El gobierno federal insiste en construir un enorme y costoso aeropuerto sobre lo que fuera el Lago de Texcoco, sin tener en cuenta la opinión de los ingenieros especialistas de la UNAM y de los conocedores del terreno pantanoso donde lo piensan hacer y mucho menos han escuchado la opinión de los habitantes de los pueblos que lo rodean.

Los expertos dicen que los primeros aviones que toquen las pistas, aunque le contruyan unas “zapatas” de 20 metros de profundidad (que les va a salir más caro que toda las pistas juntas)  y que no van a resistir el peso de esas enormes moles de carga o de pasajeros, porque la compañía que va a llevar a cabo el trabajo, sabe muy bien que aunque se seque la superficie del lago, el subsuelo seguirá húmedo, y no ve a resistir ni el peso de los aparatos, ni algún movimiento telúrico que soporte las edificaciones y el tránsito de las aeronaves.

Igual le pasa al gobernador del Estado de Puebla, quien privatizó el agua de todos los mantos freáticos. Que es poseedor del agua que absorben las minas con su “craking” y, lo que es más importante, se adueñaron de la compañía de agua potable que antes era del municipio para el pueblo y debería de ser gratuita, pero cuesta un 400 por ciento más que los recibos anteriores.

En el Estado de Chiapas se está cometiendo una barbarie por la falta de agua. Y a pesar de ser uno de los estados que más afluentes de ríos tiene, entre ellos: el río Usumacinta, el río Grijalva, el río Busiljá, el De la Venta, entre otros. Cuenta con las más importantes presas de agua, como: La Presa de la Angostura, la de Chicoasén y la de Malpaso, por citar las de mayor importancia. Además de tener la mayoría de las hidroeléctricas de México, las que surten de electricidad a más de la mitad del País y en cuyo estado, la energía eléctrica es una de las más caras de la República.

El Ayuntamiento de Cuernavaca, Protección Ambiental, Ecología y Medio Ambiente y varias otras dependencias estatales y federales, están dando permisos de que se tiren a diestra y siniestra los árboles para construir centros comerciales por toda la ciudad y, con el pretexto de que sólo se permitirán árboles nativos, se van a talar los que no lo son y la gente se pregunta qué si van a sembrar puro casahuate, ya que es uno de los únicos árboles nativos. Porque ni siquiera los pinos crecen y las palmeras son de las costas.

 

 

El Director de Obras Públicas Municipales, no está tomando en cuenta que al deforestar los parques y jardines, está amenazando a la ciudad para que ahora que se aproxima la sequía más agresiva de que el estado tenga memoria y que ahuyentará al raquítico turismo que nos llega de la Ciudad de México. En unos días más van a terminar los frentes fríos y va a comenzar la falta de agua, hasta después del mes de junio en que caigan las primeras lluvias. 

 

 

Mientras tanto, otros seguirán gozando gratuitamente del agua de la población, al continuar explotando sus propios pozos, aunque el litro de refresco azucarado o de agua, cuesten más que el litro de leche.

En la Ciudad de México se destruyeron los árboles para hacer vías rápidas y con eso se cambió el clima y se llenó de contaminación, y eso es lo que le va a suceder a Cuernavaca, a la cual sin árboles, la sequía de va a adueñar del medio ambiente, la “polución” se va a posesionar de nuestras calles. Y todo esto, para tener una plancha de cemento o de vidrio tipo Holanda, sin bancas, ni sombra y ni gente, donde se siente a tomar el fresco nuestro pueblo, ya que la Plaza es de todos, no de las autoridades.

Por: Rafael Benabib