Cuenta que trabajando como mesero en un restaurante, conoció a una joven que acompañada de otras tres amigas reían alegremente cuando Víctor García Pérez, el mesero, fue a atenderlas con su gran sonrisa. La última en pedir se llamaba María de Lourdes Flores, quien le devolvió el gesto y se gustaron mutuamente. Las muchachas lo tomaron a chusca, logrando que la joven enrojeciera. Tiempo después se hicieron novios. Víctor y María de Lourdes contrajeron matrimonio y procrearon dos hijos: Alejandro, que ahora tienen 20 años y Estefanía que cumplió sus quince primaveras. Víctor y Lourdes llevan 23 años felizmente casados.

Víctor García Pérez es originario de Cuernavaca y nació el 28 de julio de 1972 en la calle H. Preciado colonia San Antón de esta ciudad. Su papá fue don Andrés García Núñez, quien falleció a los 90 años y su mamá se llama Celia Pérez Sánchez y tiene 80. Víctor tiene cuatro hermanos los que son muy unidos y siempre están pendientes de su señora madre.

Estudió comercio en el Instituto Práctico Comercial y a temprana edad se metió a trabajar al restaurante Prima O’ Poy en el cual, cuando no era hora de la comida, les hacía algunos trabajos de jardinería. Después se fue a laborar al restaurante María Cristina con la señora María Valle, donde estuvo trabajando tres años como mesero y a la vez como jardinero.

Le ofrecieron un puesto en el Club Social Barba Azul, donde estuvo de capitán de meseros, de cantinero y de jardinero en sus horas libres, ya fuera en el restaurante o en la casa del señor Cuauhtémoc Rubio, el dueño del club y así ganarse un dinero extra para el gasto de la casa. Ahí estuvo durante cuatro años.

Trabajó con Yeltic Miranda y en la Gozadera de Yosalín Torres, lugares en los que combinaba el trabajo de jardinería con el de servicio de mesero, en la barra y también como ayudante de cocina. Gracias a su forma jovial, atención y agradable sonrisa, los comensales  siempre preguntaban por él para que los atendiera.

Comenzó ser llamado a eventos particulares donde la gente le llamaba y lo recomendaba por su carácter y buen servicio; así se fue haciendo de un gran prestigio. Nos explica que después de que terminaba el evento, él se quedaba a limpiar el lugar y dejarlo preparado para el día siguiente en que  le iría a arreglar toda la jardinería.

Al preguntarle cuál de las dos actividades le gusta más, contestó sin vacilar que los dos trabajos han sido su pasión. Que no podría escoger entre ellos. “Y explica que mientras los pueda combinar los seguirá haciendo, pues en el de mesero tiene la oportunidad de relacionarse y dar el mejor servicio para la clientela, ganarse la confianza del patrón, el respetar y llevarse bien con sus compañeros de trabajo. “Es muy gratificante cuando el dueño del restaurante me llega a felicitar y me premia con un dinero extra por mi trabajo”.

Para él,  no hay placer más grande que la jardinería; estar rodeado de la naturaleza y ayudarle a las plantas, árboles y flores a seguir embelleciendo los jardines. Nos habla del cuidado que hay que tener a la hora de podar un árbol, de tal manera que no hay que tocar la copa y sólo podar las ramas de los alrededores y evitar toda clase de plagas. Opina que hay que saber cuál es el sitio donde deben de colocar las plantas, poner atención a la hora del trasplante de las flores, en qué lugar les da el sol y la lluvia, en verano o en invierno.

Nos dice que en la actualidad está contratado para atender un evento el próximo sábado, por lo que tiene que presentarse desde el viernes para preparar los jardines, sillas y mesas. El sábado en la mañana hay que vestir las sillas y las mesas, adornar el lugar y esperar a que llegue la loza, la bebida y la comida. Durante el evento, Víctor cuida que la gente esté contenta con el servicio y con una sonrisa, vigilar que la festividad luzca en todo su esplendor.

Estuvo trabajando en el restaurante bar Canibal y en el restaurante cubano Guantamera, como capitán de meseros. En ese puesto duró un poco más de cinco años. Dichos lugares fueron cerrados por sus dueños por lo que Víctor se dedicó de lleno a la jardinería, trabajo en el que es muy solicitado. Cuenta que si es necesario, labora seis días de la semana, ya sea para atender algún evento como mesero o jardinero, porque más que un trabajo, es una forma de vida.

 Insiste en que él no deja de atender a su familia con quien pasea casi todos los domingos, que se toman sus vacaciones y si son las largas se van a Acapulco, pues les encanta el mar. Que si son paseos cortos, se lleva a su familia a los balnearios de Morelos, donde toda la familia la goza y sobre todo están juntos. “Porque la familia es como las plantas, a las que hay que saber  atender y seguir cuidándola con amor al cumplir con todas sus necesidades”. 

Cuando joven le gustaba explorar las barrancas de Cuernavaca. Nos platica que la barranca de San Antón era una de las más bonitas con su salto chico y su salto grande. Ahí, aunque fuera en pleno verano, había que armarse de valor para bañarse, pues el agua estaba más fría que el hielo. Se conocía bien la del Túnel y la de Amanalco. Dice que hoy en día en las barrancas ya no existen los árboles frutales de hace unos años, como los que daba el mango real, los guayabos, los arrayanes los nísperos y otros, pues ahora, en lugar de ellos,  están llenas de basura y de contaminación se pasa a los mantos acuíferos de donde tomamos agua”.

Víctor García Pérez, es un cuernavacense jovial y servicial, además de ser  gran padre de familia, junto al cariño muy especial hacia las dos actividades que más quiere en el mundo y a las que se ha entregado en cuerpo y alma: que son: el servicio de mesero y de jardinero. 

Semblanzas de Morelos
Rafael Benabib
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