Los mexicanos necesitamos alimentarnos y cosechar lo que sembramos en nuestra propia tierra, es mentira que lo que producimos sirva para que los mexicanos se alimente, pues el 60 por ciento de la producción está en manos de extranjeros o de empresarios que controlan lo poco que se cultiva en el campo mexicano, y esos productos son escogidos para enviarse al exterior y en la mayoría de los casos, se empacan en Estados Unidos y se devuelven a México como si fueran alimentos locales.
A pesar que las instancias internacionales, junto a nuestro País han firmado compromisos de cosechar nuestra propia cadena alimenticia, con la ONU (La FAO), con los tratados de Libre Comercio (excepto con los EEUU, cuyos tratado firmado de TLC en 1993/1994 prohíbe mejorar la situación del campo mexicano).
Durante los últimos cinco sexenios, lo único que se ha logrado es destruir el campo, vender la parte productiva al extranjero y a los grandes capitales mexicanos exportadores de dichos alimentos.
No sólo el campo ha dejado de surtir a la población, sino que se han destruido fábricas y centros de ayuda para el desarrollo de la producción alimenticia, como FERTIMEX (Fertilizantes de la mejor calidad y a bajo precio), la CONASUPO, los Ejidos, las Comunas y los subsidios al campesino, la desaparición de los intermediarios y las facilidades para continuar con su papel de proveedores de alimentos en general.
En 2017, los productos de exportación alimentarias fueron mayores a las importaciones. Hubo un gran incremento en las entradas de dinero al País por este concepto, pero se quedó entre las compañias que enviaron los productos al exterior sin pagar impuestos y ellos sí recibiendo subsidios de nuestros gobiernos. La mayor entrada de divisas al País son los 28 mil millones de dólares de las remesas de EEUU a nuestro País.
México tiene una de las mayores producciones agrícolas del mundo y nuestra balanza comercial es superior que la de las importaciones, pero ese dinero se va al exterior o a los Paraísos Fiscales.
Sin embargo, el País está lejos de ser autosuficiente en alimentos básicos, por lo que en la actualidad tenemos que importar varios insumos que México pudiera producir en la cantidad suficiente para su propio consumo y dejar de traerlos del exterior, como el maíz, la soya, el trigo, el frijol y muchos otros.
El caso del maíz es el mejor ejemplo, pues este es un alimento esencial en la dieta del mexicano, tiene su origen en México y Latinoamérica, la producción de hace treinta años era cinco veces superior a la de hoy, mientras en este momento importamos el maíz blanco y el amarillo, a un precio mayor del que podíamos producir. (Lo más seguro es que nos estén enviando maíz transgénico que casi ningún país acepta, empezando por EEUU).
Para alcanzar la autosuficiencia alimenticia, se necesita superar el estado de cosas en el campo. Ayudar al verdadero campesino a recoger su cosecha y venderla al mercado local, con la intermediación del Estado. De esa forma dejaríamos de importar el 57 por ciento de los alimentos del exterior y se comenzaría a exportar los excedentes para usar ese dinero en servicios públicos.
Al gobierno de México no le interesa que el consumo de la producción sea autosuficiente, pues el primer mandatario declaró: “En un mundo globalizado no hace sentido ni razón aspirar a la autosuficiencia alimentaria”. O sea  que la política actual no es llegar a tener una autosuficiencia alimentaria”.
Esa forma de pensar está lista para la discusión, porque la búsqueda hacia la autosuficiencia en cuanto a la alimentación sigue siendo un objetivo primordial para el desarrollo del País, especialmente cuando los productos alimenticios de importación resultan económicamente inalcanzables para la gran parte de la población, cuyos precios son prohibitivos.
  El primer problema de la ciudadanía es la falta de alimentación básica y el consumo de comida chatarra, que tantos problemas de salud trae a la población, como son los refrescos azucarados, las galletas y las frituras de dudosa calidad y hechas a base de materiales sintéticos.
El apoyo para las pequeñas y medianas productoras de alimentos sería por parte del gobierno una solución al problema que más aqueja a la población, que es el hambre. El único remedio que tiene el campo y la producción alimenticia, es el cambio de modelo productivo respaldado por el Estado y una política dirigida hacia suficiencia alimentaria de la población.
De acuerdo con datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, instancia dependiente de la SAGARPA, México es el tercer productor de alimentos en América Latina. Desde la firma del Tratado de Libre Comercio, las grandes empresas trasnacionales y algunas locales, la producción de alimentos del campo  ha crecido un 74 por ciento, pero no explica con respecto a la producción de cero que nos dejó Salinas de Gortari o a la del 74 por ciento que obtuvieron las compañías internacionales.
Entre los principales productos que se exportan de alimentos del País, están: cerveza, aguacate, tequila, jitomate, carne de puerco, de bovino, bovinos en pie, azúcar, confitería, chocolate, nuez, pepino, limón, cebolla, calabaza, trigo, maíz, sandía y algo de camarón.
Además de todo lo anterior, la producción pesquera se ha visto disminuida por el alza del diésel, el cual subió un 88 por ciento en los últimos cinco años. Para la mayoría de quien vive de la industria pesquera, le es incosteable seguir trabajando con unos precios tan altos en los energéticos, sin los subsidios que los productores de otros países reciben de sus gobiernos.
La competencia de los Estados Unidos y Ecuador, es muy fuerte por el alza del diésel al extremo de ser más barato comprar pescado y mariscos de sus costas, que el mejor camarón de México que es el Campechano, cuyo costo ha subido un 70 por ciento, 40 la almeja y 45 en la industria sardinera, por lo que tenemos que importar gran cantidad de pescados y mariscos de China, de Estados Unidos, de Japón y de España.
Total que de los Estados Unidos el gobierno va a pagar sólo este año en la compra de maíz, más de 44 mil millones de pesos, cantidad que se podía invertir en más de un millón de hectáreas  de siembra alimentaria que el País requiere.

Por: Rafael Benabib / [email protected]

 

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