En México, en Latinoamérica, en Europa y en el Medio Oriente se ha expandido una ola de violencia en todas sus formas. No sólo por la propaganda armamentista de los Estados Unidos para resarcir su economía, sino para poner al planeta entero en el terrible problema de que se produzca un caos mundial si no se llevan a cabo las órdenes e intereses de la gran metrópoli. En nuestro País, que no vaya a presentarse un fenómeno adverso a los intereses de los poderes actuales en México, pero sobre todo de los del vecino del norte.
En primer lugar está el cúmulo de actos de violencia que se ha desatado en los últimos meses y que ha aumentado principalmente en los estados que por mucho tiempo han sido donde ha habido más violencia delictiva y policiaca y que ahora tiende a multiplicarse, como en Chihuahua, Morelos, Tamaulipas, Guerrero, Sinaloa y otras entidades, la que se está incrementando por motivos de índole político y electoral.
Se entiende que continúen las altas autoridades llenando de miedo a los votantes y estos estén aterrorizado por quien va a venir a manejar los destinos del País durante el próximo sexenio, y que no sepan por quien emitir su voto; si por el representante de la continuidad de la política actual o del que dicen que es populista y va a hacer las paces con los delincuentes o al que representa a los dos presidentes panistas y que lo único que promete es sacar al PRI de los Pinos.
La violencia electorera es tan agresiva como la que hay en las calles, pues si bien no produce muertes, sí incita al ciudadano a la violencia verbal, con el peligro de convertirse en violencia social generalizada.
Al pueblo se le puede engañar una vez, pero no cuando sus hijos no tienen que comer o que no avanzan en la escuela porque no aprenden nada y el gobierno espera que los padres les expliquen lo que a ellos les dejaron de enseñar (por culpa de los presidentes: Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y ahora Enrique Peña Nieto), al borrar todo tipo de patriotismo, la asignatura de civismo en las escuelas, sin enseñarles nada y sin reprobar a los niños con su fallida reforma educativa.
El temor que la economía de los dueños de la riqueza del mundo es que cambie el status quo y enfrentarse a cualquier cambio, ya sea hacia la izquierda o a la derecha, por tanto, cuando en el país hay cambios políticos es suficiente para reaccionar defendiendo sus intereses.
Ahora sucede que dos congresistas gringos, un republicano y un demócrata, Marco Rubio y Bob Menéndez (ambos de ascendencia cubana), le enviaron una carta al Secretario de Estado Rex Tillerson, pidiéndole que México solicite ayuda a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), “a fin de fortalecer el sistema electoral débil de México, ante las trapacerías cibernéticas que podía realizar Rusia”. (Si los rusos se metieron en sus elecciones, que no han podido aclarar, ahora exigen que se frene en países ajenos, pero de gobiernos manipulables como México). ¡Aguas con las invasiones
Estados Unidos tiene amenazado al País con nuevos aranceles, con no firmar el TLC a menos que les acepten que el mayor porcentaje de las partes de los automóviles, se fabriquen en EEUU, que México pague el muro y prohíba el paso de latinoamericanos a su país.
El punto sobre la corrupción es benéfico para los tres países, pues estará regulado por ese tratado. Otro problema es: la obligación de dirimir cualquier controversia entre los países firmantes en los Estados Unidos sin libertad de acudir a instancias internacionales y entre otras, el obligar que el tratado sea reformado cada 5 años. Además que las patentes duren 30 años en lugar de 10, por lo tanto, retirar todos los medicamentos genéricos, cuando el 70 por ciento que se usa en su país sí son medicamentos genéricos.
A Trump no le interesa el Tratado de Libre Comercio, sino que la izquierda no llegue a ganar las elecciones, porque si llegara al poder, nos ha amenazado que no sólo sacaría a los “Dremers” (niños que llegaron de ilegales a EU y que 20 años después, ya están terminando una carrera en sus universidades), sino que subiría los aranceles de los productos mexicanos, aún dañando su propia economía.
Ya no digamos los millones que el gobierno va a invertir en ataques constantes, porque el que dicho candidato “es un peligro para México”; que es amigo de Maduro el de Venezuela, que están trayendo a nuestro país expertos españoles y latinoamericanos y preparar un desprestigio cuando ya sea candidato. Le están metiendo miedo al ciudadano, para que no vote o para que elija a cualquier otro candidato.
La policía federal ya está preparada para intervenir en cualquier irregularidad que suceda en las casillas durante el primero de Julio. El Ejército Mexicano ya tiene en sus manos “la seguridad interior” con la que puede intervenir en cualquier caso de disturbios sin más excusa que su propia decisión. De la misma manera que los “halcones” de los otros partidos y del mismo gobierno, ya sea, dentro y fuera de las casillas, están prestos para los desmanes que conocemos desde el 1968.
Los mexicanos tenemos que luchar contra la propaganda adversa de los medios televisivos y las intenciones de los intereses económicos internacionales; de los inventores de la globalización y de un neoliberalismo que ha demostrado ser fallido para propios y extraños, pues a los mismos creadores de ese sistema, los está afectando en credibilidad.
Existe el peligro de una intromisión armada estadunidense a nuestro País ya que a Donald Trump le conviene seguir el ejemplo del “peligro Ruso”, como pretexto y coartada frente al mundo pero en especial a sus ciudadanos, para hacer cuanto le sea posible que quien llegue a la presidencia de México, sea el que a él le convenga y que sigan las cosas como están: más pobreza, mayor ignorancia, la multiplicación de las privatizaciones (como el agua, la educación, el sistema médico. (IMSS, ISSSTE, Secretaría de Salud, etc.).

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