Para evitar la catástrofe mundial que se avecina, se necesita modificar el sistema de la economía mundial del neoliberalismo, a cambio de una unión de los países “emergentes” del tercer mundo, incluyendo a los estados petroleros como son los países árabes, casi todo el norte de África y la parte sureste de la Europa Asiática.
América Latina está siendo arrastrada a la extrema pobreza y saqueada por los grupos  financieros que inventaron la trampa de la globalización mundial, adecuándose al tipo de sociedad que estos intereses ajenos los están empujando.
Lo más probable de la situación en América Latina, es que quien vaya a ganar las elecciones en los Estados Unidos siga al pie de la letra los lineamientos de la fuerza financiera que domina al “mercado mundial”. Los estados latinoamericanos están siendo ahorcados por una globalización ya en decadencia que está llevándose por delante a quien se le atraviese con tal de salir de la crisis que vienen arrastrando desde el 2008 y de la que dicen que ya se repusieron, lo que no es cierto, pues cada día hay más pobreza y desempleo en su país y no falta mucho para que la crisis de nuevo se haga presente.
El neoliberalismo está logrando hacer de los pueblos latinoamericanos un área de pobreza a base de privatizaciones, de gobiernos reaccionarios, de jóvenes técnicos sin quehacer, de devaluaciones, de conflictos sociales, de desabasto en alimentos y medicinas, de fuga de capitales que huyen a los Estados Unidos o a los paraísos fiscales. En fin, un traspatio que les permita defenderse, antes de empezar una guerra contra Rusia, China o Irán, que mejore las condiciones de su predecible crisis política, económica y social.   
Josepth Lindy, Doctor en Economía por la Universidad de Oxford, declaró al Financial Times de GB, que: “antes de que la Unión Europea se desintegre y desaparezca del mapa geopolítico, pues sin la Gran Bretaña como respaldo y regulador financiero, ha quedado a la deriva con Alemania y Francia en riña con Bélgica por la conducción de la UE, la pobreza de los países del este europeo, que ya son una carga para el resto del mundo desarrollado de Europa, además de la gran migración de los árabes musulmanes que huyen de Siria y del norte de África, lo primero que hay que hacer es otra OPEP”.
Y explica que la salida lógica sería la formación de una nueva unión de países exportadores de petróleo que se pongan de acuerdo para regularizar los precios internacionales del crudo. Ahí deben estar: los diez estados Latinoamericanos productores de energéticos, la Unión Europea, Arabia Saudita, Irán, Rusia, China, Irak, Emiratos Árabes, Canadá y  Kuwait, además de las países del norte de África y de Pakistán y la India.   
“Por esto es tan importante dicha asociación, (donde debería de estar incluido México, a pesar de sus reformas: energética, laboral, educativa, la de salud, etcétera; además de sus oscuros tratados como el destructivo e inmoral Acuerdo Transpacífico, que esperamos no sea aprobado por el Senado de la República ¿O ya se lo brincaron?). (Los paréntesis son míos) que al formarse esta unión, se firmarían acuerdos sobre intercambios de alimentos, refacciones, medicamentos, tecnología, materias primas,  inversión y mano de obra”.
México importa de los Estados Unidos, más del 80% de sus bienes de consumo, les vende el petróleo a un precio más bajo que el del mercado internacional y lo compra muy por arriba de lo que el mismo vecino le ofrece a sus consumidores y así, mientras en México el litro de gasolina vale más de 14 pesos, la misma cantidad de gasolina se vende en los Estados Unidos, en tan sólo 9 pesos mexicanos.
Se supone que nuestro País es un productor, sin embargo el precio de su consumo es más caro de lo que nos lo compran. ¿Cómo es posible que el gobierno mexicano no pueda hacer esa simple ecuación matemática? Pues…. Sí es posible, porque en lugar de ir abatiendo los precios de los energéticos y como un efecto “dominó”, todos los derivados del petróleo suben de precio y con ello los bienes, que son casi el 90% de nuestro consumo.
Así, el peso se va devaluando en su relación con el dólar y en su poder adquisitivo; la inflación galopa sin bridas que la traten de detener y el gobierno nos tiene ocupados con que si cambia la ley de la reforma educativa, les continua pagando a los maestros para que no vayan a trabajar y deja a millones de niños sin escuela, sólo por no cambiar una ley que ellos mismos hicieron, logrando que los jóvenes dejen de aprender lo que todo estudiante necesita.
Luego el mismo gobierno mexicano invita al funesto Donald Trump a que nos siga insultando en nuestras propias narices, al igual que lo hace desde su país de origen, ese que nos quiere declarar una guerra, el que opina que de ganar la presidencia de su país, deportará a once millones de mexicanos, quienes todos son asesinos y los que les quitan la mano de obra a los millones de desocupados estadunidenses. Le pide la renuncia al Secretario de Hacienda, como echándole la culpa de la invitación a Trump. Y luego, el presidente Enrique Peña Nieto admite que él es el responsable de todo.
Esto y más es sólo una nube de polvo para que los mexicanos nos olvidemos de las carencias, de las trampas y robos de los bancos, de la corrupción general, de la destrucción que se está llevando a cabo de nuestra identidad como mexicanos y de nuestras tradiciones culturales, pues ni siquiera durante estas fiestas del Mes de la Patria han tenido la decencia y respeto para recordar el aniversario de nuestra guerra de Independencia en los edificios oficiales, en los bancos aunque no sean de nacionales, en las escuelas, en los autos y en los postes de las calles y avenidas con pendones recordando a los Héroes que nos dieron Patria.

 

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