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No mide más de 1.50 metros de estatura, su piel es muy blanca, de cuerpo “rellenito”, su mirada es tierna y serena y es el marco perfecto de sus mejillas redondas. Tiene 11 años, desde los 10 comenzó su vida sexual y hoy está embarazada.

De pantalones de mezclilla raídos, una blusa descuidada y sucia, chongo en el pelo y zapatos tenis, Rebeca espera su turno para ser atendida por el médico. Ya tiene siete meses de embarazo y de manera constante se le olvida que tiene que ir a que la revisen.

¿Embarazo riesgoso? ¿Problemas de salud a su corta edad? Nada de eso cruza por la mente de esta niña “güerumbosa”, como se les conoce a las personas de piel muy blanca en el norte del país.

Rebeca vive entre dos mundos, el de la niña de mirada tierna, serena y de las muñecas Barbie y el de compañera sexual de un hombre de 19 años. A veces no parece saber en cuál de ellos está.

Quizá por esa razón no le da la importancia debida a su estado.

“Aún ‘no le cae el veinte’ de la situación por la que está pasando”, dice una de las sicólogas que la entrevistó mientras esperaba turno en el Hospital Civil.

Aprieta sus pequeñas y blancas manos una contra otra mientras escucha, por un lado a una de las dos sicólogas y por el otro a las enfermeras que la regañan por no haber ido a consulta el mes pasado.

No, no es el resultado de una violación, quizá sí de un abuso sexual si se toma en cuenta su corta edad, pero Rebeca estaba consciente de lo que hacía. De hecho lo planeó.

“Ella nos dice que lo planeó, que quería tener un hijo con su novio de 19 años”, dice una de las sicólogas que forman parte del grupo de apoyo al programa Salud Integral del Adolescente.

Rebeca tampoco proviene de un hogar de extrema pobreza y aunque no se sabe con certeza, sí probablemente de un matrimonio que se ha roto por el desamor y hoy sus padres están divorciados.

Curiosamente, Rebeca no tiene la menor idea del riesgo que representa estar embarazada a tan corta edad. No acude con regularidad a su médico y cuando habla de su situación, ni siquiera lo hace de manera consciente.

“Es como si estuviera hablando de comerse unos tacos o tomarse una coca. No se pone nerviosa, no se angustia”, dice alarmada otra de las sicólogas.

El embarazo de Rebeca es de alto riesgo, como todos los de niñas entre 10 y 19 años y es también el resultado de la desinformación que surge en las redes sociales, en internet, en el cine, en la música que los adolescentes escuchan y de la falta de atención de los padres.

 

A las niñas como Rebeca nadie les habló de sexualidad, nadie les hizo entender los riesgos de no usar un método anticonceptivo. Ellas sólo hacen lo que su pareja les pide.

“Yo te voy a cuidar”, cuenta Rebeca que el muchacho le decía mientras sostenían relaciones.

El muchacho de 19 años evitaba eyacular dentro de Rebeca, pero en la mayoría de los casos, eso no funciona.

“Interrumpir el coito no basta. El líquido preseminal –el que surge antes de la relación— también contiene espermatozoides, también puede embarazar”, advierte Irene García Pallares, titular del programa Salud Integral del Adolescente.

Sólo en enero y febrero 35 chamacas de entre 10 y 19 años resultaron embarazadas y el año pasado fueron 578.

Esto significa que cada dos días, tres jovencitas de menos de 19 años resulta embarazada.

En 2015 fueron dos las niñas menores de 14 años que resultaron embarazadas y en los primeros dos meses de 2016 otra espera a su bebé y con Rebeca, que fue detectada en marzo, ya son dos.

Existe el temor de las autoridades de salud que la situación se ponga peor en marzo, pues el año pasado fue el mes en que más adolecentes resultaron embarazadas –60- y eso mismo podría pasar en 2016.

“Es el resultado del 14 de febrero”, detalla una de las sicólogas.

Información de “El Mañana de Nuevo Laredo”