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Lo fabuloso de tener un Teléfono Inteligente, como se les llama a los celulares de nueva generación, es que puedes dirigir toda la actividad humana dentro de tu propia casa, de un café o en el interior de la iglesia el día de la boda de tu hermana menor, al cabo todos están ocupados con su aparato en la oreja.
En el nuevo teléfono “inteligente” encuentras, calculadora, calendario, todos tus contactos, Internet, la billetera, los registros del banco, los resultados parciales de tu deporte favorito, el tipo de cambio del día, el clima de hoy, mañana y el siguiente día, mapas de la tierra y hasta de tu casa, puedes tomar hermosas fotos y videos, así mandarlas a tus amigos y familiares por todo el mundo.
De igual manera te encuentras con más de dos mil canciones de todo tipo, que conectadas a las bocinas de tu casa, sientes que la banda está frente a ti. Puedes hablar y ver a tus amigos o familiares en grupo o en privado cuanto quieras y sin costo alguno; hasta tiene todas las estaciones de radio en FM o en AM junto con las últimas noticias. Tiene un sensor de espacio y de datos increíble, puedes manejar tu oficina a la hora de la comida, así como las cuentas de tus bancos los pagos los pedidos, la nómina, sin necesidad de ir a perder toda la mañana.
Hay juegos cibernéticos, caricaturas y pláticas con sus amiguitos, igual que tú, para organizar la ronda de dominó, como tu mujer también le habla a la amiga sobre lo que hizo de comer con las últimas recetas que le enviaron desde España, donde  ella está pagando para que puntualmente se las envíen a su “IPhone”. Y así, cada quien tiene su mundo durante la comida.  
Gracias al satélite que está dando la señal, puedes enterarte cómo va la Bolsa de Valores, aunque no tengas ni un centavo invertido, pero tú no vas a comer solo mientras tu familia se ocupa de enterarse lo que pasa por todos lados. Tienes un control de lo que sucede en las redes y hay que contestarlas pues los cibernautas se ofenden y llegan a borrarte de sus “Blogs”.
No te vayas a olvidar de felicitar a los y las que cumplen años porque, aunque no se conozcan, los demás nunca te lo perdonarían, ya que una felicitación por Facebook o por Tuiter es más importante que una visita, un abrazo o un regalo personal. Pero no te preocupes, ya que es costumbre que si gana el equipo de futbol, el presidente les manda una felicitación a través del tuiter o un pésame cuando un mandatario de otro país o un senador fallece, porque si los deudos no checan su correo, nunca se enteraran de esos verdaderos pesares hacía su familia.
Acuérdate cuando ibas a ver la nieve en Tres Marías y luego se comían esas gorditas sin tener que pedir recetas españolas a través de un negocio que te cuesta 300 o 400 pesos al año o cuando tenías que ir a tu despacho saludando a todos y a la linda secretaria que llevaba el café a tu escritorio y te saludaba con una coqueta sonrisa que te alegraba el resto de la mañana.
Luego te ibas al banco a depositar lo del día anterior y el gerente te daba los buenos días por tu nombre, haciendo que los que esperaban ser atendidos creyeran que eras muy importante y estabas nadando en dinero o cuando se casó tu hermana y tú la tuviste que entregar porque papá ya había fallecido, volviéndose una hermosa y atrayente ceremonia.
Dónde están las visitas a tu clientes a los que ibas a ver para venderles lo último de tus creaciones, cobrarles la factura vencida y escuchar sus quejas de las bajas ventas, de los problemas con sus hijos adolescentes, donde tú también echabas todo lo que traías adentro y salías contento de que no sólo te pasaban a ti, sino que todos tenían problemas o peores de los que tú cargabas; y a la hora de cerrar tu hijo venía por ti y te alegraba el corazón, aunque después te pidiera el auto para ir con la novia y volver a las tres de la mañana.
Entonces tu mujer y tú se quedaban solos viendo la maravillosa puesta de sol en vivo y no en la foto que te mandó quien la copió del National Geografic  o si era de noche esa hermosa luna a la que le quedaban unos días para ser luna llena, prometiéndole que ese noche la llevarías a cenar a su restaurante preferido y no sólo la vería sola en el Facebook y sin tomarse de tu brazo suspirando decirte “¿Recuerdas?”… 
Ver jugar a tus hijas a las muñecas y a los niños a los carritos de madera junto a sus amigos los vecinitos en la banqueta de tu casa, mientras te extasiabas con el aroma de las pomarrosas y las guayabas que colgaban por toda la calle, además de aquellos mangos verdes que dejaban a tus hijos enfermos del estómago por un par de días y los chismes de tus vecinas que fueran puros cuentos o no, siempre eran interesantes.  
   Salir a pasear los domingos con tu hijo, pavoneándose de su nueva novia, a tu hija yendo a probarse ese vestido de moda tu mujer los más modernos zapatos y tu rezando que nada de eso les viniera porque no podías gastar tanto, sin necesidad de pedirlos por internet y tener que tirarlos o regalárselos a alguna amiga, porque no fueron de su talla ni del color que escogió. Qué tal de las cartas escritas a mano que recibías de tus hermanas y de tu papá, que destilaban cariño con esa letra palmer y muchas veces a propósito perfumadas, no los fríos “E Mails” o correos electrónicos que no te dan ganas de abrirlos porque le falta lo personal del calor humano, de la poesía que hay en la prosa y no lo extraño de un frio correo-electrónico. Dentro de estas innovaciones cibernéticas se está perdiendo la identidad, el calor humano, el contacto familiar, la belleza de la naturaleza, pues hace falta ese abrazo del amigo, las muecas del contador los miedos del abogado de perder el juicio mercantil, la seguridad de que el proveedor te entregue tu pedido y el sentirte que eres un ser humano y no un ente cibernético.  
 

Por:  Rafael Benabib  /  [email protected]