Al llegar a la comida mensual de la generación de la preparatoria, Esteban escuchó extrañado como sus compañeros departían alegremente sin los insultos y palabras malsonantes de meses atrás, llamándole la atención el que seguían hablando de política, pero con calma y sin aspavientos, comentando sobre las elecciones recién efectuadas en todo el País.
Las señoras susurraban entre sí y los hombres expresaban su punto de vista de cómo había sucedido lo que casi nadie esperaba: una contienda agresiva, robo de urnas, muertes en las casillas, quema de boletas y buscabullas empujando a la gente con la intervención de la policía, pero no fue así. Los comicios se sucedieron sin violencia, y aunque las votaciones fueron pacíficas, la gente no dejaba de estar esperando alguna reacción exterior fuera de lo normal.
Se escuchó a Oscar Prendes decir que se alegraba que hubiese ganado López Obrador, pues era el primer político que había triunfado gracias a la mayoría de la población y que si se pensaba que en México no hay democracia. “Ahora se le acaba de demostrar que la hay y que los mexicanos acabamos de tener una de las elecciones más democráticas que muchos que dicen defender la misma ya la quisieran tener una vez en la vida”, concluyó.
Y así, entre escépticos, moderados, entusiastas y pesimistas, continuo la plática, pero ya sin la tensión que se había sentido durante más de un año de especulaciones, bombardeos mediáticos, acusaciones de un partido político a otro y en la completa inseguridad de lo que iría a suceder el día de las elecciones, pues ni siquiera se sabía quiénes eran los contendientes con la  excepción de López Obrador, que llevaba más de dos sexenios en campaña.   

Ni se crean que va a sacar a México de la pobreza, falta de empleo, dependencia de los Estados Unidos y de las carencias que día a día hemos estando sufriendo. Tenemos 500 años de ser esclavos y no creo que nos pueda sacar de esa realidad. Pienso que todos los políticos son iguales y en cualquier momento este cae en la tentación y al final del sexenio ya lo tendremos descansando en alguna isla paradisiaca del cercano oriente.

¿Y cómo le va a hacer López Obrador para que no seamos corruptos si eso lo traemos en la sangre? ¡Todo en nuestro País es corrupción! Si le robas a alguien te arreglas con el policía o con el juez y rápido sales libre, si te roban en el banco no hay con quien quejarse porque te va a costar más de lo que te robaron.
Es mentira que los mexicanos somos corruptos. Volteen a ver a su compañero a ver si no es una persona honrada. La corrupción no es de nacimiento, sino es una costumbre aprendida según el ambiente y la educación que se reciba. Si no nos enseñan civismo en la primaria, jamás vamos a saber lo que es ética, principios, honradez y nunca vamos a saber cómo comportarnos con nuestros semejantes.
Jamás es tarde para aprender. Al ver un semáforo en alto, si no hay autos te pasas sin respetarlo. El policía de tránsito te multa, pero sabes que con un billete te ahorras diez veces lo que pagarías en las oficinas de la policía, además de perder medio día. La corrupción no está en el policía, ni en la multa, sino en pasarse el alto porque no te enseñaron civismo.

¿Por qué no te pasas un alto cuando manejas en Estados Unidos?, pues porque ahí te multan y no hay forma de “arreglarse” con el policía o sea que tienes que pagar 200 o más dólares por haber cometido esa infracción. Y no es que ellos sean más honrados que nosotros, sino que al policía lo corren o encarcelan si toma ese dinero y aquí se lo reparten con los jefes porque no saben civismo, ni tienen miedo de ser encarcelados porque los jefes son cómplices.

Para que el policía no sea corrupto, su jefe tiene que dejar de serlo y desde el director, hasta el presidente de la república. Si el presidente no es corrupto, no va a permitir que sus subalternos, porque los mete a la cárcel.
Se puede aprender a respetar la Ley como los taxistas, a quienes la policía acostumbró a usar el cinturón de seguridad y no hablar por celular mientras se está manejando porque los multan. Para ellos el cinturón ya es en automático. Ahora, estén o no los de tránsito, el taxista ya se acostumbró a ponerse el cinturón. Y así será con el resto de la gente.

Eso es lo que pregona López Obrador, además de haberlo comprobado durante el sexenio en el que fue jefe de gobierno, donde no se robó nada, y cuando unos corruptos agarraron dinero los metió a la cárcel y al salir los corrió. Dejó al Distrito Federal sin deudas, construyó una universidad, varias preparatorias, los criticados segundos pisos tan aplaudidos hoy en día, etc., y el pueblo está esperanzado que haga lo mismo con el resto del País.

Se va a reunir con su gabinete todos los días a las seis de la mañana como lo hizo en la Ciudad de México, se va a reunir con los gobernadores cada mes a ver cómo va el Federalismo. Los empresarios admiten estar de acuerdo con su plan de gobierno, ha recibido el beneplácito de casi todos los gobiernos del mundo y cada vez que lo aceptan más, es mayor su responsabilidad de cumplir con cada una de sus promesas. De hecho, ya están de acuerdo los empresarios y López Obrador.
Promete que tratará que la relación con Estados Unidos sea más amistosa, benéfica para ambos países y sobre todo, que no se afecte la soberanía ni de México ni de Estados Unidos. Se ampliará el Tratado de Libre Comercio, se la migración, el comercio y todas las relaciones serán de buena voluntad  
Esteban sintió la tranquilidad de sus compañeros. La tensión y el temor habían desaparecido desde el final de la contienda electoral y, aunque siguen habiendo muchos interrogantes, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, se merece que el pueblo le dé una oportunidad, porque si nos falla, entonces si se va a soltar el tigre.

Por: Rafael Benabib / [email protected]

 

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