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Cuernavaca, Morelos. El cónsul de Chile en México, Pablo Neruda, fue vícitma de una artero ataque por parte de un grupo de simpatizantes nazis, la tarde del domingo (28 de diciembre de 1941), mientras departía con algunos amigos en el Hotel Parque Amatlán.
A sólo un par de semanas del ataque a Pearl Harbor por parte de fuerzas japonesas, acontecimiento que ha propiciado la entrada en la Segunda Guerra Mundial de los Estados Unidos, la capital de Morelos ha sido escenario de una “batalla” cuyas raíces son la enemistad de los bandos en conflicto.
El también poeta se hallaba en su mesa compartiendo las últimas noticias de la conflagración en compañía de Enrique Délano, entre otros amigos más, y su mujer, Maria Antonieta Hagenaar Vogelzang, cuando en el brindis ensalzaron a los presidentes de México y Estados Unidos, Manuel Ávila Camacho y Franklin. D. Roosevelt, respectivamente.
En ese momento, un grupo de ocho a 10 alemanes se levantaron de sus asientos, en una mesa contigua, realizaron el saludo nazi y arremetieron contra la comitiva, armados con sillas y laques.
El bando del poeta se defendió como pudo, con sillas y a puño limpio; sin embargo, Neruda fue alcanzado por uno de estos objetos contundentes en la cabeza, ocasionándole una seria herida, de unos 12 centímetros de largo, según los últimos reportes médicos, por la cual escurrió una gran cantidad de sangre.
Al ver a Neruda bañado en sangre, según el testimonio del propio poeta, y escuchar las sirenas de la policía, los agresores huyeron por una puerta trasera, ayudados por el dueño del hotel, el alemán Roberto Kabler.
Ha trascendido que los agresores forman parte del movimiento pro nazi conocido como la Quinta Columna, mediante el cual el Reich pretende ampliar su influencia y dominación del territorio americano, con el objetivo de aprovechar los recursos naturales de esta vasta tierra, y que el Hotel Puente Amatlán es uno de los focos de reunión de estos hombres.