1.
Una vez enterado Antonio Castellanos Basich del robo de la pieza de su autoría, titulada “Los hongos de la vida” me dijo este lunes por teléfono: “Ante el descuido de las autoridades, jajaja y ya abandonada la pieza, jajaja, los maleantes no tuvieron otra cosa que hacer que levantarlas y llevárselas jajaja. No hay nada más que declarar, jajaja. A diferencia de otras obras de carácter público y monumental que he realizado, esta pieza decorativa que costó 120 mil pesos, no rebasa los 10 mil en bronce, material que la conforma. Eso nos habla de la cultura de la gente en la época en la que vivimos”. 

He de decirle, querido lector y lectora, que la risa del reconocido escultor más que hacernos pensar en su buen sentido del humor, debería causarnos harta comezón en la consciencia: lo que le ha venido sucediendo al patrimonio recientemente no es cosa menor. Recuerde usted que en días pasados se informó de la desaparición de las 4 piezas que rodeaban al llamado “Zapatita” de Miguel Michel y que antes de eso, al principio del sexenio fue destrozada la escultura ecuestre que representaba al General José María Morelos y Pavón, ubicada en el inicio de la carretera federal México Cuernavaca, elaborada por Ernesto Tamariz, Artemio Silva y Eduardo Tamariz.  

Además de eso, el Maestro Víctor Contreras retiró una pieza de su autoría ubicada en El Polvorín porque estaba muy maltratada; el Cortés de Sebastián Aparicio fue removido (después de haber sido pintado de azul alberca) de la Colonia Lomas de Cortés porque seguimos sin digerir la Conquista Española y por si fuera poco, al mismo Toño Castellanos casi le da un ataque al corazón (aquella vez sí se enojó mucho), porque le maquillaron (en un lamentable intento de restauración) al Humboldt de su autoría, ubicado frente a la catedral (ese en cuyo pedestal recargan menús de restaurant).
 
2.
Valga aclarar que la pieza de la que hoy hablamos -misma que salió publicada en este diario ayer con un pie de foto que daba el crédito erróneamente al escultor PAL Kepenyes- fue donada en 2007 por la escritora y coleccionista Laura Fernández McGregor para ser colocada en la alberca de la entonces nueva sede del Ayuntamiento, en el Antiguo Hotel Papagayo, ubicado en el centro de la ciudad, eran los tiempos de Jesús Giles como presidente municipal.

Lamentablemente, a la señora Fernández Mc Gregor Maza, quien también donó una escultura de Miriam Pérez y otra de Carlos Piñar para la ciudad le quedan pocas ganas de seguir siendo generosa: “Estos actos lejos de estimular el coleccionismo, desalientan a los donadores y a los ciudadanos. Ojalá que encuentren a los maleantes. Después de lo sucedido me siento más contenta de haber contribuido a enriquecer las colecciones del Museo Soumaya, sé que allí estarán más resguardadas y conservadas las obras artísticas que en la ciudad”.

3.
Con respecto al uso político de la escultura -se dice gobierno estatal y municipal se andan “agarrando a esculturazos”- he de recordarle que la costumbre tiene sus antecedentes en la antigüedad, pues los mandamases romanos ya se daban de catorrazos representándose al estilo máscara contra cabellera en dignos altorrelieves como los de la Columna Trajana y que los mayas hicieron lo propio en sus hermosas estelas.  Pero eso es una cosa y otra es el trancazo que le pusieron en la nariz a la esfinge egipcia los napoleónicos soldaditos o lo sucedido a las esculturas urbanas en Afganistán, aunque aquí no cantamos mal las rancheras, recuerde usted que ya hubo, en 1934, quien arrastró y decapitó a la Virgen del Calvario estando de paso por la ciudad. 

De comprobarse qué hay mano negra detrás de todo esto y no se trata solo de simples rateros necesitados de bronce para subsistir, de comprobarse que se está dando un uso perverso al patrimonio, una vez hecho público el resultado de las averiguaciones en turno (hoy Hugo Juárez, director del Instituto de Cultura de Cuernavaca dio fe del asunto “desaparición de los Hongos de Castellanos” en acta circunstanciada numero 2), habremos de preguntarnos los cuernavaquenses, como El Chapulín Colorado: “Oh! ¿Y ahora, quién podrá defendernos”? FIN

 

Por María helena Noval

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