Especialista en lo que compete a la electricidad, comerciante emprendedor, consejero de la Cámara Nacional de Comercio de Cuernavaca, deportista y promotor del deporte en jóvenes de bajos recursos, magnífico padre de familia e incansable trabajador es don Teodoro Carvajal Solorio, quien nació en San Lucas, Michoacán, el primero de abril de 1953. Su padre fue José Carvajal Antón, quien era campesino en San Lucas, y su mamá, la señora Ninfa Solorio Espinoza, la que además de ser una magnífica ama de casa, le ayudaba a su marido a trabajar en las faenas del campo.
Teodoro estudió la primaria en la Federal Niños Héroes en la Ciudad de México, a los catorce años llegó a Cuernavaca e ingresó a la secundaria en la escuela federal número uno en el turno nocturno. Intentó entrar a la vocacional del Instituto Politécnico Nacional pero ya no había plazas.
A los trece años Teodoro llegó a vivir a Cuernavaca junto a sus cinco hermanos: Narciso, Gabriela, Abel, Magdalena, Teodoro e Irma. Los papás de Teodoro lo tuvieron que mandar con sus hermanos a Cuernavaca, pues en su pueblo del Estado de Michoacán “no había mucho futuro”.
Sus hermanos vivían en la calle Clavijero No. 436 en los edificios que construyó el arquitecto Raúl Álvarez, los cuales hoy en día están abandonados.
Narciso su hermano, siempre hizo instalaciones eléctricas, actividad que a los 77 años aún ejerce. Su hermana Graciela tiene una fonda de comida típica michoacana en la colonia Acapantzingo; Abel también se dedica a las instalaciones eléctricas. Magdalena vive en Houston, Texas y es Chef en lo que ha trabajado durante 45 años. Su hermana Irma, se dedica a exportar plata, artesanías y otros artículos mexicanos a los Estados Unidos. Ahí tiene una tienda de su propiedad. Dice que ahí le ha gustado la vida, donde ha pasado sus últimos 25 años.
Su primer trabajo fue un sueño que se hizo realidad al lograr ser electricista. Después de buscar entre los negocios de material eléctrico en la calle Guerrero de Cuernavaca y en donde hubiera trabajo como aprendiz en instalaciones eléctricas. Logró entrar a un taller y aprendió más de electricidad que en una escuela. Años después se independizó y fundó una tienda de material eléctrico llamada “Eléctrica Pradera” en la avenida Domingo Diez, esquina con Belisario Domínguez.
En 1996 aportó sus acciones a un grupo de negocios de material eléctrico del cual fue socio hasta 1998. Durante ese tiempo viajó a Estados Unidos a tomar unos cursos sobre su trabajo y avances de las nuevas tecnologías en aquel País. De regreso trajo consigo la idea de diseñar y construir con materiales prefabricados el primer escusado seco de resina poliéster que hubo en México, el cual se instalaba en dos horas en cualquier parte que se necesitara y que él mismo promovió por toda la república.
Se trataba de solucionar las necesidades de los campesinos, de la gente de las rancherías, carreteras u otros lugares en el campo donde no había sanitarios. Nos cuenta que el primer paso era construir una fosa; se colocaba uno de sus nuevos sanitarios secos, hechos de resina poliéster los cuales eran bastante económicos. Vendió su parte cuando la fábrica ya estaba trabajando, negocio que aún continúa funcionando.
En 2005 inauguró un salón de eventos llamado “Cascada de la Pradera”, el que se rentaba como centro de convenciones, para ceremonias de todo tipo, como bodas, fiestas de quince años y banquetes. La mayoría de las veces ahí se daba el servicio completo.
Emprendió dos nuevos proyectos sobre la generación de negocios comerciales, los que se encargan de traer franquicias importantes de los Estados Unidos o de cualquier parte del exterior.
El segundo proyecto consistía en promover e instalar paneles solares para la generación y ahorro de energía eléctrica. Teodoro siente que además de las ganancias económicas, su aportación a la ecología y al medio ambiente ha sido un sueño.
En 1975, conoció a María Guadalupe Cue Ramírez, cuando ella estaba por terminar su carrera en la Escuela Normal de Educadoras. Se hicieron novios y después de dos años contrajeron nupcias en la iglesia Sagrado Corazón de María en la colonia La Pradera, entre la avenida Morelos y la calle Álvaro Obregón. Se fueron de luna de miel por varias partes del País. Procrearon dos hijos: José Cristián y Omar, ahora de 40 y 38 años. Teodoro, Lupita y sus hijos formaron una hermosa familia.
Cristian estudió ingeniería cibernética y ahora es socio de su padre en el negocio de los paneles solares. Tienen su oficina en Cuernavaca y otra en la Ciudad de México, la cual es manejado con mucho éxito por su hijo Cristian.
Omar estudia actuación y forma parte de una escuela de actores por las tardes y durante las mañanas le ayuda al padre como socio, a trabajar un negocio de bienes raíces.
Interrumpe la entrevista para comentar el gusto que tiene sobre la tormenta tropical “Narda”, que está pasando por el occidente del País sin afectar seriamente los lugares de su recorrido desde Oaxaca hasta Baja California , pero sí revivir el campo y traer el agua que tanto se necesita. Nos dice sin el deseo de que mencione este íntimo pensamiento.
Lupita, su esposa, ha sido maestra de Educación Elemental en la Escuela Latinoamericana de la calle Palmas, colonia Bella Vista a unos pasos de la avenida Emiliano Zapata, al igual que en el Jardín de niños “Pinocho” de la avenida Madero de esta ciudad.
Cristian, el mayor de sus hijos, está casado con Marisa Ortiz de la Paz, originaria de Taxco Guerrero y tienen dos hijas: Frida de 7 años y Daniela de 3 y están locos con ellas, exclama orgullosamente.
Durante varios años Teodoro fue un buen tenista, actualmente juega bádminton. Contribuyó con unos a fomentar el deporte entre la juventud.
Los amigos con quienes más conviven son Toño y Bertha Erazo; Víctor Manuel y Celia Mendoza, Daniel y Mary Pérez Huitrón, Abelardo y Norma García Conde, Salvador y Eugenia Alonso. Tiene muchos otros grandes amigos pero para eso necesitaríamos un libro especial.
Viajaron con sus hijos a Disneylandia, Disney World, Las Vegas, los Ángeles, Miami y en San Francisco se maravillaron de su hermoso e interesante acuario.
Lupita y Teodoro han viajado por varias partes de Europa y nos cuenta de su estancia en Francia, en Suiza e Italia; visitaron La República Popular China en donde se quedaron impresionados de su limpieza, la bondad y en especial la honestidad de su gente. Además han viajado por muchos lugares de centro y Suramérica, tomando un crucero por el caribe y en otra ocasión por La Rivera Maya.
Hombre de trabajo, sigue gozando de la vida y aún sale con su mujer a viajar a Acapulco y a otros lugares del País.
Actualmente continúan viviendo en el rumbo del que está enamorado que es la colonia Pradera y su oficina la tiene en la calle Río Mayo de la colonia Vista Hermosa en Cuernavaca, desde donde sigue trabajando al mismo ritmo de siempre.

Por: Rafael Benabib / rafaelbenabib@hotmail.com