidos sigue con la idea de que un país ignorante no necesita ser invadido, ya que con educar a sus dirigentes en sus universidades: Yale, Michigan, Harvard, LA, Princeton y otras manipuladoras reaccionarias,  lo tiene más que pobre y sojuzgado, con su American Way of Life. Y en cierta manera lo ha logrado, pues ya son dueños de nuestro petróleo, de nuestra energía eléctrica, del aeropuerto más grande del mundo que se terminará en 2026 y que no existe una razón lógica para hacerlo más que para el uso de los aviones estadunidenses, como base militar desde México hacia el resto de América Latina.
Durante estos días de finales de noviembre y principios de diciembre, Trump se ha dado el lujo de tratar de meterles miedo a los ciudadanos de Japón, diciendo que Corea del Norte estaba a punto de disparar sus misiles con ojivas atómicas a las islas pertenecientes a Japón y además, que el loco de Kum jong-un tiene bombas químicas dirigidas directamente a la población de su país, a punto de hacerlas explotar hacia su pueblo.
El primer ministro japonés, Shinzo Abe asintió con la cabeza en señal de respeto al invitado, lo que se interpretó como una aceptación de ese estado de cosas. Después Trump invitó al pueblo y gobierno japonés a comprar más y más misiles estadunidenses porque el armamento que tenían ya estaba en desuso.
El primer ministro hizo como que no entendía la traducción y se tocó el oído sin contestar, y aún así, la opinión de los ciudadanos empezaron a criticar más al primer ministro por no ser firme en su negativa, que a Trump que le venía a ofrecer ese tipo de armas.
Total que el mandatario estadunidense salió de Japón sin ninguna aceptación y sin firmar algún contrato de venta de armamento. Esto lo disimuló Trump con mucho cuidado porque no quería que otras naciones se enteraran que es muy fácil decirle que no de una vez por todas y sin mayores consecuencias.
Viajó a Filipinas y ahí si le compraron su mortal mercancía porque a ellos los tienen bien agarrados con sus deudas al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, pero en especial, al gobierno filipino sí le conviene tener al pueblo asustado con “la proximidad de una guerra que los exterminaría a ellos y al resto del mundo”, pero la verdad es que al gobierno le gusta tenerlos con miedo para que no protesten contra sus gobernantes quienes son de lo más corruptos que hay en el Oriente Asiático.
Corea del sur le compró todo lo que Trump trajo para vender. Ellos saben que las balandronadas y amenazas de Pyong Yang son respuesta a las que los militaristas de EEUU y sus industrias de armamento. Por eso mandaron a Trump a encajarles lo que ellos quieren venderle a todo el mundo para revitalizar su propia economía.
Y así siguió ofreciendo todo lo que traía hasta que parecía que se le habían acabado los clientes. Entonces externó una de sus aparentes ocurrencias sin ninguna trascendencia: “Voy a pasar la embajada de los Estados Unidos a Jerusalén y convertirla en la capital del Estado de Israel” y de repente, buena parte del mundo lo volvió a criticar por pretender echarle más leña al fuego, cuando el polvorín que todos los países del mundo temen vaya a explotar.
En ese momento comenzaron las alarmas de una verdadera revuelta. La ONU rechazó la medida, criticándola acremente; los dirigentes de los principales países del orbe respondieron en forma negativa. El único que estuvo de acuerdo y felicitó a Trump fue el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quien pensó que otros países seguirían su ejemplo, sin saber la tremenda conmoción que habrá dentro de Israel quienes conviven con el mundo árabe y el sólo haber hecho esa declaración se va a presentar una reacción en cadena: Abbas el presidente de Palestina se disgustó y no quiere tener nada que tratar mientras los Estados Unidos intervengan. Hammas, el Herbolá y todos los países árabes se le van a echar encima. El mundo musulman se les va a ir a la cabeza, y si no se para este incendio a tiempo, va a empezar la verdadera guerra  mundial que Trump dice buscar, pero que la vamos a sufrir el mundo entero. El pueblo israelí está criticando esta medida por medio de marchas y plantones en todo el país. El día de ayer ya se presentaron muchos muertos y heridos por toda Jerusalén. Esta puede ser la mecha que prenda la tercera guerra mundial y todo porque el imbécil de Trump quiere vender las armas de sus patrones. Pero ya no se trata de hacer pelear al terrorista Estado Islámico y a Turquía para que se maten entre ellos y terminen de destruir a Siria y a Irán, pues ahora todos se van a ir contra Israel y Los Estados Unidos, comenzando por sus embajadas y sus centros de reunión.
Finalmente Trump encontró lo que buscaba, pero es tan tarado, que no sabe que él y su país van a ser quienes primero pague esta tremenda estupidez.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]