Después de que la mañana del martes 21 de junio la Compañía de Jesús informó sobre el asesinato de dos de sus sacerdotes y otra persona dentro de una iglesia ubicada en el poblado de Cherocahui, en el estado de Chihuahua, las exigencias de justicia, las condenas por la espiral de violencia que se vive en el País y los cuestionamientos por el accionar por parte del gobierno ante esta crisis que parece no tener fin no han cesado.

Si bien es cierto que la percepción de que el crimen organizado luce más desbocado que antes y con tintes retadores ante una posible inacción por parte del gobierno para ponerles un alto, debemos analizar, fríamente, que la inseguridad que se vive en México no es algo que inicio en 2018, más bien es un tema añejo que se viene arrastrando desde administraciones anteriores que tampoco pudieron darle solución a algo que en la actualidad ha alcanzado niveles preocupantes.

Aunque la estrategia de ‘abrazos, no balazos’ que propone el Ejecutivo Federal pareciera que les da total libertad a los grupos criminales, mientras el gobierno solo observa cruzado de brazos, la realidad es que, a mí parecer, no se trata de eso. Sin embargo, también es cierto que es una estrategia a mediano o largo plazo y que tal vez no sea la más adecuada en estos momentos ante la urgencia de resultados inmediatos debido a la trágica realidad cotidiana. 

La política social emprendida por el presidente Andrés Manuel López Obrador para cooptar juventudes y alejarlos del camino del mal, debería ir de la mano de una política de seguridad responsable y eficaz que dé certeza y quite la sensación de que el Estado Mexicano ha sido rebasado, porque, a pesar del empoderamiento que se le ha dado al ejército en esta administración y a sabiendas de que la seguridad pública no es su responsabilidad, da la impresión de que el País está fuera de control.

Violencia genera más violencia, como dijo el Papa Francisco I, pero ante el clima de inseguridad e injusticia que se vive, son entendibles los reclamos desesperados por parte de las víctimas, voces genuinas que claman justicia a toda costa. Es necesario, cuanto antes, un proceso de construcción de paz en México, tarea en la que deben participar los tres órdenes de gobierno y la sociedad misma, olvidándose de colores e ideologías, para poder hacer frente a esta crisis social que se desbordó desde hace mucho tiempo atrás.  

No está de más decir que esto es a título personal.

Fuera de contexto: Hay un personaje externo a Morena que, con calzador, se quiere meter a la carrera por la gubernatura de Morelos. Fotos con el presidente y acudir a eventos que no tienen nada que ver con su Secretaría no lo van a poner en el ánimo de la militancia morenista en el Estado. No se equivoque. 

Por: Omar Arizmendi Hernández / opinión@diariodemorelos.com • Twitter: @om_arh22


Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.


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