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Por lo regular los países poderosos son anexionistas, pero en este caso el separatista es el pueblo y el gobierno de Cataluña del gran país que es España. Sin embargo, aprovechando la coyuntura del difícil momento económico, del miedo de una conflagración mundial entre los Estados Unidos y varias partes del resto del mundo, el pueblo catalán ha encontrado un momento histórico para que sus dirigentes hayan llamado a un referendo al pueblo, peguntándole si quieren separarse de la férula del gobierno español o seguir formando parte de ese país ibérico.
La pregunta que se hizo a la población catalana fue: ¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república? La respuesta era fácil para los catalanes: Sí o No. El Refrendo catalán fue asombroso: el 90 % votó por el SÍ el 7.8% por el NO y el resto no sufragó.
El jefe del gobierno Español: Mariano Rajoy, envió a la Guardia Civil y a la Policía Nacional en un operativo policiaco para evitar que se llevara a cabo dicho referendo, el que dejó un saldo de 844 heridos, dos de ellos de gravedad, mientras que los ciudadanos no opusieron ninguna resistencia y la Guardia Civil buscaba entre los centros de cómputo, para destruir las urnas y las papeletas electorales de las que encontraron sólo unas cuantas.
Con la intervención de la Guardia Civil y la Policía Nacional, Mariano Rajoy, como jefe del gobierno Español, el haber usado la violencia contra el pueblo Catalán, le dio más fuerza y un marco legal a su reclamo de independencia, ganándose la simpatía de todo el mundo.
El gobierno español cometió el error de no dejar que la reforma electoral continuara y hubiese dado cualquier resultado, de todas formas los Tribunales de Justicia lo hubieran echado abajo, ya que la constitución española, prohíbe cualquier intento de separación de la península Ibérica sin la participación de las leyes españolas, anotación que no tenía la Gran Bretaña, porque, junto con el terrorismo Irlandés, este logró llegar a ser un país soberano.
La región de Cataluña, incluía a la Comunidad Valenciana, a las Islas Baleares, la denominada Cataluña Norte (Rosellón y Alta Cerdeña, antiguos territorios catalanes cedidos a Francia en “El Tratado de los Pirineos” a finales del siglo XVII) y a la “Franca Oriental de Aragón”.
En 1922 se formó El Primer Partido Catalán Independiente llamado, Estat Catalana, fundado por el líder Catalán Frances Maciá. Y el 14 de abril de 1931 Maciá renunció a la República Catalana y aceptó la Generalidad de Cataluña.
El independentismo Catalán plantea que el pueblo de Cataluña es una Nación Soberana, con su propia historia, cultura, lengua propia, el derecho civil catalán y sobre la afirmación de que Cataluña no alcanzará su máxima plenitud si continúa siendo parte de España.
Por otro lado, a ninguno de las dos partes les va a favorecer mucho esa escisión. En primera porque Cataluña es una de las regiones más ricas de España y tiene una interdependencia de intercambio comercial, igual que con las demás provincias, en tratados difíciles de deshacer. Los lazos económicos serían muy tirantes, como por ejemplo: las relaciones bancarias, los intereses internacionales, la intrincada inclusión de Cataluña a la Unión Europea, su reconocimiento como país autónomo ante la ONU y a Estados Unidos, su aislamiento frente a España y al resto del mundo, el que sólo se podía superar con una guerra intestina comenzada por España contra Cataluña y viceversa que sería desastrosa para ambas partes.
Comenzaría un desbalance para la Unión Europea, para el Euro, para las inversiones internacionales y para el equilibrio mundial. ¿Qué país desconocería a uno para reconocer al otro?, ya que no se trata de una guerra de independencia, ni de una revolución armada o de secesión tipo siglo XIX, sino de una guerra fraticida que envolvería al planeta entero, el cual ya tiene suficiente con las locuras del estadunidense Trump y de su homólogo de Corea del Norte. El uno con sus balandronadas para ganar las cercanas elecciones intermedias y el otro mostrando un poderío balístico nuclear, mismo que Estados Unidos puede borrar del mapa en cualquier momento pero que envolvería a China, a Rusia y al resto del planeta.
Mucha gente piensa que la única solución a este conflicto sería la renuncia de Mariano Rajoy por su falta de tacto y por su ineptitud para resolver un problema que lleva varios siglos de existir, al cual sólo se le ocurrió echarle más leña al fuego con sus intervenciones policiacas. Al salir Rajoy, quien quiera que llegue en su lugar, tendrá que sentarse a la mesa de negociaciones y dialogar. Dar cada quien de sí, traer la calma y la paz entre hermanos. Castigar severamente a los causantes de la violencia, olvidarse de separatismos en unos momentos en los que lo que se necesita es unión. Por ejemplo, que el catalán y el castellano sean obligatorios desde la escuela en toda España. Y muchas otras probables concesiones.
Pero en lugar de eso nos encontramos que Felipe VI de Borbón, quien es el Rey y jefe de Estado, en lugar de buscar el diálogo entre españoles y catalanes, respalda plenamente a Mariano Rajoy y a su violencia policiaca sin dejar más salidas al problema que un conflicto armado en lugar de un mutuo entendimiento.
Es imperioso cuidar de nuestro planeta, hacer desaparecer a un Mariano Rajoy a un Donald Trump, a un loco norcoreano y a muchos otros personajes de este mundo que sólo buscan acumular más riquezas con el único fin de tener cada día más y así cambiarlos por gente más razonable que cuide de nuestra paz y en especial de nuestro medio ambiente.
En lugar de amenazarse, prométanse sembrar mil millones de árboles, cerrar las minas de carbón y con las que están fracturando la corteza terrestre, que el agua se distribuya equitativamente, usar el calor del sol como combustible, dejar de herir a nuestro planeta para que no se esté vengando de nosotros. Aunque a unos pocos la opinión y el futuro de la gente les tenga sin cuidado, creyendo que los del dinero son inmunes a la destrucción del mundo entero.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]