A pesar de que se reunieron: el representante del gobierno federal, las autoridades de los pueblos originarios, los del INHA y otras personalidades a cambiar impresiones y a enterarse lo que el gobierno federal tenía planeado para la mejora del sureste, mediante el Tren Maya, hubo un grupo que expuso sus desacuerdos pero no lo dejaron expresarse.

Estuvieron presentes los representantes y colonos de los cinco estados involucrados que son: Chiapas, Quintana Roo, Yucatán, Tabasco y Campeche. Se llegó a la conclusión de congregar a las poblaciones a efectuar una adecuada información de lo que el proyecto y las necesidades de cada pueblo por donde el tren iba a circular aportaría y finalmente se llegó a la conclusión que lo mejor sería efectuar una encuesta entre todas las poblaciones, la cual se llevó a cabo y la gran mayoría estuvo de acuerdo que el tren era benéfico para los lugares por donde este pasaría. Unas personas comentaron que todo estaba bien excepto a que no les fueran a destruir sus parcelas o que les faltara el agua para sus sembradíos, pero se les volvió a mostrar el mapa y se les explicó que quien fuera afectado recibiría otras tierras y se le apoyaría con subsidios en dinero, en semillas y en fertilizantes.

Y así se llegó a la conclusión de que el tren uniría a las poblaciones en cuanto a intercambio de productos y contactos de toda índole y la mayoría aceptó. Aquel grupo a quienes no quisieron escuchar se ha reunido infinidad de veces con los dirigentes de las poblaciones afectadas y explicaron que ellos no querían un tren que sólo fuera turístico. Ellos piden: escuelas bilingües para sus hijos, una universidad cerca de sus poblados, así como hospitales adecuados a las necesidades de los pueblos originarios, medios de comunicación como el internet, las redes telefónicas, la señal para su celulares, bancos donde depositar las remesas que mandan sus familiares al igual que las que les llega del gobierno, sin necesidad de caminar tantos kilómetros y llegar a usar los bancos que se quedan con la mitad de lo que les mandan, que dicen que tienen que comprar en la tienda del mismo banco todas esas cosas inútiles que no necesitan.

También saben que los terrenos por donde va a pasar el tren están preparados para la nueva zona industrial en los que ya están listas más de las quince estacio nes que se planearon originalmente, luego subieron a 17 y seguramente serán más ya que las industrias que indudablemente le van a hacer un bien a la economía del País, pues van a traer miles de empleos, de impuestos a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) van a beneficiar a la ciudadanía en general. Sin embargo, los originales desean ser parte del México actual, no pertenecer al mundo de las artesanías mexicanas, dispuestos a tomarse la foto con el extranjero o el mexicano por una propina.

Estamos de acuerdo que tienen su propia cultura y su propio lenguaje, pero la cultura no sólo son sus tradiciones, las que son muy respetables, sino la cultura, al igual que la enseñanza que se aprende en la escuela, en los libros, en la historia, en los diferentes idiomas es parte integral de la cultura de miles de mexicanos Y si a esos grupos de originarios, que ahora se les llama indígenas, no les permitimos entrar a nuestro ( enorme mundo racista), siempre serán indios y jamás conocerán otras tradiciones y otras culturas más que las propias, apartadas del resto del planeta. Tampoco quieren que empiecen a llegar los hoteles de lujo, que vayan a cambiar el uso de suelo, que entren los desarrolladores con sus enormes edificios, centros comerciales, tipo Santa Fe o Cancún, adueñándose poco a poco de las lagunas, los ríos, les compren sus parcelas a los antes campesinos, sequen los cenotes a nombre del desarrollo, mientras los indígenas se siguen empobreciendo hasta que ya no haya espacio adonde quepan y los tengamos que meter en guetos o en reservas tipo gringo.

El camino que muchos ciudadanos incluyendo al gobierno de México se está pavimentando entre todos, en especial en el sureste el cual, después de tanto tenerlo olvidado y separado del gobierno central finalmente se integrará nuestra Nación y las tres partes: el gobierno federal, la población directamente interesada y la ciudadanía del resto de México, a las que hay que informar plenamente y que sean parte, no de la construcción del mismo tren, sino sobres las peticiones y planteamientos que los pobladores de que esa obra llevarán a beneficiar o a perjudicar al País en general. México no sólo es el turismo que llega a Cancún, a La Rivera Maya y a la zona arqueológica, sino el País en su conjunto.

 

RAFAEL BENABIB

rafaelbenabib@hotmail.com