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Mientras los ciudadanos de los EE UU, están ocupados en saber quién gana las elecciones presidenciales, al igual que mucha gente en todo el mundo, no nos damos cuenta que en el sureste del planeta se está gestando un conflicto armado que puede convertirse en una guerra nuclear o por lo menos en la siguiente “guerra fría”.
Rusia, Irán y Siria, están peleando contra un enemigo invisible llamado Ejército Islámico, ya que se encuentra demasiado cerca de los primeros y en el corazón de Siria. Uno de los puntos neurálgicos en esta contienda en curso, es la importante ciudad de Alepo la cual es imperante para las facciones, por un lado de Rusia e Irán y para otro de los Estados Unidos. El Ministerio de Defensa de Rusia, advirtió que derribaría con sus misiles S-300, cualquier intrusión de los Estados Unidos en el cielo Sirio y que tengan como objetivo bombardear Damasco o al ejército Sirio.
Es posible que ahí esté la clave para olvidarse del neoliberalismo y, por supuesto, de la agresiva globalización. Según La Jornada, el Director Del diario Red Voltaire, Thierry Meyssan, sostuvo: “ambos bandos deben decidir no cometer errores y escoger,  entre llevar a cabo un cambio fundamental en el orden mundial o una guerra nuclear”. Decisión que acabaría por destruir al planeta.
Rusia está tratando de convencer a los países productores de petróleo a bajar su producción y aumentar el precio del crudo. Ya está en pláticas con Arabia Saudita, con Irán, con Venezuela y seguramente con China, para inclinar la balanza dentro y fuera de la OPEP y elevar el precio del petróleo. Y no sólo eso, sino que está coqueteando con Turquía y consolidando sus bases marítimas y aéreas, contando con la cooperación de Irán y con la intención de Estados  Unidos, de no sobrevolar y atacar a Siria.
En cuanto a las elecciones entre los dos estadunidenses, la gente de aquel País no solamente está preocupada por una y por otro, sino que hay mucho escepticismo sobre a quién elegir, ya que la una parece que sería una continuación del sistema del presidente Obama, mientras que el otro es un perdedor nato, a quien Hillary Clinton le perdonó la vida en el reciente debate televisivo del día 9 de octubre, donde no quiso sacar al aire, todas las porquerías que se conoce del, ahora republicano Donald Trump y, aparentemente le salvó la vida. Pero lo que pasó es que la señora Clinton no quiere desprestigiar más a Trump, por miedo a que los congresistas  republicanos lo quiten y se saquen a otro de la manga, con mayores posibilidades que Trump.
Éste ya hizo bien su trabajo de sembrar el odio en los Anglosajones blancos, los fundamentalistas cristianos y los musulmanes que ya se sienten más estadunidenses que los mismos WASP, al igual que a los cubanos, a los irlandeses y a los inmigrantes, más el peligro de la estadía de los mexicanos, quienes todos representan a los criminales que han convertido con sus drogas a los pobres  norteamericanos en auténticos adictos a través de la marihuana, la cocaína, la heroína y todo lo demás, ya que según Trump, los mexicanos meten de contrabando a Estados Unidos gracias al Tratado del Libre Comercio y al Acuerdo Transpacífico, el que dice, que son injustos para su país. Y así, ha logrado que sus conciudadanos se odien entre sí, aparte de odiar al mundo entero.
Por tal motivo sea quien sea el republicano que tome su lugar, puede vencer a Clinton con la mano en la cintura, con sólo obtener los votos de los indecisos y de los que le iban a Trump, los del partido republicano nunca dejarían la presidencia si no estuviese todo bien planeado y estructurado. Aunque, puede ser demasiado tarde, pero tienen a un Paul Rayan a Mike Pense, a quien Trump nombraría como vicepresidente o quizás a Mitt Romney, quien ya compitió perdiendo por muy poco porcentaje de votos o John McCain, quien a su vez, es un astuto político republicano. En fin, quién sabe cómo se las vayan a jugar, pero de que no se van a dejar ganar tan fácilmente es un hecho.
Y aunque Hillary Clinton hable de ayuda a los inmigrantes, en su papel de Secretaria ha sacado a más de un millón de latinos, haitianos, cubanos y entre muchos otros grupos étnicos, a los africanos que huyen de las guerras intestinas, del hambre y la miseria en que han vivido durante siglos o aquellos que llegan de los países árabes como miles de desplazados o refugiados de guerra, que, aunque deberían ser bien recibidos por Europa y no lo son, llegan a EE UU en busca del famoso pero falaz “Sueño Americano”, pero que han sido repatriados por la administración de Obama.
Aquí es cuando entra el presidente Obama al enviar sus aviones sobre Alepo o frente a Damasco para que quizás el presidente Putin de la orden y cumpla con su amenaza de que serán derribados por los sirios o por los mismos rusos (lo que dudo pueda suceder) y se salven los pilotos, el estado de guerra estará latente, Obama ganará prestigio y la gente comenzará  a creer que Hillary Clinton los va a sacar de esa crisis económica y moral por la que pasa Estados Unidos.
Los dueños de las fábricas de armas estarán contentos al poder desarrollar armas cada vez más sofisticadas, los países del tercer mundo verán con simpatía que se abrirán muchas fuentes de trabajo mientras la gente se prepara para la guerra y se pelearán entre sí para poder ser los primeros en entrar de nuevo a salvar a le democracia.
Y así Hillary Clinton va a ganar las elecciones con darle al pueblo la seguridad de que va a haber más defensa de la libertad en Siria, en Rusia y en Irak. Así se acabarán los odios y las desigualdades entre los ciudadanos. Pero la verdad es que ni los Estados Unidos, ni Rusia o Irán comenzarán una guerra porque saben que sería la última.  Esperaremos los dos últimos debates entre Clinton y Trump, a ver si antes que eso, no vayan a sacan a relucir sus armas.   

 

Por: Rafael Benabib / [email protected]