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Los escándalos; así como los dimes y diretes, son el pan de cada día en el balompié mexicano. Parafraseando al cantautor de la música guapachosa Miky Laure son “como la cosecha de mujeres, que nunca se acaban”.
Esto viene a cuenta por el problemón en que se encuentra metido mi estimado Rafa Márquez a quien le profeso admiración y cariño; toda vez que, tuve el gusto de pitarle en muchas ocasiones constatando muy de cerca la enorme calidad balompédica que posee; así como, su don de gentes.
La noticia se extendió como reguero de pólvora, el Departamento del Tesoro del vecino país del norte lo vincula con personajes de alto tonelaje ligados al narco.
Fue mediante una breve conferencia de prensa que el capitán de la Selección negó rotundamente las acusaciones; sin embargo, hubieron varias cosas que llamaron mi atención durante el acto. En primer lugar escapa a mi entendimiento que no haya sido acompañado por algún alto directivo del equipo rojinegro, quien con su presencia diera muestras incondicionales de apoyo y solidaridad; pero no fue así, lo dejaron morir solo. Del mismo modo me hubiera gustado que lo acompañara algún directivo de la FMF o de la liga Mx con el mismo propósito; pero también brillaron por su ausencia. Es más, hasta el momento de escribir estas líneas, ni el Atlas ni la Federación se han pronunciado al respecto.
Pienso que Márquez se equivocó mientras leía su comunicado al culpar a “las notas periodísticas” de su desgracia, cuando claramente fue la autoridad norteamericana la que lo señaló. ¡No te pelees con la cocinera querido Rafa!
Y no es que se le tache de narcotraficante, la cuestión es que se le acusa de lavado de dinero; es decir, en nueve empresas en las que él tiene participación, incluyendo la Fundación benéfica “Futbol y Corazón”, A.C., existen otros socios “medio mafiosillos” que han aportado capital de dudosa procedencia. Concretamente se le achaca ser amigo de Raúl Flores Hernández quien actualmente se encuentra detenido y sujeto a un proceso de extradición hacia los Estados Unidos. No dudo que logre limpiar su nombre; pero me parece que esto llevará su tiempo y no será de la noche a la mañana.
Sería una pena que una carrera futbolística tan longeva, prolífica y brillante llegue a terminar tan abruptamente y de esta inesperada manera. Todos soñábamos con verle jugar su quinta Copa del Mundo enfundado en la casaca verde. Por mi parte le hago patente mi solidaridad, le deseo que esta pesadilla termine lo más pronto posible y sin importar lo que pase… el gafete de capitán lo portará para siempre.
Cuando éramos niños, un tiempo vivimos en Guadalajara y mi mamá no nos dejaba, a mi hermano Arturo y a un servidor, juntarnos con Tota y Checho, unos vecinos a quienes consideraba una mala influencia para sus cachorros. Me parece que a la señora Márquez le faltó aconsejarle a su hijo que “no se juntara con… Tota y Checho”.

Por Eduardo Brizio

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