Hace casi doce años que en las elecciones para Presidente de la República, se empezaron a usar las redes sociales como forma de opinión por parte de los jóvenes, quienes no tienen acceso a los medios de comunicación porque todos cuesta mucho y la juventud no cuenta con el dinero para pagar alguna inserción; la única manera de poder expresarse antes de las redes, era a través de marchas y manifestaciones callejeras. Aunque desde hacía unos años ya se empezaban a usar las redes sociales, no fue sino hasta en el 2012 en que estas comenzaron a tener auge desde la Ciudad de México con el movimiento: “Yo soy 132”.

Hoy en día, existe una serie de redes que no sólo los jóvenes sino la gente mayor está usando para exponer sus puntos de vista sobre varios temas, pero esencialmente sobre política. Unos con unas ideas y otros con propuestas propias, pero con el uso de las redes ha disminuido mucha de la propaganda pornográfica para niños y para mayores, la que desde hacía muchos años se usaba indiscriminadamente. Eso ya ha ido cambiando por la presión y el rechazo de los cibernautas quienes han ayudado a hacer conciencia del mal uso que se le daban.

Las autoridades han ayudado a parar ese negocio y/o conducta de mentes enfermas, usando la ley, y gracias a la denuncia en las redes y el libro de la periodista Lydia Cacho, comenzó a permear dentro de los jóvenes y adultos, el evitar que se sigan usando en las redes.

Estas herramientas fueron políticamente usadas en el primer periodo de Barak Obama para llegar a la presidencia de Estados Unidos, lo que las hizo más populares para introducir gran parte de los estadunidenses a comunicarse entre sí y obtener información que los medios no les daba. Dentro de las redes se descubrió un uso y efecto inesperado.

Desde que se inventó la televisión, esta era el único medio que se usaba hacia las preferencias de los votantes, pues poca gente leía los periódicos y con la televisión, la gente casi se olvidó de la radio.

La tendencia de manejar la opinión del electorado y de la ciudadanía aún persiste en mayor o menor medida en los países occidentales, pues en México nos tenían desinformados en las noticias con algunas excepciones, porque la gente no estaba acostumbrada a leer los periódicos. Sin embargo, estas mismas noticias comenzaron a difundirse por medio de las redes sociales. Los medios escritos tuvieron que abrirse y ya son más aceptables, no así la televisión.

Para contrarrestar el papel y el resultado de las redes sociales, las compañías televisoras están metidas dentro de las mismas, repitiendo la desinformación que presentan en la pantalla chica, pero mucha gente ya está mejor informada y no se le puede engañar con tanta facilidad.

Después de las elecciones del Estado de México, se vio que estas fueron el contrapeso a la enorme propaganda que está efectuando el poder político actual. Las redes son el último bastión de las campañas políticas, las que deberían de ser: un acercamiento hacia la ciudadanía.

 Ahora hasta los jefes de estado de todo el mundo usan las redes para comunicarse.

Por otro lado, las redes sociales se han prestado para que los políticos continúen denostando a sus oponentes. El uno que va a hacer lo mismo que el actual, el que le sigue es un peligro para México y el tercero, lo único que promete es quitarle el poder al PRI.

Y así se gastan una enormidad de dinero contratando a cientos de personas que trabajan “contra del daño que les hacen las redes sociales”, que tienen trabajando a muchos “hackers” día y noche para sabotear las redes de los cibernautas oponentes, quienes se tienen que cambiar a otra red, ya sea, Facebook, Tuiter, Instagram, You Tube u otras, las que continúan siendo anuladas por los que trabajan para los políticos de otros partidos.

En estos días de precampaña, todos se empezaron a dar hasta con la cubeta (No entiendo por qué es precampaña y no una cínica campaña, que en lugar de ser por noventa días, se toman ese vocablo para hacerse más propaganda disque ajustándose a las leyes). Si en las redes se expresa alguna opinión adversa y aparecen de trescientas a quinientas respuestas de supuestos simpatizantes que interviene y anulan sus contenidos. Esta gente debe de ganar un dineral, ya que hay que dar cuenta de lo que la gente dice durante las 24 horas del día. ¿Y quién les paga? ¿El del partido oficial?, ¿“El de centro-derecha-izquierda”, que no tiene ningún programa o “el populista de la contienda”?

Por medio de las redes sociales el ciudadano se pregunta qué es lo que el presunto va a hacer una vez que gane las elecciones, porque la propaganda sólo nos dice quiénes son peores que los otros. Y no ha habido una respuesta convincente de ninguna de las partes: el uno promete seguir llevando al País por el mismo camino que su antecesor. El otro lo único que ha prometido, al igual que Fox, es sacar al PRI del poder y el tercero dice lo que quiere lograr pero no explica el cómo.

Uno de los puntos adversos de las redes sociales es que se sirven de ellas para usar todo tipo de vocabulario obsceno, a veces escrito en forma gratuita y con todas las faltas de ortografía, que nos pone a pensar cómo es posible que estas personas tan mal educadas e ignorantes, sean capaces de hacernos  dudar de las bondades de las redes sociales.

Sin embargo existe la gente que usa las redes para el beneficio de la ciudadanía y se queja, a veces con buenas respuestas, como el alza de la gasolina que tienen detenida hasta después de las elecciones, el amago al precio de las tortillas, cuando el maíz no sólo no ha subido de precio, sino que ha bajado por su exceso de producción. Y así el asunto de la seguridad interior está retenido en la Suprema Corte de Justicia de la Nación hasta repensarla más adelante, ya que por medio de las redes sociales fue rechazada por el mundo entero.

En fin, ¡¡¡Que vivan las redes sociales!!!

Va de cuento
Rafael Benabib
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