Gentil dama, conocida por toda la sociedad de Cuernavaca y una mujer que ha marcado un hito en la historia de esta ciudad desde los años 40 del siglo pasado. Es Victoria Salazar Castro dueña de la tlapalería Salazar, a quien todos llaman Vicky. Nació el 7 de octubre de 1940 en la Ciudad de Cuernavaca en la calle Arista esquina con Guerrero.

Su padre fue Francisco Salazar Vázquez, quien tenía camiones de carga con los que transportaba alimentos desde las Grutas hasta la Merced. Su mamá fue Ignacia Castro Vicario, ama de casa. Cursó sus primeros estudios en la Escuela Santa Inés y en la Secundaria Federal No. Uno, regresando a la Santa Inés para estudiar Comercio. En 1957, comenzó a trabajar en la compañía Nacional de Drogas que estaba en la calle Rayón. La contrataron por tres meses y se quedó laborando durante tres años como jefa de Crédito y Cobranzas.

En 1960 entró a trabajar a la Agencia de Autos Chrysler, con el señor Bartholumeus como ayudante de contador. Recuerda que en la agencia se vendían las marcas Dodge, Fiat, Valiant, Plymounth, camiones De Soto y otros hermosos autos.

Se casó con Armando Ortiz Alarcón a quien conoció en una fiesta y esa misma noche le pidió que fueran novios. Su noviazgo duró 6 años y se casaron el 6 de junio de 1964 en la iglesia San José en El Calvario. Procrearon cuatro hijos: Armando, Francisco Javier, Victoria Eugenia y María Guadalupe. Armando es contador público y comerciante, Francisco es arquitecto, Victoria Eugenia es diseñadora gráfica y María Guadalupe le ayuda a su mamá en la casa. 

Cuando murió su papá, su esposo Armando continuó trabajando los camiones desde las Grutas hasta la Ciudad de México. Vicky tuvo 5 hermanas y cuando le preguntaban a su padre cómo se sentía el tener puras hijas, él contestaba que era una bendición y que estaba muy feliz; sólo que iba a desaparecer su apellido. “Mi padre se hubiera sentido muy orgulloso con saber que este se iba perpetuar con el nombre de la Tlapalería Salazar”, nos dice sonriendo. 

En agosto de 1974 compraron la Tlapalería La Suiza, la cual ya tenía cincuenta años de establecida en la calle Salazar esquina con Humboldt en el Puente de Amanalco. La tlapalería cambió de nombre por la calle de Salazar y por el apellido de Victoria (Vicky). Ahí trabajaron hasta septiembre de 1980 cuando el gobernador León Bejarano expropió la propiedad para poner el Registro Civil de Cuernavaca. Vicky y su marido, acababan de remodelar la propiedad, la cual era rentada, quedándose sin un centavo.

Vicky era amiga de Carmen Pérez Bello, quien le ayudó a hacerse cargo de la cafetería de CIDOC. Compraron el terreno contiguo a su casa donde construyeron la Tlapalería en la calle cuarta de Satélite, ahora Heliotropo esq. 12 de octubre, frente a Chedraui.

En la tienda trabajan don Armando, Lupita y Vicky quien es la contadora de la Tlapalería. A un costado está el negocio de pisos de su hijo Armando y en el otro la constructora de Francisco Javier.  

A Vicky le encantan las fiestas y el ir a bailar, pero no así a su marido. Le dice que se vaya con sus compañeras a gozar de las fiestas que ella desee. Sus amigas han sido: Ilda Gómez, Coco Carrillo, Carmen Sánchez, Estelita Jiménez, Marina Benedicto, Toña Albarrán, Ruth Castor, Tere y Almendra Campos, la Malicha Gómez, Zoila Nasser, Martha Aldave, Gloria Chacón y muchas más. Vicky fue presidenta de la junta de ex alumnas del Colegio Santa Inés; en dos ocasiones la nombraron presidenta de la federación de ex alumnas y Vicepresidenta de la Confederación de las mismas en la Ciudad de México.

Junto a Alicia Peña Méndez y Celia Hidalgo, fundaron la Quinta Guadalupe. Alicia y Celia fueron las inversionistas, mientras Vicky y Malicha se encargaban de organizar las colectas, hacer las tómbolas y las festividades con la ayuda de las monjas de la congregación. 

La Quinta Guadalupe es la Casa de Retiro de las ex alumnas Guadalupanas. Esta se encuentra en la calle Rufino Tamayo en la colonia Acapantzingo. Entre todas las amigas, hacían los desayunos anuales que cayeran en día domingo. Ella se hizo cargo de la primer kermes de las  ex alumnas en el que se recordaba el día De muertos, el primero de noviembre en la que cada quien aportaba alguna cosa alusiva para hacer una hermosa  ofrenda y las ganancias que se juntaban iban a beneficio de las obras de caridad de las Hermanas Guadalupanas.

Un día se fue con amigas a Querétaro a festejar los seis años del colegio de esa ciudad. Consiguieron seis trajes de chinelos, tomaron clases de baile para el “El Brinco” y se presentaron con esos trajes costosos que les prestaron en Tepoztlán. Ellas eran: Ilda Gómez, Celia Hidalgo, Coco Carrillo, Tere Villegas, Carmen Sánchez y Vicky Salazar.

Ha estado en la mesa directiva por más de treinta años y ahora la Madre Superiora de la Congregación  le dio un nombramiento de hermandad, gozando de todos los privilegios de las religiosas, de quienes recibió una medalla y un diploma de reconocimiento por la labor dentro de la congregación. Ella ha sido la única persona en Cuernavaca que ha recibido este premio. “No quiero cargos oficiales, pero siempre estaré para ayudarles en lo que me pidan”, aclara.

Vicky estuvo estudiando corte y confección durante 39 años en la escuela de Mary Flores, donde la mitad de Cuernavaca se mandaba hacer su vestido para esa importante ocasión.  Rememora que ella se hizo su propio vestido de novia, así como los de varias de sus amigas.

Junto a mucha gente de esta ciudad, Victoria Salazar nos muestra la importancia que ha tenido Cuernavaca en la vida reciente de más de medio siglo, en la que Vicky es una de sus principales personajes.

Semblanzas de Morelos
Rafael Benabib
[email protected]

TAGS EN ESTA NOTA:



Loading...