Cuernavaca, Morelos.- La fuerza del Festival de la Memoria Documental Iberoamericano (FMDI) que, contra todos los malos pronósticos, llega a su 10ª edición, radica en el público y los creadores, responde con un dejo de nostalgia el director fundador, Alejandro Quesnel Mariña, al pedirle que nos explique cómo un festival independiente de estas características y alcances ha sobrevivido a través de una década.

De Tepoztlán para el mundo. el FMDI nació en 2007 en este lugar, al que Quesnel Mariña visualizó como la ventana perfecta para el trabajo de los documentalistas.

Que el llamado “patito feo” del cine se reivindicara en un escenario que tendría como telón de fondo el Cerro del Tepozteco.

“A la falta de foros, se nos ocurrió hacer un festival para que no sólo nosotros, sino todos los documentalistas, tuvieran una vitrina para dar a conocer su trabajo”, empieza a contar.

No ha sido fácil, ni siquiera cuando contaron con el apoyo financiero del gobierno local tepozteco y de instituciones como la Fundación Bancomer y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), que para la segunda edición ya habían desaparecido.

La idea de que el pueblo de Tepoztlán fuera la sede también se esfumó y para la segunda edición ya se había mudado a Cuernavaca, con el apoyo del entonces Instituto de Cultura del Estado, ahora convertido en Secretaría.

“En su inicio, era llevar el documental a los pueblos, sacarlo de las grandes ciudades y acercarlo a la gente, para que conozca la situación de Iberoamérica: España y Latinoamérica. Que se den cuenta que los problemas son en todos lados, menos, iguales o peores”, refiere el entrevistado.

En sus inicios, la selección se lograba por convocatoria, pero no funcionó porque llegaban trabajos de todo tipo, desde buenos a malos, de excelentes a incompletos.

Las críticas no faltaron y hubo necesidad de replantear la selección, sobre todo la oficial, porque, como todo buen festival que se precie de serlo, los participantes se disputan un premio: el “Julio Pliego” y la estatuilla “Zapata”.

“Por el tamaño del festival, que es más bien chico, decidimos hacerlo por invitación para tener una selección exquisita”, señala con interés Alejandro Quesnel.

El festival tiene ahora tres secciones: Memoria, Arte y Documental Mexicano.

“La sección Documental Mexicano es prácticamente nueva, para darle más entrada específica al documental mexicano, y nos ha funcionado muy bien. Se agarran del chongo porque son muy buenos”, explica sobre lo que está reservado para el jurado.

Para ser un proyecto totalmente independiente, cumplir 10 años ha sido un verdadero reto y, como muchas cosas que suenan a “arte” y poco lucrativas, algo muy difícil.

“La continuidad ha sido la parte más difícil porque no cobramos, son festivales sin fines de lucro, recurrimos a los apoyos de la dependencias, como la Secretaría de Cultura de Morelos”, señala al considerar que la continuidad también les ha permitido avanzar en el objetivo de origen que fue, crear un público para el documental.

Por: ANTONIETA SÁNCHEZ
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