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Ocuituco, MORELOS.- En el Estado de Morelos no son muchos los poblados que pueden presumir la maravillosa fertilidad que posee un poblado histórico y estratégico en la época de la Revolución Mexicana: Xumiltepetl nombre formado por las voces HUMILLI  (insecto) y TEPETL (cerro o lugar), que se traduce en Cerro de los Jumiles, en donde por cierto no existen Jumiles, porque este insecto es propio de tierra caliente, y el clima de este gran poblado es húmedo, templado con inviernos fríos y secos; dicen aquí que si existe una especie más grande, de color  café más oscuro pero no es comestible.
Según los oriundos y estudiosos de las raíces como don Heberto Escobar, el indiscutible profesor Gregorio Ayala y el desaparecido padre de la educación primaria en Jumil, el señor Proceso Sánchez, que este pueblo es presumiblemente el más antiguo  del Estado de Morelos; fundado por los olmecas era el enlace que dividía a  Teotihuacán, sede del imperio azteca y Tamoanchan, hoy Estado de Morelos, y se trata de el último sobreviviente de la cultura olmeca, el umbral que conducía al  maravilloso mundo morelense, también llamado “La Mansión de los Dioses” o “Donde los Hombres Vienen a este Mundo”. Esto del año 1100 hasta la llegada de los españoles a este lugar en 1521.

La principal iglesia en Jumil es la parroquia de San Andrés Apóstol, ubicada en el centro del pueblo, construida en 1551, y en la parte trasera de este templo se encuentra una nave donde  el General Otilio Montaño inició la redacción del Plan de Ayala.. Jumiltepec sirvió de vivienda ocasional al Gral, Emiliano Zapata, proporcionada esta por el Gral. Agustín Cázarez, nativo del lugar y su hermano Porfirio, quien fue el encargado de trasladar el documento, ya redactado, para su impresión clandestina en el Distrito Federal.

La cima del cerro Xumiltepetl servía como punta de vigilancia para los zapatistas, y cuando se divisaban  las tropas federales, los vigilantes corrían al centro del pueblo para que todo mundo se escondiera en las cuevas cercanas al cerro y “los pelones” encontraban desolado el lugar. Aquí mismo, en esta cima se edificó la bellísima Capilla de Sacromonte consagrada a la Virgen de la Candelaria en 1646, Santa Patrona del pueblo.

BRILLA LA COLINA DEL SACROMONTE, ES DE ORO
d Dos kilómetros arriba del centro de Jumiltepec, se encuentra la colina del Sacromonte, donde se edificó la parroquia en donde se venera a la Virgen de la Candelaria desde 1646, año en que se le apareció a una indita, quien de inmediato corrió con las autoridades eclesiásticas y se edificó el templo en una cima que en años de la Revolución Mexicana sirvió para divisar a las tropas federales, pues es también un mirador donde se reúnen familias enteras para disfrutar un ambiente fantástico, la vista y el clima la hacen convertirse en eso, en una fantasía.
Como en algunas otras parroquias de Morelos, el sacerdote oficia su misa en Latin y las mujeres deben entrar por el lado derecho a la capilla, con la cabeza cubierta y en falda larga, el cura ordena un no rotundo al pantalón, mientras que los hombres. Deben entrar por el lado izquierdo con la cabeza descubierta. Dicen los vecinos más antiguos que los motivos dorados de la portada de esta parroquia que se ha utilizado pintura de oro, con un costo altísimo, pero que eso es un orgullo de los habitantes y fieles, un rincón extraordinario, como pocos en el Estado de Morelos.

Tierra de arraigo y tradiciones
Es importante que los vecinos afirman que aquí no hay ‘grafiteros’, la delincuencia es mínima y la emigración de jóvenes a los Estados Unidos se ha detenido; dicen que ahora es al revés, muchos jóvenes regresan a la tierra que los vio nacer y, orgullosos se dedican a la agricultura, pues es Jumiltepec un gran productor de aguacate, durazno, maíz y miel, además de otros frutos.
Una de las tradiciones más arraigadas en Jumil es el respeto a los muertos, cuando una persona muere, el pueblo se vuelca en apoyo a los deudos, las lores abundan, la comida para los asistentes, el pan, frijol y cigarros, además de ceras para el sepelio, no faltan por parte de los pobladores, y se acentúa todavía más cuando el que fallece es un joven que no rebasa los 25 años, para todos es una tragedia y un dolor que absorben como si el difunto fuera de su familia.
En esta tierra, la población de fauna es mediana, gracias a la exuberante vegetación; todavía se dejan ver la ardilla, el tejón, las serpientes y los coyotes, esta última especie tiende a extinguirse debido al poco cuidado que se tiene por la preservación. El coyote es raro, dicen los vecinos, cuando se escucha el aullido lejos, es que el animal está cerca, y cuando se escucha cerca, es que se encuentra en un punto alejado. El orden y el respeto son fundamentales en Jumil para seguir superando las sinuosidades que conlleva el crecimiento urbano, y los Dioses de aquí lo saben y lo practican.
Por Staff DDM

Por: DDM Staff
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