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Además de que el gobierno federal se va a ganar más de 7 mil millones de pesos con el tristemente gasolinazo, la finalidad también es lograr que el negocio sea atractivo para los inversionistas extranjeros y nacionales  y que éste sea altamente redituable al prometerles con hechos, que el mercado de las gasolinas en México es absolutamente seguro.
Hasta ahora ha fracasado la reforma energética. El gobierno ha intentado atraer a los inversionistas a invertir en infraestructura en almacenamiento, transporte y venta del producto en las once mil estaciones de servicio que hay en el País y atraer a otras catorce si es posible, para cubrir las necesidades de la población.
Con tal motivo, al ver el gobierno que casi nadie se interesa a entrar a ese negocio y que por el momento no es costeable, a través de las Secretarías de Hacienda y de Gobernación ha decidido que incrementando el precio de la gasolina dentro del País, las gasolineras que ya están en manos de varios de los grandes negocios de México, se van a multiplicar, las ganancias van a ser fabulosas y entonces van a ingresar con más gasolineras extranjeras, las que no le han querido entrar al negocio de frente porque no les conviene seguir vendiendo el producto en sus múltiples estaciones de servicio en el País.
En México existen miles de permisos para que las compañías extranjeras y locales comiencen a trabajar de lleno, pero no lo hacen porque el precio del combustible está muy barato en el mercado mexicano y no les es negocio el tener que invertir, a menos que el precio al público sea considerablemente alto y que tengan la seguridad de obtener sus ganancias aseguradas, sólo que no están siendo lo suficientemente redituables para abrir sus propios centros de almacenamiento, y transportación de la gasolina.
Se especula que antes de terminar el 2017 el costo de la gasolina será mayor a veinte pesos el litro. Esa propaganda que hace el Secretario de Hacienda, de que “el alza de precio sólo afectará al 70 por ciento de la gente que es la que tiene auto y el otro 30 no se verá afectado con tal medida”. Ese señor cree que los ciudadanos somos unos retrasados mentales, que no sabemos que si llega a haber una alza oficial, ya sea de la luz, del agua o de cualquier impuesto, repercute en el 90 por ciento del consumo que necesita cualquier ciudadano.
Por ejemplo el costo de cualquier alimento, los materiales de la mayoría de los productos y de su mano de obra, como los medicamentos, el transporte, con o sin auto será igual para ricos o para pobres; el despido de trabajadores por el aumento de los insumos industriales, comerciales o domésticos y en fin, que la cadena de daño que tendremos que resistir, aunque sabemos que nos va a acarrear un alto grado de desesperación y de amargura.
Ya estamos viendo que en diferentes partes del País se están dando brotes de inconformidad, de marchas, de plantones y a veces de violencia, como lo ocurrido en las grandes tiendas de autoservicio que nadie sabe quién la provocó, porque tuvieron lugar en almacenes específicos, en comunidades claves y con gente traída de otras partes a quien nadie de por ahí reconoció. Alguien que estaba frente a una de esas tiendas y tomó un video que le ha dado la vuelta al mundo, constata que los agresores eran puros jóvenes, armados con palos del mismo tipo, sin que interviniese ninguna mujer.
¿Y si esas provocaciones continúan, sacarán a los militares de sus cuarteles para defender a los comerciantes o se ira a bajar un poco el precio de la gasolina para que la gente no esté tan tensa y esa medida no afecte tanto a los desprotegidos e inclusive a los empresarios que así ya no se verán en la necesidad de subir  sus precios y/o despedir a su personal?
Que si la gasolina subió 0.1 o 18.5 por ciento, al ciudadano en general no le dice nada porque los números son fríos, pero los pocos pesos que se tienen en los bolsillos nos explican claramente que ya no alcanza ni para sobrevivir, que sus hijos no deben ir a la escuela descalzos y si lograran llegar, no van a aprender nada con el estómago vacío. Y así va subiendo la escala económica, desde el que tiene que tomar dos transportes para llegar a su trabajo, hasta el que tendrá que pagarle el doble a su guardaespaldas y a los de su familia, para no ser secuestrados.
Los automovilistas se preguntan si en esa subida de precios en la gasolina está contemplado el 10 por ciento que todas las gasolineras le cobran de más al cliente al servirle el combustible y/o engañan a los clientes al decirles que le falta un litro de aceite y le hacen creer que lo sirvieron para robarle el costo por ese supuesto servicio. Porque quizá el alza, junto a ese corrupto porcentaje ya está pactado entre el gobierno y los nuevos dueños de las gasolineras.
Total que ya se acabó el “show” de la quinceañera que invitó a todos por internet y que resultó ser un fraude. Y también el que en lugar de ir a solucionar la desgracia del funesto suceso del mercado de San Pablito en Tultepec, Estado de Mex., le dieron a través de todos los medios, una excesiva publicidad, mientras se planeaba el artero golpe contra el pueblo de México. Nos pasaron varias nubes de humo y ni cuenta nos dimos porque estábamos muy ocupados con las fiestas de fin de año.
 Ahora puede llegar cualquier Trump con su racismo, sembrar el odio en las mentes de sus coterráneos contra los mexicanos, sin que tengamos a alguien que nos defienda con el orgullo de ser mexicano.  
A cambio nombra como Secretario de Relaciones Exteriores a quien planeó lo del gasolinazo, quien orquestó la visita a México de nuestro más acérrimo enemigo: Donald Trump y el que confesó, en el momento más álgido de nuestra historia reciente, que se va a poner a estudiar lo que son las Relaciones Exteriores, porque nunca había oído hablar de ellas.

Por: Rafael Benabib / [email protected]