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El uno por ciento de la población mundial es dueña del 65 por ciento de la riqueza del planeta. El otro 35 por ciento está repartido entre el 7% de la clase media alta: empresarios y políticos corruptos, quienes explotan a los ciudadanos; son los dueños de la tierra y sus productos, de fábricas, del comercio y de la producción mundial de bienes de consumo, pero todos ellos trabajan para defender la riqueza de ese uno por ciento que ostentan las bases del neoliberalismo y de la susodicha globalización. El resto de la riqueza está distribuido entre la clase media y los más de seis mil millones de habitantes que apenas tienen para comer y entre los que viven en la absoluta miseria.
En cuanto a México se refiere, ese primer porcentaje es el que está esperando que desaparezca el sindicato de Pemex y el de la Comisión Federal de Electricidad para caerles como buitres, la Monsanto y sus filiales, el ganar un pleito que los tiene detenidos para introducir el maíz transgénico –el sorgo ya lo es, en su mayoría- y sus venenosos fertilizantes, para acabar de una vez por todo con el poco campo que queda, que sólo es parte de lo que Salinas de Gortari comenzó con su Tratado de Libre Comercio.  
Le siguen la explotación de las minas por todo el territorio nacional, a cargo de las empresas extranjeras y del Grupo México de un señor Larrea, ahora defendido por las nuevas leyes aceptadas por el Congreso de la Unión, las que dicen que aquel (mexicano) que se oponga a vender o que intente obstruir la explotación de las minas en el campo mexicano, será fuertemente sancionado, a pesar de que las mencionadas minas sólo traen contaminación, daño al subsuelo con su sistema de cracking, el cual envenena el agua con cianuro, vierten sus desechos hacia los ríos, como en el caso de la Mina México que contaminó el río Sonora.
Las compañías de aviación extranjeras no tienen que esperar mucho, porque el programa de Cielos Abiertos, ya está funcionando con la llegada de toda la flota de aeronaves de pasajeros y de carga de los Estados Unidos a través de nuestro territorio; cosa que está prohibido por las leyes mexicanas, pues todos los aviones extranjeros deben de aterrizar en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y si están “en tránsito”, las compañías mexicanas se encargarían del resto de la transportación dentro de nuestro espacio aéreo. 
Este tratado ha sido convenido en lo oscurito, pues casi nadie está enterado de lo que el gobierno firma con otros países y tiene como finalidad apropiarse del espacio aéreo mexicano, además de llevar a la quiebra a las pocas compañías mexicanas de aviación. Un ejemplo de ello es que sólo la Compañía American Air Lines, tiene siete mil aviones que hacen el trabajo de transporte por todo el mundo, mientras Aeroméxico sólo tiene trescientas cincuenta aeronaves en su haber, lo que la vuelve vulnerable en exceso ante una sola de las líneas de Estados Unidos, mientras que ese tratado da permiso para que lleguen todas las compañías de aquel país.
Lo mismo está pasando en el resto del mundo. En Brasil ya quebraron a la compañía petrolera, Petrobras. Pero como la Presidenta Dilma se opone a las privatizaciones, le están tratando de hacer un Juicio Político, sin fundamento legal, para sacarla del gobierno y poder meter a un presidente a modo que sí privatice los bienes de esa nación, al igual que están haciendo con el presidente Maduro en Venezuela, con el de Argentina, etcétera. (Con México ya no se van a meter, porque nos quedan muy pocas cosas que privatizar).
Después de esto, que ya está arreglado, viene el problema de la privatización del agua en México, la que ya fue aceptada por la Cámara de Diputados y está en manos del Senado de la República, la que como todos sabemos, va a aceptarla, a pesar de todas las protestas de los investigadores de la UNAM y en especial, de la opinión pública, que no quiere perder lo único que le queda para seguir sobreviviendo, que es agua. 
El Banco Mundial señaló que la escasez del agua amenaza el crecimiento y la estabilidad. O sea que el crecimiento está siendo de una mayor escasez y la estabilidad se va a ver afectada por la falta de agua en los sembradíos, por tanto los alimentos se volverán más escasos y afectará a la población más pobre, ya que la oferta de los alimentos incrementará el precio y quien maneja el mercado es el dueño del 65% de la riqueza mundial o sea el uno por ciento de la población. El problema de la falta de agua no se resuelve con la estatización de la misma pero si logra retrasar el sufrimiento por falta de agua, de la población más desprotegida.   
Dicen que no es privatización, sino una sociedad entre el gobierno federal y los de los estados, con la iniciativa privada para mejorar el servicio y la pureza del vital líquido, aunque el costo de la misma se eleve hasta en un 500 por ciento más. Veamos por ejemplo cómo está el Estado de Puebla el que tiene privatizada el agua, al igual que el Estado de Chiapas. Donde San Cristóbal Las Casas está sufriendo la carencia del vital líquido, a pesar de tener los ríos y las lagunas más importantes del País.
O sea que el uno por ciento de la población que es dueña del 65% o más de la riqueza del planeta, más el 7% de la clase media alta, por el momento no van a resentir el alza de los precios en los alimentos ni del agua, pero al poco tiempo el problema de la falta del líquido se va a agudizar de tal manera, que los pueblos ya no podrán aguantar la presión y van a reventar, aunque al Ejército se le haya dado poderes especiales para funcionar como policías y, la represión va a ser tan violenta que el pueblo puede llegar a hacer algo desesperado que a ninguno va a convenir, ya que ninguno de estos tres grupos puede sobrevivir por sí solo. Y aunque tengan voluntad política, el uno por ciento no va a soltar el poder económico, el 7 por ciento está más que cómodo, pero los casi siete mil millones de amolados, no van a permitir que sus hijos lleguen a conocer el siglo XXII en esas condiciones. 

Por:  Rafael Benabib / [email protected]