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Para poder enfrentarnos a la nueva política de los Estados Unidos se necesita hacer una nueva política dentro de México. La de su presidente Donald Trump es la que amenaza, ataca y lleva a cabo agresiones contra nuestro País como si fuera su peor enemigo. ¿Por qué ya no menciona a Corea del Norte, a sus competidores en petróleo y armamento, como Irán, Rusia y la China Continental?

Sus órdenes a las grandes corporaciones le ha costado México casi cuatro mil millones de dólares en unas semanas de estar Trump en el poder. Y eso es nada más el principio, ya que tiene planes de invadir militarmente a México, “para perseguir y aniquilar a los narcotraficantes que ustedes los mexicanos no han podido hacer”, nos amenazó.

Ni él está loco, ni va a dejar de cumplir sus promesas porque no son suyas sino del sistema político-económico-expansionista de ese país. Cabe recordar que en 1847 México perdió o le fue robado en “una guerra injusta”, según el Senador Teddy Kennedy, cosa que el mundo entero lo sabe, más de dos millones de kilómetros cuadrados de su territorio.

El Presidente Enrique Peña Nieto tiene la obligación en este momento tan difícil por el que pasa nuestro País, no sólo anunciar de que nos tenemos que unir en torno al gobierno, sino que debe llamar a los verdaderos representantes de la población mexicana a organizar un frente común, para que las asociaciones, los ONG, los particulares, los Notables, los de la Academia, los de todo tipo de artes, de los indígenas y todas las voces con autoridad moral, que no tengan que protestar por su lado, si no como una sola voz, para que las palabras no se diluyan dentro de los enormes daños que nos provoca el Trumpismo.

Habrá que reunir a la brevedad, a mil líderes representativos de la vida de México y elaborar un plan, sin distinción de intereses políticos, clases sociales o actividades que representen. Que cada uno de ellos se encargue a su vez, de llamar a varios miles de dirigentes y estos a otros tantos, a nivel personal, a través de los medios televisivos, periodísticos, radiales y sobre todo, a través de las redes sociales; y así hacer una campaña nacional en defensa de nuestra soberanía, de nuestros principios y de nuestra identidad frente a los embates del gigante vecino. Lo bueno es que el próximo 12 de febrero, todos los mexicanos nos vamos a reunir en la Estatua de la Independencia, en respaldo a México.

La llegada de Trump al gobierno estadunidense no fue casual. Esta ha sido orquestada desde hace por lo menos diez años. La guerra de Irak les dejó pocos dividendos, la caída de la economía de 2008 ya estaba nivelándose en manos del partido demócrata con su “Obamacare” que se ganó a la clase trabajadora de bajos recursos. El Ejército Islámico estaba fracasando en su intento de destruir a Rusia y a Siria, como lo hiciera Osama Bin Laden con la Unión Soviética.

Por tanto, los republicanos no tenían políticos con el arrastre suficiente para quitarles el poder a los demócratas, por lo que llamaron a Trump. Prepararon toda una estrategia para echarle la culpa a los mexicanos del consumo de droga dentro de su propio país, cuando ésta la usaban desde la primera guerra mundial y luego la mariguana en 1938 que pactaron con la compra al gobierno mexicano para embrutecer a sus jóvenes y entrar a la guerra.

Total que desde hace tiempo en Estados Unidos se ha entablado una propaganda en contra de México con la finalidad de acusar a los mexicanos de corruptos, de terroristas y de narcotraficantes en perjuicio del pueblo estadunidense, como si no existiera la DEA el FBI o la CIA, para investigar la procedencia de la droga, la compra y distribución dentro de su país, providentes del lejano oriente en tiempo de la prohibición del alcohol desde principios del siglo XX. Y ahora, sucede que México les enseñó a fumar, a tomar drogas y a inyectarse. 

Cierto es que la mariguana se sembraba con gran facilidad en nuestro País, pero no así el opio, el hashish, la heroína, el LSD y cientos de otras drogas del mundo que son el gran negocio en todo el planeta en manos de las mafias internacionales, hasta que decidieron que la droga de Sudamérica a través de México era un negocio menos complicado y más barato.

Ahora trascendió que la llamada entre Peña Nieto y Trump era secreta y no existe una transcripción oficial de ella, como si el Primer Mandatario no tuviera la obligación de enterar a todo México de los tratos y/o conversaciones que tenga con alguien, ya que al sustentar ese cargo, se ha comprometido a transparentar toda acción que efectúe porque desde el momento de la toma de posesión se convirtió en un hombre público sin derecho a tener una vida privada, en especial en los tratos con dirigentes de otros países.

Por tanto, ya que el presidente Trump está cumpliendo sus promesas de deportar a los mexicanos, ya sea ilegales, tengan o no antecedentes penales, ya que dio la orden de checar a todos los mexicanos que hayan entrado al país con visa de turista y se les haya vencido aún si ya fueran residentes, si prometió hacer que México pague los millones que va a costar el tristemente famoso muro, cobrando el 20 por ciento a las remesas que les envían los residentes a sus familias a México y beneficiarse más con el TLC, entonces hay que hacer igual con las inversiones gringas en nuestro País y cobrarles el mismo porcentaje de impuestos a los miles de millones de dólares que sacan de sus negocios en México y los envían a los Estados Unidos.

Y todavía tiene la desfachatez de amenazar a México con invadirnos al interior de nuestro País con su ejército, para perseguir a los narcotraficantes, porque nuestras autoridades no pueden hacerlo. ¿Y de aquí se siguen hasta Yucatán y luego hasta Argentina? Porque según él, todos los latinoamericanos somos ilegales y delincuentes. Primero que limpie su casa de drogadictos y así ningún narcotraficante va a ofrecer lo que no fabrica porque ya no habrá quien lo consuma.

Va de cuento
Rafael Benabib
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