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Mientras los ojos del mundo están fijados en Texas y los discursos mediáticos de Trump, millones de personas están sufriendo los efectos de las inundaciones en el sur del continente asiático.

En India, Bangladesh y Nepal las inundaciones son comunes. Sobre todo en la temporada de monzón y de lluvias que se da entre julio y octubre todos los años.

Pero las lluvias de este año no fueron normales. De hecho, los expertos señalan que se trata de la peor caída de precipitaciones en décadas. Corinne Ambler, trabajadora de la Cruz Roja en Bangladesh, dijo a la BBC que estas inundaciones eran “las peores en 40 años”:

Creo que en el resto del mundo la gente no tiene idea de la escala de este desastre: 8,6 millones de personas han sido afectadas, tres cuartos de un millón de casas destruidas o dañadas. Es enorme”

Y Amber sólo estaba hablando de Bangladesh… Porque en todo el sureste asiático las lluvias ha causado ya millones de damnificados. Según cálculos de la ONU y diferentes organizaciones, entre 16 y 41 millones de personas han sido afectadas por las inundaciones.

Se calcula también que más de mil 200 personas han fallecido en las distintas regiones afectadas por este fenómeno climático extremo.

A pesar de que un huracán se considera como un fenómeno natural mucho más poderoso que un monzón, la infraestructura de Estados Unidos es muchísimo más sólida que la de los países asiáticos afectados.

Es por eso que, en Texa y Luisiana, a pesar de los más de 10 mil desplazados, se cuentan, por fortuna, solamente de 13 a 30 muertos. Mientras, únicamente en el estado indio de Bihar, han muerto más de 500 personas.

Muchas veces no se trata de la magnitud de un fenómeno natural sino de la capacidad que tiene un país para soportarlo. De cualquier forma, la prensa en occidente ha preferido reportar sobre la tragedia en Texas que sobre la masiva tragedia que se está viviendo ahora en el sureste asiático. Y eso, sin duda, es una triste reacción ante la realidad de todo el sufrimiento humano.