¿Cómo es posible que el 1 por ciento de la población sea dueña del 30 por ciento de la riqueza mundial, mientras el otro 99 sobrevive con lo mínimo y al borde de la pobreza? Pensar que en pleno siglo XXI sigamos siendo tercer mundo, cuando tenemos en nuestro poder toda la riqueza que se necesita para vivir una existencia digna, plena de tranquilidad, trabajo, educación y salud. No se trata de que ellos sean más inteligentes, sino que nosotros somos los dejados.
Nos han robado el sentido de patriotismo, nacionalismo, ética, principios y mexicanidad al lograr que los extranjeros se entrometan en nuestros intereses económicos y hayan entrado a nuestra casa por medio de hijos de políticos mexicanos que se van a estudiar al exterior, donde los hacen creer que el dinero es lo único que vale en la vida. Y luego los insertan como dirigentes de México. Existe una forma de evitarlo: prohibiendo que todo el que estudie en el exterior llegue a ser miembro del gabinete y por supuesto presidente de México.
El capitalismo es una forma de destrucción del ser humano, de todo ser viviente, de la paz, del medio ambiente, del sentido de comunidad entre las personas, a quienes nos están inculcando un individualismo apabullante, el que trata de conseguir la desunión entre los seres humanos, que desaparezca el sentido de equidad y buscan saltarse toda clase de principios esenciales de la naturaleza, ya no digamos de las que el ser humano ha dejado escrito a través del tiempo, como las leyes, normas o las constituciones en beneficio de la mayoría.
  Además de ser la corrupción, la impunidad y el poder absoluto el problema, nuestras verdaderas deficiencias son aceptar que nos imponen una forma de pensar que no corresponde a nuestra cultura ni a nuestras tradiciones.
Lo que podía llegar a ser un hermoso sueño, era la globalización Política, humana, ambientalista, económica, etcétera, nos resultó ser una completa falacia encubierta por un neoliberalismo aberrante, que sigue siendo una trampa para quitarles a todos los países las riquezas, incluyendo a los más desarrollados, ya que dentro de aquellos también están los pobres, los desocupados, la clase media en decadencia afectada por el neoliberalismo. Dentro del uno por ciento que atesora toda esa riqueza, están los bancos internacionales, las grandes empresas transnacionales y los dirigentes de muchos otros países cuyos gobiernos son cómplices de todo este andamiaje.
Conforme el neoliberalismo va creciendo, a los países en general los comienza a empobrecer, a marginar y a depredar, contaminar, y dilapidar lo que nos ofrece la naturaleza. Atenta contra las condiciones esenciales del ser humano, afecta el agua, el aire, los alimentos, los suelos, el paisaje y la estabilidad del clima y de la atmósfera.
Además de eso, cambia nuestras conductas y logra desaparecer a las diversas culturas, debilita el tejido social, la pérdida de la memoria histórica, el debilitamiento del gobierno y la amenaza de dejar de importarnos de que en cualquier momento se pierda la paz.
El capitalismo depredador está terminando con la raza humana y la vida de las otras especies, con la naturaleza, con el entorno y equilibrio de la vida del planeta. Y todo esto es por el afán de lucro que por más que crean que la riqueza los va a defender de la catástrofe, esta política también a ellos los van a llevar a la autodestrucción, y no van a encontrar ninguna isla a donde irse a esconder o un país idílico donde puedan gastar todas las fortunas que hayan atesorado en perjuicio de este mundo que ellos mismos están destruyendo.
Sin embargo hay salidas que debemos aprovechar. Si lográramos tener un equilibrio entre los dueños de las compañías mineras, de la producción petrolera, de la energía eléctrica en todas sus facetas, de la explotación de las costas y que los propietarios de todas las corporaciones, pagaran los impuestos reales y reinvirtieran sus ganancias en México, como lo hacen otros países menos entregados al extranjero, habría dinero con creces para cubrir las necesidades de la población.
Después de cumplir con lo esencial de la sobrevivencia, el paso más importante es la educación. Nuestros hijos tendrían una mejor preparación para seguir conociendo plenamente al mundo, las universidades tendrían los mejores instrumentos de investigación, ya que la tecnología se compraría a los países más adelantados, tendríamos a nuestros campesinos ocupados en la producción de alimentos para el país y para la exportación, y seríamos los graneros del mundo.
Si pusiéramos a trabajar lo que ya existe y está en nuestro poder: las refinerías petroleras (hay seis de ellas en el País que están trabajando al mínimo de su capacidad),
Se han violado casi todas las leyes constitucionales para beneficiar a unos cuantos, mientras intentan engañar al pueblo con sus programas fallidos y repetidos de sexenios anteriores como La lucha contra el Hambre, Progresa, y entre otros programas “sociales”, nos han metido las reformas laborales, la educativa, la energética, las de la minería y demás.
Ahora están negociando el Tratado de Libre Comercio, del que no hay duda, van a aceptar todos los puntos que EE UU quiera imponer y que son contrarios a los intereses de México. Como el alargar los derechos de autor, el no vender medicamentos genéricos sino de patente, el pago del muro que está edificando Trump, el retiro de nuestro País de las inversiones en plantas industriales establecidas en México, incluyendo los propios capitales nacionales, la compra de armamento innecesario, etc.
Por desgracia nuestra división de poderes no funciona para nada; El Poder Ejecutivo es dueño y señor de los otros poderes, que son el Legislativo y el Judicial. Pocos saben cuál es la fórmula que hace el primero para controlar a los otros dos, pues parece que la mayoría de los miembros de la Cámara de Diputados, la de los senadores y algunos Jueces de la Suprema Corte de Justicia de la Nación también se educaron en el extranjero, pues han votado a favor de las reformas y en todas las leyes que el Ejecutivo ha propuesto.
Total, que el capitalismo, el neoliberalismo y la globalización han sido un tremendo fracaso y un peligro para la humanidad.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]