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En estos momentos críticos, en los que se están tratando cambios para los intereses de México a través del Tratado de Libre Comercio para América del Norte, en el que van a querer que nuestro País se convierta en un Brasil, una Argentina, donde los gobernantes han sido servidores incondicionales de la política avasalladora de los intereses económicos de Estados Unidos, hay que respaldar a México.
La única forma de contrarrestar esa agresión contra nuestro País, es apoyando a la Nación siendo lo más mexicanos que se pueda, mostrándole al mundo que estamos orgullosos de nuestra Patria, festejando plenamente este próximo Mes de Septiembre, usando el Lábaro Patrio frente a nuestras casas, negocios, centros educativos y sobre todo, con banderas en nuestros autos públicos, particulares y en especial con nuestro amor por México.
Hay que enseñar a nuestros hijos a que quieran más a su País antes de que la gente extraña siga robándose nuestra identidad, nuestra cultura y el orgullo de ser mexicanos. Y no sólo con honrar a nuestra Bandera, sino defender al País de las agresiones de fuera, no como la imposición trumpiana de que se acuse a Venezuela de no ser “democrática”, como si nuestro gobierno haya llegado al poder por medios democráticos, comprando votos que la gente acepta de los partidos políticos, porque no tiene trabajo ni dinero para subsistir.
Otras formas de respaldar a México dentro de su confrontación frente a Trump, es: evitar comprar artículos importados. Usar ropa hecha en México; dejar de consumir alimentos chatarra a los que nos están acostumbrando, beber aguas frescas, en lugar de esos refrescos azucarados que los imperialistas nos han impuesto y que tanto daño le hace a la ciudadanía. Además que cuestan más que un litro de leche.
Tenemos que seguir comprando en los mercados municipales a los que debemos cuidar, pues los almacenes de autoservicio están invadiendo las ciudades con falsas ofertas y artículos importados de mala calidad, que llega a la raquítica economía del mexicano y que cuesta tres o cuatro veces más que en los mercados municipales y en los tianguis.
Sabemos que el 80% de las importaciones mexicanas vienen de EE UU, pero no es para nuestro propio consumo, ya que dentro de ese porcentaje se incluyen las partes de autos, como los “dados”, sus pinturas y acabados que entran a México como importación y salen de nuevo como exportación, habiendo usado de México su mano de obra barata, que es lo que dice el TLC.
A México no le está permitido “fabricar” sus propias fábricas. Por ejemplo: si queremos hacer una planta para construir maquinaria pesada para la construcción, no nos venden su tecnología y para lograr tener tal tipo de estructura con elementos propios, sólo será por medio de una firma estadunidense, la que de todas formas enviará las refacciones que se requieran para su venta al público y de aquí sólo usarán algunos empleos para los mexicanos, ya que sus fábricas ya son automatizadas y están exentas de impuestos.
Aunque parezca contradictorio, a los estadunidenses les conviene más estar en el TLCAN que a los mexicanos, pero Trump quiere sacar el mayor provecho de su posición agresiva. Dicen los negociadores mexicanos y canadienses que no van a permitir cambiar la cláusula 19 que dice que para que se resuelva cualquier controversia, se tiene la facultad de acudir a las instancias internacionales. Los trumpistas exigen que estas sean tratadas bajo las leyes de Washington.
Trump no deja de insistir en que el TLCAN lleve un apartado sobre la construcción del muro, a pesar de que hasta su congreso ya se lo ha rechazado y sólo han colocado unos cuantos metros de la valla sin que le permitan más.
Respecto a las manifestaciones de los grupos de ultraderecha en Estados Unidos, Trump ha logrado enardecer a los antisemitas, anti musulmanes, a los racistas del Ku kLus Klan y a los nazis que han puesto a su pueblo en peligro de una confrontación entre hermanos, como la hubo en tiempos de la guerra de secesión del siglo XIX en tiempos de la esclavitud.
Los agricultores de Estados Unidos no quieren ningún cambio. ¿Dónde van a encontrar una mano de obra tan especializada como la mexicana? ¿A quién le van a poder vender sus productos? Y por otra parte, los precios de los alimentos se encarecerán dentro de su propio mercado. O sea, que si los estadunidenses se quieren salir del TLC, van a perder más que los mexicanos, quienes habremos de perder, hasta que se abran otros mercados.
El TLC que se firmó en 1993 acabó con nuestro campo, se logró secar la tierra. A los campesinos no se les entregaron los subsidios, ni se le siguió vendiendo fertilizantes y estas tierras terminaron de producir. Los agricultores ricos (algunos mexicanos y la mayoría extranjeros), se hicieron de las mejores parcelas que antes eran comunales o ejidales, mediante el cambio que Salinas hizo del Artículo 28 de la Constitución, en que la tierra ya se puede vender y transferir a particulares.
Sí dejamos de depender de ese país y con patriotismo nos ponemos a trabajar la tierra, al consumir nuestra propia producción tendremos un mayor respaldo para esas y muchas otras pláticas que se lleven a cabo sobre las reformas de este o cualquier otro Tratado de Libre Comercio que se presente, pues entre menos se necesite de sus mercaderías, más fuerte se vuelve nuestra defensa contra sus exigencias y no es que se ayude al gobierno en curso, sino al futuro de nuestras relaciones con el resto del mundo.
Otra manera de respaldar a México es que presionemos a nuestras autoridades a ser más firmes ante imposiciones de Estados Unidos y ante un marco de unión, exigir que se defienda nuestra soberanía y nuestra dignidad ante cualquier peligro o amenaza de querer salirse del TLC, porque también los mexicanos nos podemos salir del TLC sin miedo a que nos vayan a invadir, pues un país que defiende su cultura, su historia y su identidad, jamás se dejará vencer.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]