El muro que quiere Donald Trump que divida la frontera norte, con el que se dice va a intentar detener a los cárteles de la droga, a los indocumentados o a quienes se han pasado un alto y los llaman delincuentes, tengan visa de Estados Unidos o no, los van a regresar a México y deportarlos a nuestro país, es posible, pero no es una ocurrencia del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Como tampoco lo es el venderle 45 mil millones en armamento a nuestro País el que no lo necesita para nada o la privatización de la energía, del petróleo, de la luz eléctrica, de las hidroeléctricas, las termoeléctricas, las plantas de energía solar y la eólica, de las escuelas y de la salud, no es mentira del presidente Trump.
Un truco más es el de presionar con el Tratado de Libre Comercio, amenazando con sacar a los Dreamers (estudiantes que desde niños fueron llevados ilegalmente a Estados Unidos, pero que llevan más de 10 y hasta 20 años viviendo y estudiando ahí).
Es falso que se piense construir el aeropuerto más grande del mundo, para los pocos aviones que tienen las compañías nacionales, incluyendo las naves de Gobernación y de la Policía General de la República y cuantos aviones mexicanos se puedan usar, especialmente que desde 1973 no dejan venir a turistas o a estudiantes estadunidenses y de ninguna manera es un pretexto el que, desde entonces México era agresivo y peligroso, pues eso empezó con Salinas y ha estado creciendo hasta el día de hoy.
 También están equivocados los que piensan que la Ley de la seguridad interior que se les otorgó a la Secretaría de Marina y a la Secretaría de la Defensa Nacional es para respaldar al PRI o impedir que alguno de los candidatos lleguen al poder en los comicios de este año, pues claramente el Secretario de Marina ha expresado su aceptación y respaldo a quien sea electo nuevo presidente de México.
Este es un proyecto bien estructurado desde hace tiempo por los estadunidenses, igual que siempre, los financieros y el gobierno de EEUU planean con 50 o 100 años de anticipación.
Uno de los ejemplos es el Plan Puebla Panamá, del siglo pasado que nombran “Proyecto Mesoamérica”, que comprende: Belice, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y los estados del sureste de México, Campeche, Chiapas, Guerrero, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán. Uno de los objetivos es facilitar la gestión y ejecución de proyectos orientados a la extracción de recursos naturales en Mesoamérica y en general un interés de empresas internacionales para explotar las riquezas de los países mesoamericanos y en especial el agua, toda vez que esta haya sido privatizada, la cual en tan sólo 15 años tendremos una escases de agua en todo el mundo de un 40 por ciento.
En 1803 llegó a México Alexander Von Humboldt, quien llamó a México “El Cuerno de la Abundancia” y ese año visitó Estados Unidos y el presidente Thomas Jefferson mandó sacar copias de los mapas que Alexander traía de México. Ese día se tramó la invasión expansionista con la Declaración de Guerra contra México en 1846, cuando el traidor a la Patria, López de Santa Anna regaló, como ahora, la mitad del País a los Estados Unidos, hasta llegar al río Bravo.
 En cuanto a los millones de dólares que Estados Unidos le ha vendido a México sin razón aparente, es todo un proyecto para invadir a Mesoamérica por varias razones: la adquisición de la riqueza de cada uno de los países del área que está incluida en el Plan Puebla Panamá aunque haya cambiado de nombre a Proyecto Mesoamérica, la finalidad sigue siendo la misma.
El facilitar la gestión económica con el Banco Internacional de Desarrollo (BID), para proyectos de extracción de recursos naturales en Mesoamérica, así como la implantación de vías para interconectar al mar Caribe, con el Océano Atlántico y el Océano Pacífico y de esa manera en una visión a largo plazo, la implementación de un corredor que permitirá un mayor alcance en atracción a otros países en el suroeste de América, enfocándose en convencer a las regiones a través de sus gobernantes, piezas claves para este proyecto, ya que sin estos aliados sería imposible para los inversionistas de EEUU, articular sus componentes para promover proyectos regionales y que exista un entendimiento político entre sus países miembros . La continuidad del Proyecto es facilitar la exportación de la producción obtenida y la comercialización de los recursos explotados en estos países. Las demandas en esta región son dinámicas, lo que obliga a revisar continuamente los puntos de la agenda regional y el desarrollo de la región. (Tal como lo exige Donald Trump en el nuevo TLCAN).
Y así la séptima ronda del TLCAN se está tambaleando y eso a nadie le conviene, ni a los estadunidenses ni a los mexicanos. Sabemos que Trump es un tipo sin principios, que trata a todo el mundo como si fuéramos sus trabajadores de la construcción, la que le dejó su padre en herencia y que él ha estado incrementando, pero nada más anda de hablador esperando que pasen las elecciones en México y las de noviembre en su país y dar otro bandazo a ciegas.
Quiere que se incluyan las reglas de origen que se aplican a los insumos que entran en la fabricación de autos. Estas dicen que 62.5 por ciento del valor de los materiales deben originarse en Estados Unidos; Trump quiere que sea del 80 al 85 por ciento. Además anunció un impuesto a las importaciones a Estados Unidos de acero y aluminio del 25 y 10 por ciento, respectivamente.
Aunque fallara el TLCAN, México aún puede echar a andar su venta de automóviles a Europa y a Japón, ampliando sus fábricas armadoras en nuestro País, con casi todas las marcas. También seríamos el granero del mundo y le vendiéramos nuestras hortalizas, frutas, leguminosas y plantas a precios más baratos que cualquier parte del mundo y así se pondría a trabajar al campo y a los agricultores mexicanos. (Aunque sufriríamos un buen tiempo hasta restablecernos).
En cuanto al enorme aeropuerto, la única explicación lógica, es tener un espacio donde puedan aterrizar los aviones estadunidenses para controlar y llevarse lo explotado de todos los países que integran el Proyecto Mesoamérica. AL TIEMPO…

Por: Rafael Benabib / [email protected]

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