Las finanzas y la economía, se están adueñando del ser humano a base de la guerra contra la educación en todas las esferas del conocimiento, de la ciencia, de la investigación y en especial en la enseñanza que cotidianamente deberían de recibir nuestros hijos. La lucha del poder económico de las grandes transnacionales a través del neoliberalismo globalizador, se está dando con más facilidad, ya que estos dueños del dinero controlan la destrucción de la inteligencia de los pueblos para que la gente no sepa cómo evitar ser saqueada o invadida cuando a los ricachones les plazca.
En México se está respaldando a la pobreza y por consecuencia a la ignorancia, para cumplir con los designios de la clase pudiente internacional, al terminar con la cultura del País y llegar a controlar los sistemas de enseñanza sin sentido social, destruyendo centros de investigación al recortarles los presupuestos, el cierre de centros escolares, que son principalmente las escuelas oficiales, así como la desaparición de las bibliotecas públicas.
El problema de los profesores comenzó hace mucho tiempo, pero año con año se ha resuelto y ni los profesores se veían afectados ni los estudiantes perdían clases. Este asunto sólo se veía en Oaxaca con la sección 22. Y de ahí nació el conflicto que propició el gobierno al inventar La Reforma Educativa. Esta tiene como fin destruir el sistema educativo actual e implantar una serie de cambios que afectaran a los profesores, quienes cuentan con los conocimientos de enseñanza y colocar en su lugar a principiantes sin ninguna preparación o conocimiento alguno de lo que es la docencia.
Para eso dividieron a los maestros de carrera entre disidentes y sindicalizados formando la CENTE (Coordinadora) y continuando con el SENTE (el sindicato) original. Pararon las clases y el gobierno les siguió pagando a los dos grupos para que pelearan entre sí. De esa manera, ni los maestros mejoraron y los alumnos dejaron de recibir clases y así retrasar sus conocimientos.
La razón por la que se destruyó al ferrocarril fue el evitar que las rancherías que apenas tienen una primaria, caminen al pueblo que tenga secundaria y a las grandes ciudades por los estudios medio superior y superior. Quiere decir que en México el 10% de indígenas y el 40 % de jóvenes en pobreza extrema habrá que seguir teniéndolos ignorantes.
Estos planes de la destrucción del conocimiento han sido respaldados por la represión internacional desde el siglo XIX. En una de ellas se gestó el Movimiento Estudiantil de 1968. En aquella ocasión, el gobierno del presidente Díaz Ordaz dejó crecer el problema estudiantil hasta que éste estalló. Como no era posible que las fuerzas públicas pudiesen entrar a los centros de enseñanza, nunca se aceptó el diálogo, ni se buscó una solución, sino que se dejó crecer hasta sacar a los estudiantes de sus centros de aprendizaje, como a la Universidad Nacional Autónoma de México, al Instituto Politécnico Nacional y de otras instituciones, a quienes “controló” con la matanza del dos de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.
Este fue un movimiento bien planeado por el mismo grupo financiero que reventó en casi todo el mundo. Ese mismo año los estudiantes fueron reprimidos en París y en España, se cerraron cientos de centros de enseñanza y de investigación en varias ciudades europeas y en el mismo Estados Unidos se comenzaron a bajar los niveles de enseñanza desde las escuelas de primarias, medio superior y superior, como en las universidades: Yale, Princeton, UCLA, Harvard, Stanford, etc., en las que se limitó la calidad de la enseñanza y la investigación a base de rebajar los presupuestos de las mismas y por ende, elevar los costos en las colegiaturas.
En 1963 Richard Hofstadtler había escrito en su libro “Anti-Intelectualism in America”, en el que habla de la profunda tendencia Yanqui de menospreciar a los intelectuales, donde da por hecho que nunca será apreciada la inteligencia, la cultura y la investigación en beneficio del pueblo si antes no gana los principales dividendos.
Este famoso escritor nunca se imaginó que existiría un Trump con su pandilla en el gobierno y que llegaran a estar peleados a tal grado con la inteligencia, la investigación y que estuviera orgulloso de ostentar toda esa toxica de ignorancia y mendicidad; una falta de curiosidad y desdén por el uso de la mente.
El ignorante discurso de Donald Trump durante su campaña presidencial: (“Los expertos son terribles. Miren el desbarajuste en el que nos han metido los expertos que tenemos”) esperando que sus oscurantistas hostiles al conocimiento científico hagan su trabajo de seguir persiguiendo a la inteligencia en beneficio de la economía de los grandes capitales con la ignorancia del pueblo. Así que no debe sorprendernos los enormes recortes presupuestarios para los institutos que llevan a cabo avances en la medicina, seguridad laboral y médica, etc. Y ha ido suprimiendo varios ministerios (Agricultura, Educación, Medioambiente, Energía, Tierras y Trabajo).
Tiene prohibido que sus funcionarios asistan a reuniones o hagan declaraciones de temas de los que son peritos, para que el público no se dé cuenta de todos los errores que está cometiendo. Trump ha de pensar que con que no se estudien datos o se dejen de explorar ciertas ideas, esas verdades inconvenientes desaparezcan. Si los anteriores presidentes, que parecía que si pensaban nos pisaban fácilmente, qué se puede esperar de un sicópata.
En México siguen los mismos ejemplos. Se recorta el presupuesto a los centros de investigación, se castiga a las universidades públicas cortándoles o escondiendo sus presupuestos, al grado de que hay siete universidades en el País que están a punto de ir a la quiebra. ¿Será parte de ese plan de ignorancia global o es pura coincidencia?
Entonces para qué sirvió La Asociación Nacional para Institutos y Escuelas Superiores: ANUIES, si cuando los estudiantes llegan a inscribirse, no hay presupuesto para la enseñanza, ya no digamos para la investigación en dichas universidades y como quiere Trump estamos dentro de un proceso de descomposición, no solamente en el plano educativo sino en una ausencia de esperanza de lo que le va a pasar a la cultura de nuestro País y del mundo entero.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]