En 1972 el Presidente de Chile, don Salvador Allende, firmó dos tratados de libre comercio con la China popular. En aquella época el país asiático no gozaba del poder económico que ahora tiene. Hace cuarenta y cinco años que se estaban preocupando por mantener a flote su propio socialismo, hoy en día ya lleva más de diez tratados comerciales con Chile, Perú y Costa Rica, además de los que tiene por todo el mundo, porque le interesa la Cuenca del Pacífico.
Para México sería una gran oportunidad diversificar su economía, pero por motivos ignorados, las autoridades no quieren firmar un Tratado de Libre Comercio con ese gran país.
La revolución cultural y la competencia con la Unión Soviética desaparecieron a la caída de esta última. China entró de lleno al Sistema de Mercado Internacional y al irse separando del socialismo marxista-leninista, comenzó a maquilar para las empresas internacionales, en especial para los Estados Unidos con mano de obra casi regalada y al mejor precio del mercado.
Así que aprovechándose de la tecnología y las firmas caras de su país y de Europa, muchas empresas enviaron sus productos a maquilar a la China Continental, los que eran regresados a los Estados Unidos sin la calidad original, pero a un precio diez veces más bajo.
Hasta ahí todo estaba bien, pero el mercado estadunidense se vio inundado de mercancías chinas que para ganarse la clientela, fueron bajando de calidad y al ser más baratas inundaron a los Estados Unidos, que con tratados de libre comercio las revendió al mundo entero, destruyendo la industria en México y en muchos lugares del planeta.
Sin embargo México no ha querido hacer ningún Tratado de Libre Comercio con China, probablemente presionado por los Estados Unidos. Chile, Perú y Costa Rica han firmado tratados con China, la que invierte en esos países, les vende electrodomésticos, piezas automotrices y acero al mejor precio, mientras que dichos países le dan a cambio, verduras, frutas, carne de cerdo, hortalizas y entre otros productos, una parte importante de su minería.
 Gracias a esos tratados económicos, Chile se convirtió en uno de los países más prósperos de Latinoamérica y aunque vino el golpe militar de Pinochet, Chile no ha dejado de ser un país exportador, ahora que Argentina está entregada al neoliberalismo lo mismo que Brasil, Uruguay, Paraguay y en cierta medida Colombia y Ecuador, así como quieren hacer con Venezuela, al que están tratando de ahogar, hasta que Maduro se vaya y puedan privatizar su petróleo y los demás bienes, que ahora son de la Nación Venezolana. Ya no hablemos de México, el que ha perdido todas las riquezas de la Nación y hasta su propia identidad. Sus  dirigentes han permitido desde hace más de treinta años: promover la pobreza, la ignorancia, la destrucción del campo, la fuga de capitales y muchos otros etcéteras.
Hoy en día, China ya no es aquel país que buscaba asentar su socialismo,  Ahora se ha convertido en la gran potencia mundial con un crecimiento del ocho y diez por ciento del PIB, su tecnología está por alcanzar a los Estados Unidos, a Japón y a Rusia, su armamentismo, está al nivel de cualquiera de los países del mundo y no tiene porqué competir con más mercados, pues aunque Trump diga lo que diga, China es el mayor proveedor de bienes al mejor precio para los Estados Unidos y lo seguirá siendo por muchos años.
Se duda que a China le interese el mercado latinoamericano. Está muy ocupado en surtir a su propio pueblo, a los europeos, a los africanos y a los estadunidenses, además de cumplir con sus tratados internacionales, como el Acuerdo Comercial Asia Pacífico (APTA), el convenio de los 16 países que forman el Tratado de Libre comercio en los que sólo han firmado 10 pero que empezó a funcionar el mismo día de la firma.
En ese tratado está incluido: Chile, Perú, Costa Rica, Nueva Zelanda, Singapur, Pakistán, Moldavia, algunos países europeos, África y por supuesto China. Los Estados Unidos no están incluidos dentro de este.
México mostró interés en sumarse a la Asociación Regional Económica Integral (RCEP por sus siglas en ingles), pero en realidad el gobierno mexicano no está interesado en pertenecer a ningún acuerdo o Tratado de Libre Comercio, pues como dice el Presidente Enrique Peña Nieto, en la visita del Mandatario Chino Xi jingping a México. “Es anticipado hablar de un TLC.”
De 2013 a 2016, México firmó un Memorando con más de seis consorcios chinos que han ofertado ingresar al mercado mexicano, a través de subsidiarias sin un Tratado Comercial entre los dos países. También se firmó otro Memorando, donde se puede llegar a ofertar: tequila o carne de puerco, aguacate o jitomate, pero todo ha quedado en buenas intenciones, sin un contrato que se obligue a las partes a cumplir.
Como un neo mercader insertado en el mercado internacional, La República Popular China, no da paso sin huarache, los Estados Unidos nunca le permitirán a México hacer tratados serios con China, ya sea sobre pescadería, productos farmacéuticos, investigación y tecnología, piezas  de repuesto para todo tipo de industria (acordémonos que ellos son maestros en las copias de cualquier producto), ya que dicen que al gobierno de México no le permiten que haga ninguna transacción y que a los políticos no les interesa el bienestar de la Nación.
El presidente de EEUU, Donald Trump, no se ha cansado de amenazar a México con prohibir que lleguen inversiones de aquel país hacia el nuestro, de implementar un cobro de 25 y 35% a las importaciones de México hacia Estados Unidos y, aunque ya casi no se habla de ello, va a hacer el muro y cobrárselo a los mexicanos, además de la deportación de indocumentados hacia nuestro País, sean o no mexicanos, convirtiendo a cada latinoamericano que trabaja en sus campos, sus construcciones y en todo Estados Unidos, sean fichados como delincuentes mexicanos y tener más armas para sacarlos de su país, que es lo que intentan hacernos a todos.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]

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