Cerrar filas contra la violencia para salir de la inestabilidad que tiene en riesgo, desde hace varios sexenios, la continuidad de la legalidad,  la credibilidad en las instituciones y en los políticos, es un sueño que no se hace realidad. En los discursos, las pláticas familiares o de café se habla de que es una tarea en la que deben participar el gobierno, los partidos políticos y los ciudadanos, pero lo cierto es que cada día hay más miembros de estos tres sectores de la población fuera de la legalidad, lo que en palabras llanas significa dentro de las filas de la delincuencia. Al paso de los años la incertidumbre política se ha ido convirtiendo en incertidumbre económica; año tras año la crisis monetaria afecta a más familias mexicanas y las autoridades no hacen algo por compensar el sufrimiento de millones de personas que tienen hambre, hambre de alimentos, de educación, de salud, de paz… de  justicia. El gobierno se preocupa y ocupa de la materia financiera y bursátil que es de donde sacan para pagarse salarios que no justifican con su trabajo; la economía doméstica no entra en el diccionario gubernamental, no es tomada en cuenta al momento de aprobar el presupuesto de egresos de cada año. La incertidumbre ha llegado, incluso, al sector empresarial. Muchos empresarios se sienten nerviosos y precisan estrategias para proteger sus capitales dentro de territorio nacional, pues pensar en el extranjero sería una pérdida total considerando la cotización del dólar y el euro. La crisis de valores que se vive en las filas políticas tiene muy ocupados a estos seres privilegiados que viven en un México donde si hay dinero y progreso para ellos, sus familias y amigos. Los avances tecnológicos han hecho posible que veamos a hombres y mujeres de la política recibiendo fajos de billetes como pago por los “favores” que hacen a personas con mucho dinero que precisan del poder que da el poder, valga la redundancia. Hay que recalcar el poder emanado de la tecnología, el cual sirve para desmentir lo que nuestros sentidos de la vista y oído dieron constancia. Un no es cierto o “me tendieron una trampa”, expresados como buen actor político, son suficientes para que quienes viven inmersos en las redes sociales lo crean.  Los líderes de opinión han sido desplazados por las redes sociales; ahora los políticos no necesitan pagar para que les manejen su información, para que los defiendan. Basta con un video en su cuenta de Twitter, Facebook, etc., etc., para que sigan vigentes y listos para la próxima contienda electoral, que les permitirá tener un puesto de elección o administrativo o conservar el registro de su partido para seguir manejando los millonarios presupuestos que reciben año con año. Esta es, sin duda, la fuente laboral más redituable: la política, grupo social donde por acuerdos básicos la trasparencia, la limpieza de las elecciones,  el respeto al voto y al resultado final están en entredicho  para la ciudadanía, aunque,  por supuesto, el gobierno federal, respectivo, da cumplimiento a los compromisos políticos ya establecidos para asegurar “la transparencia y la limpieza de cada elección”. La inseguridad que vive el país debe ser un asunto serio, no sólo parte de los discursos que escuchamos cada tres años. Los candidatos y partidos deben entender que su conducta es un ejemplo social, que deben asumir con responsabilidad, firmeza y valor el compromiso de recuperar la legalidad y la paz, en el entendido que ello no implica perder su derecho a obtener un cargo de elección popular, de recomendación o compadrazgo, en tanto no abusen al momento en que el arca esté abierta o el dinero llame a la puerta del despacho o residencia. Lo que el pueblo pide, solicita, reclama, a los políticos es que defiendan los intereses de todos y cada uno de los mexicanos, que actúen con honestidad para que ya no veamos tantas “acusaciones infundadas” que únicamente sirven para que  los ciudadanos que si quieren un país, próspero y en paz, retroalimenten su desconfianza en los políticos, los partidos políticos, las instituciones y las elecciones. Los “casos aislados” de hombres y mujeres de la política corruptos propician que la descalificación de un partido completo y de todos los que viven de la política. Desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari persiste la sensación de que el país va sin rumbo, el timón no lo dirige ninguno de los tres poderes y esa sensación es  compartida por la comunidad internacional. El gobierno no ha cumplido con la tarea de recuperar la confianza, de recuperar la paz, la tranquilidad y el poder adquisitivo de todos los mexicanos. Los ciudadanos quieren percibir que el jefe del Ejecutivo, los representantes del Legislativo y Judicial, han entendido lo que es la democracia, la legalidad, y se han hecho responsables de la conducción de este país implementando medidas para hacer frente a la adversidad, para sacar del  bache económico a millones de mexicanos que sólo reciben las migajas de un pastel  que parten y comparten los que forman parte del diez por ciento de la población que no tienen que preocuparse porque mañana no tendrán para comer.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]

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