Con un olor característico y colores inigualables, que van del amarillo intenso hasta el anaranjado, la flor de cempasúchil se hace presente año con año en los altares que se colocan en las hogares para recordar a los difuntos, tradición mexicana que se celebra el 1 y 2 de noviembre en México.

Cultivada en la zona rural de la Ciudad de México, tanto en invernaderos como a cielo abierto productores de las delegaciones Milpa Alta, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco inician la siembra entre los meses de junio y agosto, a fin de que esté lista para el Día Muertos.

Esta planta pertenece a las especies tagetes erecta y tagetes patula, cuya palabra proviene del náhuatl cempoaxóchitl, (muchas flores).

Su cultivo se realiza en condiciones cálidas, semicálidas, secas y templadas; florece durante toda la temporada de verano y otoño.

En este año, el gobierno capitalino apoya y promueve la comercialización de lo que se produce en la zona rural de la capital, como una forma de reactivar la economía después de las inundaciones y los sismos.

Al año, la producción de esta flor es de casi un millón 170 mil plantas en nueve hectáreas, de donde se obtienen 18 mil 50 flores.

La Secretaría de Agricultura menciona que de acuerdo con el uso ritual que se le da al cempasúchil, se tiene la creencia de que sus pétalos iluminan el camino de las almas que visitan a sus familiares en este festejo; otros dicen que su olor es el que las guía hacia su hogar, en el que los espera un banquete en un altar dedicado a su memoria.

En México se registra una producción anual que supera las nueve mil toneladas con un valor de producción de más de 89 millones de pesos. Puebla es el principal productor de esta flor.