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Cuernavaca, MORELOS.- El alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo, ha puesto una barrera entre su función como servidor público y la cercanía que debe tener con los ciudadanos, a través de los miembros del Ejército Mexicano que resguardan su seguridad, como se evidenció ayer, cuando junto con sus principales colaboradores, aprovechó ese resguardo, para huir de reclamos de grupos vulnerables que reclaman su apoyo para que elimine cobros onerosos en el pago del predial.
Elementos humanos y materiales de la milicia están siendo utilizados no para resguardar al presidente municipal de Cuernavaca, sino para que pueda evadir sus responsabilidades a las que se comprometió. “La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), está para defender la soberanía del país, no para que el alcalde evada a los ciudadanos, o para proteger su vehículo”, señalaban quienes ayer se manifestaban de forma pacífica con la única intención de que, en uso de sus facultades, el alcalde otorgara estímulos económicos a los que menos tienen, a través de una solicitud al Congreso para modificar la Ley de Ingresos de Cuernavaca.
Blanco Bravo es el único de los 33 alcaldes que goza de ese privilegio, pero cuya actuación, ayer fue mal interpretada por él o sus colaboradores cercanos, ya que utilizaron al los soldados para evitar que los ciudadanos ingresaran al edificio municipal.

Todo en calma
Al filo de las 9:13 horas de ayer, Cuauhtémoc Blanco arribó con sus escoltas personales y del Ejército a las instalaciones del Ayuntamiento, todo hacía pensar que sería un día tranquilo para el ex futbolista, a quien se acercaron algunos niños y sus familias para solicitarle la foto y firma de balones.
Subió a su oficina, bajó minutos más tarde para encabezar la sesión de Cabildo, donde recibió reclamos por su falta de actuación en contra de sus colaboradores que no atienden ni a los regidores que son sus consejeros para atender las principales demandas ciudadanas; antes, el secretario del Ayuntamiento, Roberto Yáñez, le dijo que no había que preocuparse por los ‘viejitos’ que un día antes se habían manifestado y que amenazaban con regresar todos los dias. 

La protesta
Todavía en sesión de Cabildo, cuando el regidor Jorge Pallares tomaba la palabra en el punto de asuntos generales, el coordinador de asesores del edil, Enrique Paredes Sotelo, se acercó a Blanco Bravo y le susurró algo al oído, luego salió del recinto, y minutos más tarde regresó, pocos lo notaron, pero dio pie para saber qué algo pasaba afuera.
Antes de finalizar la sesión edilicia, afuera se presentaba un hecho inédito en la historia del Ayuntamiento capitalino, una de las camionetas del ejército que resguardan al alcalde estaba estacionada justo frente a la puerta de acceso a la calle Netzahuacóyotl, el portón a medio cerrar y afuera los ciudadanos que pedían audiencia con el alcalde, luego el chófer-escolta del ex futbolista trató de sacar la camioneta de su patrón, pero una valla humana lo impidió.
Se dieron algunos empujones, no violentos, donde tanto los miembros del ejército y manifestantes pensaban que ya iba el alcalde, pero era el anzuelo en que todos cayeron, incluso los soldados.

La huida
Mientras se daba el desencuentro entre escoltas civiles y militares del presidente municipal en el portón de la calle Netzahuacóyotl, apenas 30 metros hacia el sur, en la misma vialidad, Cuauhtémoc Blanco salió del edificio municipal, cruzó la calle, ingresó al Balbeck, sede de la presidencia municipal en la gestión de Jorge Morales Barud, y llegó a la calle Galeana, donde ya lo esperaban para emprender la huida.
Los inconformes  dijeron que levantarían una queja ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos (CDHEM), para que se evite una confrontación de mayores consecuencias.

El plantón
Durante el primer día de protesta (martes), los ciudadanos inconformes con el incremento a la tarifa mínima del predial hicieron plantón al interior del edificio municipal, luego del desaire del alcalde, ayer se plantaron en las calles Motolinia y Netzahuacóyotl, y señalaron que ahí será la protesta todos los días de 10 a 15 horas, hasta que el alcalde se digne a recibirlos. 

Muralla. Elementos del Ejército impidieron a adultos mayores ingresar al Ayuntamiento.

La ‘finta’. Manifestantes y la propia guardia personal del alcalde pensaron que éste iba en su camioneta, pero ya había salido del lugar por la puerta trasera.

 

Por: Rogelio Ortega  /   [email protected]