El sábado pasado 7 de abril, al brillante presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se le ocurrió enviar al ejército de su País, con más de 1600 soldados a ocupar su lado de la frontera con México, so pretexto que con ello va a parar la inmigración de los viajeros ilegales hacia EEUU, sin importarle si viajan de México, Centro, Sudamérica, el caribe o África y también para impedir el flujo de drogas hacia los Estados Unidos, según dijo.
El Senado de EEUU le negó el uso del ejército por no tratarse de un acto de seguridad nacional, por lo que TRUMP echó mano de la Guardia Nacional, la que no necesita la autorización del Senado, pero sí de los gobernadores de cada uno de los Estados limítrofes, algunos de los cuales se niegan a obedecer dicha acción al darse cuenta que es una jugada más del huésped de la Casa Blanca, quien aparenta estar loco, tirando insultos, puñetazos y amenazas al planeta entero.
Deseo preguntarle a mis lectores ¿si recuerdan dentro de la difícil relación con los Estados Unidos, el que alguna vez haya recibido el mexicano, tratos vergonzantes dentro de su País y del nuestro, tantos improperios, amenazas, insultos, agresiones, acusaciones, presiones económicas, intromisiones a nuestra cultura, a nuestra soberanía, sin que siquiera el gobierno de México llame a su embajador a cuentas, a que explique por qué tanta agresión gratuita?
¿De qué se nos acusa? Pues, según Trump, de narcotraficantes, ya no de proveedores de un mercado ávido de recibir la mercancía como buenos consumidores, de no cuidar sus fronteras, como si nuestra policía trabajara para cuidar sus propias garitas, de quitarles los empleos a los ciudadanos estadunidenses, quienes jamás se agacharían a recoger una lechuga o una manzana o una simple caja de tomates, ya no digamos por el salario de un trabajador mexicano, sino por lo triple que a este se le paga.
También de delincuentes y flojos, cuando el mexicano que trabaja de lo que sea, se entrega por completo estando allá, es técnico en todo, nunca se queja por el trabajo pesado, es un trabajador que hace cualquier cosa, los más buscados por los contratistas por su entrega a su labor y sus habilidades para resolver lo que se le ordene, no importándole si no es el mejor pagado y como delincuentes, son los que más se cuidan de no cometer un error que les vaya a costar la chamba o el ser deportados.
Eso lo sabe muy bien Trump, quien los explota en todas sus construcciones como carpinteros, electricistas, pintores, plomeros y toda clase de trabajos mal pagados que el mismo presidente aceptó “tenerlos a sus órdenes porque los quería mucho”, dijo en su campaña para ganarse el voto “latino” (¿?).
Que los cárteles están mejor armados que la policía mexicana, de qué los puede acusar si él es el primero que defiende a los de la Asociación del Rifle, el que les vende todas las armas que quieran comprar, además como el mismo Trump se fue a visitar a los gobiernos en 2017 a venderles armas para que se peleen entre sí e insista en fomentar guerras y conflictos por todo el mundo para terminar vendiendo lo que les sobró de las guerras que ellos mismo han estado provocando.
Y regresemos a su frontera sur, donde quiere construir un muro, que él sabe que no va a servir para nada de lo que él pregona. Ya que, ni va a parar a los indocumentados desde el Río Bravo hasta la Patagonia y mucho menos al tráfico de estupefacientes que pasan por todos lados, menos por las garitas o por las aduanas porque la droga pasa por túneles, por aire, por mar, en contenedores por carreteras o por barcos mercantes, pues en cuanto detengan la entrada de las drogas de Latino América, va a seguir llegando el opio, la heroína y demás drogas que llevan los orientales las que no son tan puras ni tan baratas como las del continente sur.
También nos pretende manejar con el Tratado de Libre Comercio, del que él mismo sabe que van a brincarle todos los estados proveedores del 85 por ciento de lo que se consume en México.
Lo peor de todo es la presencia de los 1,600 soldados de la Guardia Nacional o del ejército regular que ellos quieran en la zona fronteriza con México, porque de cualquiera de los lados del muro pueden salir balazos y matar a dos o tres soldados gringos, ya sea en una riña interna o un mexicano ofendido desde el otro lado del muro, pero en fin que cualquier pretexto es bueno para acusarnos de asesinos y empezar una invasión.
Existen varios motivos para invadir a México. 1.- La punta de flecha que sería México para seguir con la invasión del resto de la América Latina y el Caribe, por razones varias, 2.-Las elecciones en México, 3.- El expansionismo natural que todos los imperios buscan, 4.- El control político, la privatización de todos los bienes nacionales de los gobiernos del subcontinente a nombre del neoliberalismo y la globalización y 5.- Lo más importante en la vida de todo el continente: el control total del AGUA.
Las fuerzas armadas de los dos países se han estado reuniendo en la frontera de México con Guatemala y dentro de los Estados Unidos. Hace poco una de esas juntas tuvo lugar en Tucson, Arizona, ¿Para qué?, si México ya entregó sus riquezas, en sus minas y energéticos y el presidente Enrique Peña Nieto y el senado están a punto de entregar el agua.
¿Para amedrentar a los mexicanos y tenernos entretenidos mientras pasan las elecciones sin darnos los resultados preliminares PREP y el INE secuestra las casillas sin darnos los resultados esa misma tarde? Porque al señor Lorenzo Cordova se le ocurrió que pasaran la noche en algún cuarto ¿para hacerles qué? y el resultado se nos daría a las 11:00 de la mañana siguiente.
Pero hagan lo que hagan, según el Artículo 36 de la Constitución, el ciudadano no sólo tiene el derecho de votar sino la obligación de hacerlo, aunque se esté esperando una invasión extranjera o un golpe de estado civil o militar para parar las votaciones con un estado de exepción.

Por:  Rafael Benabib / [email protected]

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