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En Cuernavaca los que andamos a pie somos invisibles para todas las autoridades, ya que si se va a pedir un servicio para cualquier cosa, a reclamar alguna anomalía, hacer alguna consulta ciudadana, tramitar un servicio, denunciar un accidente o hasta para ir a pagar el predial, nadie lo voltea a ver ni le hace caso, pues pareciera que uno no existe.
Si se quiere hablar con algún funcionario de gobierno, se tiene que hacer cita y cuando se está a tiempo le dicen a última hora que el licenciado fue llamado por el gobernador y que llegaría en una hora. Cuando éste entró a su despacho ni siquiera voltea a saludar o a ver quiénes lo están esperando.
¿Qué les pregunten a los pobladores del estado si han sido recibidos por algún funcionario de gobierno que no sea a través de los periódicos? ¿Quién ha sido atendido por el Director de la SAPAC, el de Catastro, el Director de Obras Públicas del H. Ayuntamiento o del Estado, el Oficial Mayor, los integrantes del Cabildo municipal o al tesorero municipal o al estatal?, porque cuando se les pide audiencia los asuntos se tratan con los subalternos.
Se tiene que ser alguien importante dentro de la política, las finanzas o el compadrazgo para ser recibido por el titular de las distintas direcciones, porque el resto de la sociedad somos invisibles para las autoridades, y esto se refleja en las relaciones entre los particulares, pues si no conocen ni respetan a los administradores del estado cómo se espera que se respete al vecino o se le tenga alguna consideración si ni siquiera se le conoce.
Hace poco Ramiro llegó a la peluquería molesto porque uno de tránsito había regañado a su esposa al haberse atravesado la calle mientras les daba el paso a los automóviles. Myrna se enojó y le dijo que nunca podía pasar la calle porque cuando no eran los carros eran los camiones y a los peatones jamás les daban el paso. “Mire señora, yo estoy aquí para dirigir el tránsito, no para cuidar a la gente”, contestó groseramente el agente. Fue a quejarse a Tránsito y después de media hora, salió una secretaria preguntando qué quería. Myrna se lo explicó y ella le dio la espalda y desapareció sin hacerle caso.
-A nosotros ya no nos llega el recibo de la luz y tenemos que hacer cola para que nos den el número de registro y pagarla en las cajas. “¿Dígame que quiere?..  ¡Aquí está su número!” dijo el del escritorio sin voltear a vernos. Ayer nos cortaron la luz porque tampoco llegó el recibo y se me olvido ir a pagarla. Le pedí que me permitiera ir a hacerlo de inmediato, pero el señor pareció estar sordo porque ni me volteo a ver y cortó la luz –sentenció Manolo.
Otro cliente comentó que fue a denunciar que le robaron su portafolio dentro del banco y el agente del Ministerio Público que lo iba a atender, se paró sin decir nada hasta que la secretaria le dijo que se había ido a desayunar. Fue a otro escritorio y el M.P. le dijo que la indagación ya estaba iniciada en otra mesa y que me tenía que esperar. Contó que a la hora se levantó y se fue.
 A uno de los vecinos de la cuadra le pareció que para que los autos de los demás no se estacionaran frente a su casa, porque era el único lugar en toda la cuadra que el enorme laurel de la india daba sombra, se comunicó con Protección Civil y a los pocos días ya estaban talando el árbol de enfrente de la casa del que hizo la petición. Cuando uno de los de la cuadra se fue a quejar al Ayuntamiento, lo mandaron a Ecología y al final a Protección Civil, quienes sin mediar alguna inspección o razonamiento de que estaban destruyendo un árbol que le daba frescura y sombra a toda la calle, ni siquiera escucharon al vecino que se fue a quejar y a demandar que terminaran con ese ecocidio, no sólo no lo tomaron en cuenta, si no que ni lo voltearon a ver, porque ellos cumplían órdenes y quien tuviera alguna queja que hacer, que la mandara por escrito al Gobierno o al Ayuntamiento, a través de sus oficialías de partes.
La persona que pidió que se talara ese árbol, que ni siquiera estaba al frente de su casa, explicó que había pagado cinco mil pesos para que lo destruyeran, pero los vecinos fueron invisibles para esa dependencia sin lograr hacerse escuchar.
¿Cada vez que alguien pregunta si las autoridades van a privatizar el agua, no hay ninguna respuesta, como si los ciudadanos fueran invisibles? Todos pueden reclamar, preguntar o indagar lo que le interese a la población, pero nunca se obtiene una respuesta como la de ¿Qué está pasando con Pemex?, ¿Qué son Los Papeles de Panamá y que va a hacer el gobierno al respecto? ¿De qué se trata el Acuerdo Transpacífico o lo de los Cielos Abiertos? ¿Qué cambio se le hizo al Artículo 29 de la Constitución? ¿Qué quiere decir “La Ley Atenco”?, ¿Si sale electo presidente de los Estados Unidos el señor Trump, los mexicanos vamos a seguir sus instrucciones, nos va a hacer la guerra y vamos a tener que construir un muro para ellos?
Sí se pueden hacer todas esas preguntas y más, ya que estamos dentro de una democracia representativa, pero el problema estriba en que como somos invisibles, no nos ven ni nos oyen y tampoco nos llegan a contestar, sean o no problemas municipales, estatales, nacionales o cualquier acto que se trate con gobiernos del exterior.
El asunto es que las autoridades en todos los niveles no toman en cuenta a la población para ninguna de sus decisiones y eso lo hace que pierda su identidad y no sepa quién o qué es. Y cada uno se pregunta: ¿Seré mexicano? ¿Me debería importar más lo que está sucediendo en el País?, ¿Sigo teniendo derechos ciudadanos? ¿Les podré responder a mis hijos y al resto de mi familia todas estas interrogantes?

 

Por: Rafael Benabib / [email protected]