Mencionados los arzobispos de Puebla, Víctor Sánchez Espinoza, de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes, y de Monterrey, Rogelio Cabrera López, así como el obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro como posibles candidatos para relevar al cardenal Norberto Rivera Carrera, quien al cumplir 75 años de edad el 6 de este mes y de acuerdo al Código de Derecho Canónico debe presentar su renuncia, Ramón se auto descartó. En esta contienda no participa, pero sí en cuestiones políticas, oficiada por él mismo una misa el jueves anterior en el  panteón Pedro Amaro de Jojutla, en donde al final de la ceremonia pidió a los feligreses un aplauso para el rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alejandro Vera Jiménez; el alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco Bravo; el vocero de la Coordinadora de Movimientos Ciudadanos de Morelos, Gerardo Becerra Chávez de Ita, y Javier Sicilia, funcionario de la propia casa de estudios. Castro soltó el báculo, y señalándolos con la mirada pretextó: “No digo sus nombres, porque me voy a comprometer y luego hasta me meten a la cárcel, pero vamos a darles un aplauso fuerte, por favor”. O sea, a los enemigos del gobernador Graco Ramírez. Reincidentes y denunciadas, las violaciones del dirigente de la Diócesis de Cuernavaca al artículo 130 constitucional que establece la separación Iglesia-Estado son del conocimiento de la Secretaría de Gobernación; pero el secretario Miguel Ángel Osorio Chong voltea para otro lado. En este marco de desobediencia a la ley civil, el Obispo habla de muchas cosas que considera o de hecho son injustas, pero no sobre temas incómodos para los altos dignatarios de la Iglesia Católica. Uno entre otros, de la figura de Norberto Carrera, polémica, controversial, reputado como protector de sacerdotes pederastas, y  particularmente en el caso del padre Nicolás Aguilar Rivera que, hasta hoy día impune desde los ochenta, fue acusado de haber abusado sexualmente de niños en el estado de Puebla. La historia del “Padre Joaquín”, como pronto se hizo famoso, por años ha sido motivo de reportajes en periódicos de México y el extranjero. Del texto publicado el 16 de noviembre de 2006 en “La Jornada” bajo la firma de Sanjuana Martínez son estos enunciados: “Ustedes olvidarán pronto lo que les hizo el padre Nicolás Aguilar Rivera. Al rato, ya ni se acordarán. Deben saber perdonarlo. El padre es un hombre enfermo”. Con esta frase el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de la ciudad de México, intentó convencer a las víctimas del cura pederasta para que guardaran el secreto y no acudieran a las autoridades a denunciarlo, luego de que el presbítero violó a más de 60 niños de la Sierra Negra de Puebla. “Por supuesto nunca olvidé lo que me hizo”, dice en entrevista Sergio Sánchez Merino, quien fue víctima de abuso sexual por Nicolás Aguilar cuando tenía 12 años. En noviembre de 1997 se entrevistó con el cardenal Rivera para denunciar la conducta criminal del presbítero, pero el purpurado decidió “proteger a su subordinado, en lugar de a los niños”, afirma. Sergio vive ahora en Cary, Carolina del Norte. La intervención de Rivera Carrera fue decisiva para dejar impunes los crímenes de Aguilar Rivera, quien aún ostenta su ministerio sacerdotal y vive tranquilamente entre Puebla y Morelos. En 1997, el purpurado ya había dejado el cargo de obispo de Tehuacán, Puebla, que ocupó durante la siguiente década hasta que el 13 de junio de ese año en que fue nombrado arzobispo primado de México… El mismo Ramón Castro se vio involucrado en un caso de sacerdotes pederastas cuando fue obispo de Campeche, entre 2006 y 2013. La víctima, Luis Felipe Yzquierdo Cundafe, entonces un misionero de 16 años, acusó a un grupo de sacerdotes de haberlo violado durante dos años en la Parroquia de la Divina Providencia, la Casa Parroquial de Hecelchakán y la Casa Parroquial del Sagrado Corazón de Jesús. Al cabo emigrado a Santiago de Chile, antes Luis Felipe emprendió un juicio civil por daño moral y psicológico en el que declaró que se acercó al obispo Castro, pero que en lugar de que éste actuara en contra de los presuntos violadores, su “solución” fue cambiarlo de parroquia y ofrecerle dinero para que guardara silencio… Las malquerencias de Ramón con Graco son por otras cosas y la aprobación del Congreso Estatal al matrimonio entre personas del mismo sexo que, si es pecado es para el dogmatismo del Obispo, pecado imperdonable, gravísimo, atroz lo es la pederastia… ME LEEN MAÑANA. 

Por José Manuel Pérez Durán

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