Son múltiples las razones por las cuales la policía mexicana no funciona adecuadamente como lo hacía hace algunos años. Si nos acordamos de que nuestro sistema de investigación y control de la delincuencia de hace sesenta años, en que el equipo policiaco de México, era uno de los más famosos y eficientes cuerpos de prevención, seguridad e investigación de toda América Latina. Por ejemplo teníamos a los detectives investigadores más prestigiados de los años 40, como a Roberto Cruz, a Valente Quintana y a muchos más.
En aquel tiempo existía la Policía Secreta, la Federal de Seguridad, la Estatal y la Municipal. Y si se cambiaba el nombre y los jefes, se quedaba la tropa que sabía el movimiento de los delincuentes, conocía los puntos más vulnerables de su área y acudía de inmediato al lugar donde se les necesitaba sin necesidad de un 911, la gente les abría sus casas y los recibía con la tranquilidad de que está quien lo cuida. Ahora se le tiene miedo a la policía de cualquier tipo porque se sabe que están coludidos o con el narco o con la delincuencia organizada. De esto último se tienen pruebas con nombres y fotografías.
Desde la época del presidente Miguel Alemán Valdés, los cuerpos policiacos han ido cambiando de nombre y de la misma manera, los elementos policiacos van perdiendo el respeto y hasta el cariño que se le tenía a un agente de la policía, ya fuera porque se podía confiar en él o porque formaba parte de nuestra vida diaria. Entonces se formó la SEIDO como policía de investigación y que ahora es de espionaje político, como la policía de Gobernación.
Desde entonces en cada sexenio se le han cambiado de nombre a los cuerpos policiacos, a mandos superiores y a mandos medios, al igual que a los policías de edad a los que corren sin darles gratificación alguna. Se ha perdido esa continuidad en el conocimiento práctico, académico y técnico que cada policía ha ido adquiriendo a través del tiempo, con el dinero que invirtió el erario o sea el pueblo.
Esto nos recuerda a la reforma educativa en la que corrieron a los maestros que tenían conocimientos de muchos años y se los impartían a sus alumnos, que cambiaron por profesores bisoños que están ahí para que los alumnos no aprendan nada. El efecto es el mismo; se cambia a la policía para que no sean eficientes, igual que ponen a maestros que no saben nada.
Antes funcionaba un cuerpo policiaco que se llamaba Policía de Seguridad Federal y con los años fue cambiando de nombre. Con Zedillo se creó la Dirección General de Planeación y Operación, adscrita a la subprocuraduría de Coordinación y Desarrollo. Así, La Policía Judicial Federal se convirtió en Policía Federal Investigadora y después en Policía Federal Ministerial.
Con Fox se llamó Agencia Federal de Investigación (AFI) y así fueron cambiando de nombre y de prestigio y al cambiar de nombre se les bajó el sueldo, porque como no estaban tan bien preparados y había que repartir entre los jefes, los de abajo fueron los menos agraciados y se tuvieron que amolar.
El 1 de diciembre de 2006 Felipe Calderón, como parte de la Estrategia de Combate a la delincuencia, unificó el mando de la AFI y de la Policía Federal Preventiva en Ardelio Vargas Fosado, conformando una sola “Policía Federal” la cual fue unida durante dos años solamente, porque el Congreso de la Unión dio marcha atrás a esta iniciativa.
La AFI fue al principio una corporación civil pero en ella estaban metidos ex militares recién salidos del Ejército, los que recibieron entrenamiento en un programa secreto, seguramente dentro de otro País que no han querido decir. Ahí es cuando comienza la Guerra contra las Drogas, la cual le dejó al País más de veinte mil muertos y cerca de cien mil desaparecidos, Todavía Calderón se dio el lujo de argumentar que él nunca mencionó la palabra guerra, aunque llamó al Ejército mexicano a luchar dentro de una guerra fratricida contra la droga.
En 2012 se formó la Policía Federal Ministerial, en diciembre de ese año desaparece la AFI y entra en funciones la Policía Federal de Investigación para dar paso a la nueva Policía Federal Ministerial.  
Formaron la Policía Preventiva (que ahora se llama de proximidad), la judicial, la Ministerial, la Secretaría de Seguridad Pública, todas ellas dependientes de la Procuraduría General de Justicia en los estados y Procuraduría General de la República. Al tiempo que estaba la Policía Federal de Caminos, ahora Policía Federal.
Y la lista es interminable de nombres de cambios y de enredos. Que la Policía Sectorial, que los de a pie deben de ser menos, los motociclistas, la metropolitana, los granaderos que antes estaban sólo en la Ciudad de México pero Salinas los mandó por toda el País. La Policía Turística la Policía Femenil, el ERUM el Grupo Especial, los Helicópteros y la Fuerza Aérea de Tarea.
Además de todos estos grupos federales, están los organismos estatales que forman sus propias policías con miembros de cuerpos que ni siquiera existen, pero que engordan la nómina del gobernador en turno, entre ellas están la turística, la policía bancaria, la de tránsito etcétera.
El resultados de tantos cambios de policías nos arrojaron una baja en la seguridad y una tremenda alta en la delincuencia organizada, en el caso del despido de los policías experimentados que se tuvieron que alejar de las corporaciones policiacas para ser absorbidos por los grupos delincuenciales, quienes plácidamente les dieron trabajo, pues salieron gente adiestrada, con preparación académica y experiencia en el manejo de armas.
Se dice que todo esto estuvo preparado desde el sexenio de Salinas, para desmembrar a la policía y permitir que el Ejército y la Marina, al no haber buena policía se encargaran del cuidado de la seguridad del País, pero el Congreso de la Unión le rechazó ese proyecto.
De todas maneras Calderón sacó a los militares de sus cuarteles para combatir a los traficantes que afectaban a otros países y que desde 2017 ya está formalizada la nueva ley de Seguridad Interior... Por eso no hay buena policía.

Por:  Rafael Benabib / [email protected]

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