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Dos de los símbolos más arraigados en la mente del mexicano eran la Bandera de México, y la riqueza que nos daba seguridad, esperanza y orgullo era que el petróleo era nuestro y que los políticos se podían robar lo que quisieran del erario, porque a México no se lo podían acabar, ya que éramos dueños de la riqueza del subsuelo, donde podía haber plata y oro, pero se tenía la seguridad de que existían los yacimientos de petróleo y jamás nos podían quitar lo que era tan nuestro como la riqueza de la que éramos todos poseedores.
Lo mismo sucedía con la Bandera mexicana, la que no sólo es uno de los símbolos más sagrados y respetados por el pueblo, sino que representaba nuestra propia identidad nacional. Tanto el lábaro patrio como la riqueza del país, que era el “oro negro”, significaban lo intocable para la vida de todos los mexicanos, ya que nadie podía mancillar a nuestra bandera, de la misma forma que no nos podían quitar lo que Lázaro Cárdenas logró en 1938 con la expropiación del petróleo, que fue la unión de todos los mexicanos frente a esa acción y el respaldo que el presidente Cárdenas recibió de todo el pueblo, al entregarle todos sus ahorros para liquidar a las compañías petroleras extranjeras y seguir al pie de la letra los principios que dicta la Constitución de 1917. Ese apoyo a su líder, como el que ni antes ni después se ha visto en nuestro México.
Ahora que están destruyendo a la paraestatal, Petróleos Mexicanos, con explosiones, despidos, quiebras y deudas al por mayor, la gente se pregunta si también los colores que sigue teniendo Pemex se van a cambiar por el amarillo, por la de rayas y estrellas o por la de la Gran Bretaña, porque todo depende de que nada más quede el líder y ahora senador de la República, Carlos Romero Deschamps, a quien acaban de nombrar secretario General de Petróleos Mexicanos, hasta 2018 para destruir por completo al sindicato y la paraestatal. 
El gobierno le está ofreciendo 100 mil millones de pesos para que se reponga, pagando lo que le debe a los socios de la compañía, ya que los inversionistas no le quieren entrar al negocio de los energéticos si no desaparecen los sindicatos y el mismo Pemex para agarrar el negocio de extracción y comercialización del petróleo mexicano, limpio de polvo y paja.
Con eso de se quemó la refinería  de Pemex Pajaritos en Coatzacoalcos, Veracruz, la que sucede que estaba en sociedad con una firma privada, sólo que a quien le indilgan la explosión, la quemazón y de paso los muertos y heridos de esa parte de la planta es a Pemex, para seguir amolando a la endeble compañía  y a los trabajadores, sin liquidación alguna; pues ya sin refinadora, no hay contra quien alegar el pago de los daños a los heridos y a los familiares de los que fallecieron en ese percance.
El símbolo de la entonces compañía Petróleos Mexicanos era un charrito con los colores de la bandera. Tiempo después, se cambió por el de la esfinge de un guerrero azteca, pero lo tricolor siguió respaldando lo que era nuestra auténtica nacionalidad.
Hoy en día, la Secretaría de Educación Pública sigue recomendándoles a las escuelas que se olviden de hacer honores a la Bandera, que se deje de festejar los días patrios enarbolando banderas nacionales, que los taxis no vayan a querer traer un emblema nacional, ni por dentro ni por fuera, ya que se harían merecedores de una infracción si llegaran a cambiar en algo los colores de los taxis, aún con el emblema nacional (se puede traer el logo que quieran de otro país, pero la de México está prohibida).
Rara vez se ve en el centro de nuestro estado ondear el lábaro patrio en la astabandera de la Plaza de Armas, ya no se diga en el resto de los monumentos históricos. Y si no enarbolan nuestra enseña patria, ¿cómo van a respetarla o nada más comprender su origen, si no sólo la boicotean sino que la intentan cambiar, como Fox al destruir el símbolo del águila y la serpiente, al haberla mochado oficialmente y que nadie le reclamara ni se le haya hecho un juicio político al faltarle el respeto al símbolo de todos los mexicanos?
Sólo vamos a volver ondear banderas cuando los extranjeros tomen posesión de los pozos petroleros, de las instalaciones de energía eléctrica y de las gasolineras que hay por todo el País, sólo que no va a ser la bandera mexicana la que ondee, sino la del país a quien se le entregue. No hay duda de que veremos a nuestras autoridades enviando gente armada para defender lo que ya no es de nosotros, porque si no lo hacen, tendrán que permitir que otras fuerzas armadas sean las que vengan a defender sus “santas” inversiones, pues si no tenemos las agallas para reclamarle oficialmente al tal Trump, los insultos y las amenazas que diariamente nos hace a los mexicanos. Así menos vamos a poder reclamarle a cualquier país de que vayan a mandar a sus soldados, porque nosotros vamos a cuidar de la seguridad de sus globalizadores inversionistas.
Las únicas banderas que los taxistas pueden llevar puestas son las de “libre o Taxi”, las cuales llevan colgando lleven o no pasajeros, porque ni los de tránsito saben de la ley que dice que está prohibido llevar la bandera bajada en caso de llevar pasajeros, lo cual es infracción o una pequeña mordida para el almuerzo, como lo hacen en caso de que no traigan puesto el cinturón de seguridad o estén manejando y hablando por el celular. Pero en fin que las cosas en México están de cabeza y sólo los poderosos pueden ser corruptos e impunes, mientras no traigan una bandera mexicana, porque a ellos tampoco se los permiten.
O sea que para poder entregar los pozos petroleros, habrá que destruir a Pemex y que los mexicanos nos olvidemos de la enseña nacional y de todo lo que sea la cultura mexicana para que no vayamos a protestar.
Habrá que preguntarle al nuevos secretario de Cultura si entre sus planes está convencer al resto de las autoridades para que nos regresen parte de nuestra identidad y nos dejen seguir ondeando nuestra enseña patria en autos, casas y en edificios oficiales, aunque nos quiten la de Pemex.

Va de cuento
Rafael Benabib

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