Los mexicanos, desde el porfiriato, ya estamos acostumbrados a los recortes presupuestales. Aquellos tiempos en que los aristócratas y los políticos tenían sus enormes sueldos, sus faustuosas residencias, viajes y costosas fiestas, a las cuales todos los políticos desde entonces querían pertenecer. Cuando se acababa el dinero subían los impuestos, se castigaba al pueblo con carencias, comenzaba el desempleo y se traían a los “indios” yaquis de Chihuahua a trabajar a todo México y en especial a Yucatán como simples esclavos.
Desde entonces todos nos tenemos que “apretar el cinturón” cada vez que hay que pagar alguna factura a los prestamistas extranjeros, pero se tornó una costumbre sexenal desde el tiempo de Miguel Alemán, quien enriqueció a los políticos y a sus amigos, los que siguieron su famoso dicho: ¡Si quieres hacer dinero, has obra! Y así los costos se elevaron a tal grado que el pueblo se tuvo que volver a apretar el cinturón.
No ha habido sexenio en el que unos más y otros menos, nos hayan dejado vivir en bienestar, ya que siempre vivimos con carencias. ¡Ninguno de los expresidentes se salva!
Durante los cuatro sexenios anteriores,  los presidentes hicieron todo lo posible para empobrecer al País pero fallaron en su intento, aunque ellos se enriquecieron al igual que la gente que tenía línea directa con las inmediatas devaluaciones y otros movimientos financieros, pero en el actual momento por el que está pasando México, no tiene parangón.
Estamos inmersos en una vorágine en estos últimos años en que el pueblo se ha encontrado con una pobreza en su economía, en su espíritu, en la inseguridad, en problemas alimenticios, en servicios médicos, en educación, en falta de empleos, aunque quienes los buscan sean altamente calificados en el extranjero, porque en México no hay donde los preparen. Y sobre todo, hemos perdido la confianza en nuestros dirigentes  y la esperanza para salir de este estado de cosas.
Se esperaban los prometidos nuevos empleos; el que no habría alza en el precio de las gasolinas ni en la luz eléctrica, que se ayudaría al campo a recuperar su vocación de proveedor de alimentos para la población, de regular el cobro de los impuestos entre los que ganan mucho y los que apenas subsisten, en la guerra contra el hambre, entre otras promesas que no se han cumplido.
Lo primero que se hizo fueron las Reformas Estructurales, entre las que se encontraban: las energéticas, las que para que fuesen legales (que no justas), se tuvieron que modificar varios Artículos de la Constitución, como: las laborales, las legales con sus Juicios Orales, que funcionan en EE UU pero en México no. Las de la iniciativa privada que se volverán concesiones de los pozos petroleros dentro y fuera del mar, destruyendo así el único soporte que le daba orgullo y cierta esperanza al pueblo de México, el ser dueño de su riqueza petrolera. Las compañías mineras las que se adueñan de la tierra para poder explotarla sin la restricción de los dueños, como los campesinos, ganaderos en pequeño y los propietarios de rancherías, no a los grandes productores de alimentos que se cuentan con los dedos de la mano, ni a las hectáreas de productos transgénicos que las compañías extranjeras están a punto de ingresar al País.                
No les importa que compañías mexicanas o extranjeras construyan nuevas fuentes de energía para que cada vez que surga una nueva hidroeléctrica, una termoeléctrica, un campo de energía eólica,  una nueva mina o un pozo petrolero, estas, terminan  haciendo estragos con el campo y la agricultura, con el agua y con la salud de los ciudadanos.
En el anterior Recorte Presupuestal en 2016, que fue de 124 mil 300 millones de pesos, fueron abatidos muchos de los programas sociales que se venían dando al pueblo durante años con diferentes nombres, en salud, educación, ayuda al campesino, etcétera, además del poder adquisitivo del peso, se han visto afectados por ese recorte.
Este próximo 2017, está por entrar en vigor el siguiente recorte, sólo que ahora por 175 mil millones de pesos. Afectará al mismo grupo de la población, pero ahora es aún mayor contra la gente más desamparada, como: el programa en defensa de la cultura indígena, el cambio que la iglesia está forzando al Congreso de la Unión para no votar por los casamientos entre la población gay y muchos programas sociales de los que los “iniciativos privados” quieren que el recorte sea aún mayor para poder ganar un poco más de lo que ya están ganando.
Sin embargo las partidas de dinero que están recibiendo los gobiernos de los estados, se van a ver incrementados en un ocho por ciento, mientras de los programas federales de gobierno se va a reducir, el Fondo Nacional para el Emprendedor en casi un cincuenta por ciento, el fondo para la defensa de la Mujer Rural estará a punto de desaparecer; la ayuda para los adultos mayores va a tener un retroceso porcentual significativo, el pago a los jubilados está siendo calculado, no por lo que ganaba, sino por una cantidad de salarios mínimos actuales.
Al Sistema de Administración Tributaria (SAT) es a la única institución gubernamental a la que se va a reducir su presupuesto en cosas importantes, como una gran proporción del personal que ahí labora, ya que con las nuevas tecnologías se están cerrando fuentes de trabajo en el servicio federal, pues con eso de van a comenzar a funcionar en todos los niveles empresariales el Sistema de Auditorías Electrónicas, que van a afectar en su mayoría a la mediana y pequeña empresa, porque los grandes empresarios están coludidos con quienes expiden estos recortes. Y como suena un dicho mexicano: El que hace la ley, hace la trampa.
 El mismo SAT declaró que el Ajuste Presupuestal no va a afectar la economía, ya que el gasto público gubernamental no es significante, mientras que el consumo del pueblo y las inversiones privadas si lo son.     

Por: Rafael Benabib / [email protected]

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