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El plan del neoliberalismo de empobrecer, destruir la cultura y lograr la ignorancia de todos los pueblos de la tierra, hasta cierto punto ha tenido el éxito que originalmente buscaba: en primer término, firmar tratados con gobiernos vendidos, donde se privilegia a la industria extranjera a base de recibir sus productos sin que se paguen los derechos de importación, aniquilando así a la pequeña y mediana industria.
Acto seguido, pulverizar nuestro campo, al cerrar “Fertimex”, la mayor fábrica de fertilizantes de Latino América, dejar de entregar subsidios, no permitir que se abrieran pozos para riego, avíos, ni préstamos para semillas, maquinaria para la siembra y cosecha de nuestro campo, dejando al campesino sin protección, sin siquiera poder cosechar lo suficiente para el propio sustento y el de su familia, actos que aunque empobrezcan al pueblo jamás se olvidan.
En cuanto a la cultura en general, el propio gobierno no sabe de qué se trata, pues ni el Secretario de Educación Pública está enterado que la cultura está íntimamente ligada a la educación en todos los aspectos. “Yo, con la reforma educativa tengo suficiente, pues una no está ligada con la otra”, declara el nuevo Secretario De la SEP.
Y, así, tienen que formar una nueva secretaría que se encargue, no sólo de difundir los eventos culturales que se presentan en nuestro País, sino los del mundo entero, además de vigilar que nuestras tradiciones culturales no se pierdan (que son las que el neoliberalismo quiere destruir), sino que hay que respetarlas y hacerlas del conocimiento de nuestro pueblo, ya que la cultura es universal y se debe intentar darla a conocer en sus aspectos lo más que se pueda.
¿O que, la cultura del pasado no está ligada a la del presente?, porque la misma está fincada desde el comienzo de la historia hasta hoy en día y aún después de la muerte, la que se conoce por ejemplo a través de los libros y las tradiciones que nos dejaron nuestros antepasados, la actuación de los gobernantes, ya sea en las bellas artes, en nuestros Símbolos Patrios, los del pasado y los del presente, pues la cultura es parte del quehacer de la vida diaria del ser humano y de la actuación, buena o mala de estos últimos.
Por lo que a la ignorancia del pueblo se refiere, aquí se encuentra que desde hace más de sesenta años, se ha pugnado que nos olvidemos de nuestro pasado, ya sea copiando las costumbres de otras naciones cambiando las leyes de nuestra Constitución, como el Artículo 123, el 3º., la Reforma Agraria, que le dio fundamento a la Revolución Mexicana, la de la intentona de mochar el Águila de nuestra Bandera, desaparecer la asignatura de Civismo de los libros de texto gratuito, el cambio de fechas de los días Patrios que han hecho que los jóvenes se confundan sin saber la razón de lo que se festeja, una veces con alegría y otras fechas luctuosas e infinidad de muchas medidas absurdas.
Después llegan las reformas privatizadoras que han sido funestas para la población, como la de los energéticos, mismas que no han traído la bonanza que los gobernantes prometieron, ni las nuevas fuentes de trabajo o la estabilidad social y económica para la ciudadanía, sino al contrario, han incrementado el precio de las gasolinas, de la luz eléctrica, de los bienes de consumo, la inseguridad en toda la República a causa de la corrupción, la impunidad y las simulaciones al hacernos creer que con inventar nuevas secretarías, el estado de cosas van a cambiar para bien, lo que realmente es todo lo contrario, pues lo que hasta hace poco era hipocresía, ahora se ha convertido en cinismo.
Por culpa de esas reformas estructurales, se ha dejado al trabajador inerme ante sus empleadores, los que hoy en día pueden despedirlos con toda facilidad, sin darles liquidación alguna por el tiempo trabajado, quitándoles el derecho a los centros hospitalarios, como al IMSS o al ISSSTE y sin la posibilidad de encontrar un nuevo trabajo, aunque estén altamente preparados.
Toda esta gente se verá sufriendo el que sus hijos dejen de estudiar al no haber centros de enseñanza públicos y se encuentran con la incapacidad de inscribirlos en colegios privados por falta de ingresos propios, más el temor de que alguien de la familia llegue a estar enfermo, porque no hay nosocomio que lo reciba y con una inflación galopante que les impide seguir guardando algún dinero que hayan ahorrado, ya que dicen que la seguridad médica está respaldada por el Seguro Popular, ésta tiene un costo, pero de cualquier manera es insuficiente para atender a la población de escasos recursos y, en caso de poder ser atendidos, tienen que comprar sus propios medicamentos, los que para ellos, son inalcanzables.
El problema de la educación se ha presentado, porque las autoridades han preferido dejar a los niños sin estudios durante casi un año escolar, al no querer dialogar con los maestros, encontrar la forma de reunir a varios especialistas en educación, en filosofía, literatos, quienes junto a gente de la política, analicen que esa reciente reforma educativa, se pueda adecuar dentro de un marco de paz y concordia.
Esta es una fabulosa oportunidad para mejorar las relaciones entre el gobierno y la sociedad. Se limarían asperezas,  el pueblo respaldaría sus reformas estructurales, desaparecería el mal sabor de boca por las devaluaciones y los recientes recortes financieros, mejoraría las relaciones internacionales con el exterior y la percepción que se tiene del pueblo de México y se resolvería un problema que se viene arrastrando desde hace muchos años.
La sociedad mexicana le pide al gobierno, a los maestros, a los padres de familia y a los alumnos, que se olviden de posturas radicales, en bien de nuestro querido México.

Por: Rafael Benabib / [email protected]