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Desde 2007 un Juez federal dio entrada a las quejas y demandas que un grupo llamado: “Sin Maíz no hay País” para defenderse de la implementación, según el TLC en el que México debía importar granos y olvidarse de las milpas, para poder introducir el maíz transgénico, haciendo del monocultivo la única forma de producción.
Gracias a la Asociación de “Sin Maíz no hay País”, donde 300 organizaciones campesinas, sindicales, ambientalistas, grupos de Derechos Humanos, de mujeres y otros, se unieron y se han podido defender el que durante 10 años no haya sembradíos de transgénicos, hasta resolver unos amparos promovidos por la Unión en defensa del maíz y del campo. Dentro del TLC se excluya el apartado sobre el sector agropecuario.
El Tratado de Libre Comercio, signado por Carlos Salinas de Gortari en 1992 menciona que los gobiernos firmantes podrían vender sus alimentos y dejarían de entregarles a sus agricultores todo tipo de subsidios para evitar que los productos del campo  le hagan la competencia a los otros dos países. Aunque desde 2001 se comenzó a detectar contaminación de maíces nativos con genes transgénicos. Estados Unidos no ha respetado el tratado, su campo sigue subsidiado e insisten en traer los transgénicos a México.
El gobierno de México dejó de subsidiar al campo, terminó con la fábrica de Fertilizantes y cesó toda la ayuda que le daba al campesino, por tanto desde ese momento el campo dejó de dar frutos, con excepción de los grandes latifundistas, amigos o socios del mismo presidente.
El maíz está vinculado con todo el pueblo de México y en especial con los pueblos originarios, de tal manera que atentar contra el maíz es atentar contra los derechos culturales, la diversidad de nuestras siembras y de la alimentación. De hecho el maíz en su infinidad de tipos, es el fundamento de toda la comida tradicional mexicana. Tenemos 64 razas de maíz que salvar.
En torno al ciclo agrícola se gestan una enorme variedad de festividades, reuniones que congregan a la comunidad, propician la música, el baile, las artesanías, las ceremonias en torno a la excelente comida mexicana, que en la mayoría de sus platillos está presente el maíz en formas de lo más variadas. Los adornos del hogar, los collares y vestimentas para la mujer, adornadas con el preciado maíz y una organización comunitaria que enriquece nuestro tejido social.
¿Qué son los transgénicos y por qué el milenario maíz corre peligro ante su alteración genética? ¿Quiénes son los responsables de que esta amenaza se vaya a convertir en realidad?
Los transgénicos son organismos a los que se les inserta material genético de especies distintas a las que pertenecen mediante ingeniería genética, con las cuales superan las barreras reproductivas, por ejemplo el que se injerte un gen de bacterias a una planta.
Las ventajas que pregonan los introductores de esa tecnología dirigida al maíz, según ellos, la planta se vuelve más tolerante a los herbicidas y más resistente a los insectos; pero no hablan de las desventajas que son muchas: Los daños que le hacen al campo, ya que al introducir transgénicos a las variedades del maíz, estas sufren una descompensación genética y fisiológica. Las secuencias fácilmente llegan al campo mexicano, ya que el maíz es una planta que se poliniza y por ello los maíces nativos o criollos se contaminan con el polen del maíz transgénico. Parte de esta contaminación ya la hay en varios estados del País, como Tamaulipas y se debe a que DICONSA importa maíz de los Estados Unidos y al llegar a México lo mezcla con el maíz nativo.
Los científicos que estudian las propiedades de los transgénicos en la UNAM y el Doctor William Sacs, especialista en genética de la Universidad de California, opinan que el maíz genéticamente alterado es dañino para el resto de las siembras y que si bien en Estados Unidos tiene aceptación, es porque el transgénico es cosechado para el mantenimiento del ganado y en zonas alejadas de otro tipo de siembra. Pero en México en poco tiempo nos haría perder las razas y variedades de nuestro maíz desarrolladas a través de miles de años de cultivo.
Además de estas calamidades, las secuencias transgénicas están patentadas, por lo que si algún agricultor presenta está secuencia en su maíz, las que se pueden captar por polinización entre un maíz transgénico y uno no transgénico, las compañías que detentan las patentes pueden demandarlo. De hecho ya hay algunas demandas de parte de Monsanto contra los campesinos los que en lugar de ser víctimas, han pasado a ser acusados de plagio. Los juicios son costosos y alejados de la economía, tiempo y conocimientos, para poderse defender contra el equipo jurídico que Monsanto posee. Nuestra milenaria cultura tradicional es comunitaria, mientras que esa compañía norteamericana es puro mercantilismo individualista.
Como no ha habido transparencia, lo único que se sabe es que de las 35 solicitudes que presentó Monsanto para la siembra experimental del maíz transgénico, sólo quince han sido aprobadas, pero no dicen cuáles o en dónde.
Primero viene la experimentación del transgénico, , después el cultivo a nivel piloto y luego el comercial donde no hay vuelta atrás, porque nuestras siembras de maíz, de sorgo y otras, ya estarían infectadas de transgénicos a través del polen, controladas económica y físicamente por esa compañía trasnacional.
En las próximas semanas se sabrá cuál será el futuro del maíz transgénico en nuestro País, del cual están pendientes la CNSMNHP y las organizaciones civiles y académicas que también presentaron una Denuncia Colectiva la cual tendrá su propia respuesta, para saber si las pruebas de las quejas son aceptadas por los Tribunales Federales y les dan una resolución favorable y definitiva a las demandas en bien de la población.
Desde 2013 un Juzgado Federal ha detenido la siembra del maíz transgénico en todo el País y se está luchando para que no se niegue el derecho a la alimentación a la salud y a la sobrevivencia de los pueblos originarios de nuestro País y no permita que entren a México esos alimentos transgénicos, que afectan nuestra cultura y el futuro de nuestros hijos.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]