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Dentro de uno o dos meses van a empezar las lluvias torrenciales sobre Cuernavaca, por lo que debemos estar preparados como en años anteriores: cubriendo los baches con buen material, esperando que en esta ocasión,  a las autoridades sí les interese nuestra ciudad; reparando las banquetas de cada una de las colonias del centro y de sus alrededores, mismas que de por sí hacen la ciudad que más trampas arquitectónicas tiene en toda la República.  Podar adecuadamente los árboles de las calles de Cuernavaca para que no crezcan tanto sus raíces, ni se trate de resolver el problema talándolos por completo.
En cuanto a los baches, el problema para las autoridades y los ciudadanos es mayor debido a la conformación de las calles de la ciudad, pues vivimos rodeados de varias barrancas y la inclinación de las calles hace que el agua arrastre consigo todo tipo de asfalto, el que no aguanta ni las primeras lluvias; por lo que al paso de los automotores se acentúa  la destrucción de cualquier bacheo, especialmente cuando se utiliza el chapopote y la grava. Los expertos en ingeniería urbana, comentan que lo más adecuado es cubrir las principales calles de las distintas colonias con cemento hidráulico y sobre todo durante el tiempo de secas.
El proyecto que presenta la UAEM sobre la pavimentación de las calles, contempla comenzar con la mitad de la calle que tengan planeada pavimentar, para permitir la circulación por el lado libre. Usar cemento rápido y esperar unos días a que se seque. Acto seguido, evitar al máximo el paso de peatones por la zona trabajada y aprovechar la obra para desazolvar las coladeras que cruzan de una banqueta a otra.
En Cuernavaca el paso de peatones siempre ha sido toda una odisea y no será fácil resolverlo. Comenzando porque la más ancha de las banquetas es de 90 centímetros y que en muchos casos ni siquiera existen banquetas y en lugares donde las hay se usan escaleras, ya sea para entrar a algún domicilio particular o para subir o bajar eses empinadas calles.
Ahora que la calle Guerrero es peatonal, la gente camina más libremente al no tener que usar los escalones que existen frente a la mayoría de los negocios, oficinas y casas habitación, porque a pesar de que los portales cubren de la lluvia y del sol, los escalones son muy pronunciados y la gente mayor prefiere caminar por el arroyo o simplemente irse a otro lado. Aunque la calle Guerrero es de las menos difíciles de transitar por su corta inclinación, el resto de las vías de acceso al centro son de lo más empinadas y cansadas para quien no tiene condición o es gente de mayor edad.
Por ejemplo la calle Galeana es casi imposible de caminarla en subida desde Abasolo hasta la avenida Hidalgo. Al grado de que el subir a pie desde los estacionamientos de esa calle a la misma Hidalgo, es un trabajo sofocante, para una señora con carriola con o sin bebé y para alguna persona que necesite usar una silla de ruedas con o sin ayuda.
Al igual que la gente que necesita llegar al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ya sea a una consulta, su cita mensual o un tratamiento  periódico o simplemente como personal de la institución, el bajar o subir hasta la Plaza de Armas se convierte en un verdadero martirio. O terminar de comer o cenar en algún restaurante de la zona, es prácticamente mortal.
Ya no digamos la calle Gutenberg que el bajarla desde la Plaza de Armas y no caerte, debes caminar de lado y al intentar subirla, se torna casi mortal, pues tiene una inclinación de casi 45 grados.
La falta de cuidado, la tala y poda de los árboles por toda la ciudad está cambiando el clima, el paisaje urbano, el uso de suelo y para felicidad de los fraccionadores, de los constructores y de los recaudadores de impuestos, pero en perjuicio de la tranquilidad de la ciudadanía, del medio ambiente, de la falta cada vez mayor del agua por motivos ya conocidos, la resequedad de nuestros mantos acuíferos, de los servicios públicos deficientes y sobre todo de nuestra calidad de vida por el aumento de la contaminación ambiental en cuanto a la cantidad de árboles que se talan para hacer viviendas, la cantidad de automóviles que llegan a contaminar y a embotellar la ya de por sí acosada Cuernavaca.
Estos fraccionadores de fuera del Estado, traen sus propios arquitectos, sus materiales de construcción, pues les es más barato comprar las mercancías en la Ciudad de México por grandes cantidades que lo que cuestan aquí. Personal para la construcción que son acarreados a las cinco o seis de la mañana para construir sus viviendas, las que en la mayoría de los casos, se quedan a dormir en las mismas construcciones y se regresan a la Ciudad de México los fines de semana. Una vez rentados o vendidos, los dueños son de fin de semana, quienes se traen a su servidumbre y casi siempre sus propias viandas para su estancia en la ciudad.
En lugar de talar los árboles, para evitar que las raíces crezcan de manera horizontal destruyendo banquetas, muros y los arroyos de las calles, existen los jardineros especialistas, quienes dicen que ciertos árboles, en especial los de enormes raíces, se pueden controlar podando las ramas en forma vertical, que puede lograr que la raíz crezca hacia adentro de la tierra y no sobre la superficie.
 Se está acostumbrando que la Dirección de Parques y Jardines, colocan en el lugar de las especies que producen la fotosíntesis;  arbolitos que no sirven para nada, puesto que no dan sombra, no retienen el agua, no ayudan al cambio climático del efecto invernadero como lo producen los demás, que no les sirve a los microorganismos ni a los pájaros y que nada más se usan para “decorar” ridículamente las banquetas de las calles de esos árboles se llaman Ficus.
Total que estamos a punto de dejar de ser la Cuernavaca que orgullosamente fuimos hace ya varios años.

Por: Rafael Benabib / [email protected]