México se estaba desgarrando entre el primer terremoto de 7.1 grados que arrasó Juchitán en Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Tabasco, muchas poblaciones de Morelos, con Axochiapan y Jojutla destrozados y el resto del Estado de Morelos, incluyendo a Cuernavaca, todo el sur del País se vio afectado por la furia de la naturaleza, al llegar el sismo del 19 de septiembre el que aparentemente no tuvo nada que ver con el de Chiapas y Oaxaca pero que le pegó duro a Puebla, a Morelos y a la Ciudad de México, el cual fue mortal para cientos de nuestros paisanos. Gracias a los voluntarios de Morelos, el Estado está por renacer.
Esta ha sido la peor tragedia que nuestro México ha sufrido desde hace tres décadas, la cual por pura coincidencia se presentó un mismo día 19 de septiembre de hace 32 años, y sucedió algo similar a lo de aquella también terrible ocasión: la ciudadanía se volcó a las calles y en una muestra de solidaridad ante los momentos más adversos, se une en torno a la desgracia de sus hermanos los mexicanos.
El pueblo de México salió de inmediato a la calle a ayudar a los damnificados sin importar donde se encontraran, rebasando la intervención del gobierno y sin necesidad de previa organización, comenzó a buscar a los posibles sobrevivientes y rescatar los cuerpos de las víctimas que por desgracia no se pudieron salvar.
Dentro de esa tragedia, el gobierno lo único que pudo hacer es aquello que siempre pone en práctica: Los discursos oficiales huecos, la coreografía de Televisa y los comentarios de presentadores de un canal que no mostró más que puras mentiras sobre el Colegio Rébsamen, (donde se pasaron más de dos horas continuas de tiempo en televisión, dando informes sobre una niña inventada por ellos mismos y que jamás existió llamada, Frida Sofía), olvidándose de la
información del resto de las desgracias de los ciudadanos de nuestro País: los de Morelos, los de Puebla, los de Xochimilco, etcétera.
No es que minimicemos las desgracias que esta tragedia llevó a la Ciudad de México, donde la ciudadanía de nuevo se volcó a las calles y a pesar de la ayuda de las fuerzas armadas, esta intervención de los jóvenes, niños, obreros, profesionistas, gente empleada y desempleada, nos recordó de la solidaridad que siempre ha tenido el pueblo de México y no del individualismo de otros países.
Y fue así que los voluntarios rebasaron a la Marina y a la policía, los que al no saber qué hacer, desplazaron a quienes vinieron a salvar a su pueblo. Aquellos héroes que le mostraron al presidente Enrique Peña Nieto que no somos corruptos como él dice, sino que somos solidarios hacia nuestra gente y aún así, hay pocos países del mundo que, dentro de las penurias por las que estamos pasando, estén tan orgullosos de servir a los demás. Somos muchos los que ahora hemos ayudado con dinero, con víveres, en los albergues, con la espontánea comida hecha en las casas aún en pie, con el abrazo fraternal del vecino que también perdió todo. Pero la ayuda y la responsabilidad no se terminan ni enviando víveres una dos o tres veces, sino que la cooperación debe continuar hasta que todas las poblaciones vuelvan a servir para sus habitantes, pero esta vez con mayor seguridad.
Si ya mandamos un kilo de azúcar y dos de frijol, hoy mismo hay que tratar de enviarles un bulto de cemento, un ciento de ladrillos y diez o veinte láminas de asbesto. Que quieres mandar cien pesos, deposítalos en la cuenta del Politécnico Nacional o en la cuenta del Canal Once o cómprales tres cobijas, comida para bebe, de quienes parece que alguna gente se ha olvidado y de buena voluntad sólo mandan para personas mayores. Sabemos que la ayuda no terminó, sino que nos va a llevar un poco más de tiempo y mucho menos si lo hacemos todos juntos.
Para el político que está contento porque ya dejaron de hablar del socavón del Paso Exprés y, según uno de los ingenieros de la compañía ALDESA, encargados de los trabajos de dicho Paso Exprés, comenta que el gobierno federal ya le volvió a dar a la misma constructora los contratos para edificar todo lo que fue destruido.
Comenzaron a pulular las noticias de una pronta ayuda a los sobrevivientes, con medicinas, alimentos, albergues preparados hasta que se les edifiquen sus nuevas viviendas. Pronto se olvidaron esas promesas y la ayuda llegaba a cuenta gotas, aunque no así las fotos de los funcionarios públicos visitando las ruinas, dando órdenes a sus subalternos en secreto, sin siquiera voltear a ver a los que se quejaban de haber perdido todo, pero sí abrazando a los niños afectados, a quienes vistieron no con las garras que les quedaron si no con sus trajes típicos, cuyas imágenes son las que dieron la vuelta al mundo.
A Trump no le pareció importante lo sucedido a una población de la que ni sabía que existía. Hasta que se lo recordaron sus mal informados consejeros cuatro días después en que mandó otro hipócrita tuiter (agradecido por nuestros “nacionalistas funcionarios”), los que, cuando sucedió la desgracia tan terrible del 28 de agosto en Houston, Texas, de inmediato se pusieron a sus órdenes para enviar al personal mejor entrenado para esos menesteres: Los Topos y otros voluntarios, aunque en el terremoto del 19, Trump si envió un tuiter diciendo “I am sorry” (lo siento).
Y por el momento se fue olvidando que los gringos doblegando a los funcionarios mexicanos a aceptar todo lo que Trump quiere cambiar en lo oscurito y absolutamente secreto para la ciudadanía mexicana: El Tratado de Libe Comercio de América del Norte. La gente se pregunta si sería ese el motivo por lo que se olvidó ayudarles a las víctimas de los terremotos de Oaxaca y Chiapas... Y mientras un futbolista portugués cooperó con un millón de euros, la embajada de Estados Unidos ofreció dar cien mil dólares. (Reforma del 25 de septiembre).
Pero luego, entre los sismos que han fastidiado la vida de los pueblos, está la información sesgada de la televisión la que sólo muestra las destrucciones y los discursos de las autoridades federales, pero nunca las peticiones ni las necesidades de los afectados.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]