Bella mujer, de una enorme sensibilidad y buen gusto, estudió para Diseñadora de Modas en el País Vasco en España, le gusta la medicina tradicional de la cual es experta. Prepara porciones maravillosas para aliviar dolores musculares, de cabeza, de estómago y limpieza general del organismo, además hace unas sabrosas mermeladas de sabores de plantas y flores naturales. Aprendió a pintar en las mejores escuelas de México y expuso sus obras en museos de la Ciudad de México, así como en Cuernavaca, en el Distrito Federal, en la Galería L’ATELIER y en otras partes. Dejó la pintura para dedicarse al arte de los Vitrales, siendo la más reconocida en todo el Estado de Morelos por sus hermosos diseños en vitrales de todo tipo.

Su padre fue el famoso torero de los años cincuenta: Manuel Gutiérrez Sánchez, “El Espartero” en honor al torero más valiente del siglo XIX y su mamá doña Antonia Barrón, fue una reconocida Diseñadora de Modas. 

Rocío Gutiérrez Barrón nació en la Ciudad de México el 26 de noviembre de 1965 y cursó sus primeros estudios en el Instituto Hispano Ingles de México y el bachillerato en la Universidad Hispano Mexicana (de religiosas). Terminando, sus padres la enviaron a conocer a su familia de España y ahí le gustó y se quedó a estudiar en Cxairocy, en el País Vasco, donde terminó la carrera de Diseñadora de Modas. Todos los días sale a su caminata, anda en bicicleta y hace ejercicio en un gimnasio en la Ciudad de Cuernavaca.

Buscando nuevas técnicas para sus diseños entró a estudiar a la Academia de Pintura Goya y en su continua búsqueda se inscribió en la Academia de San Carlos. Rocio suspira profundamente al recordar la gran emoción que experimentó al entrar a estudiar a la Escuela de San Carlos, donde tantos artistas habían pasado por ahí y los que algún día al salir también lo serían. “Es que te das cuenta de lo importante que es el arte, pues sin él no podía ser yo misma”, nos comenta emocionada.

Comenzó a dibujar básicamente el desnudo y siguió buscando en la pintura, con la cual continuó, hasta presentar sus propios trabajos. Aprendió a hacer relieves con metales y tuvo varias exposiciones, como en el Museo de la Ciudad de México, nos lo dice al mostrarnos varios reconocimientos; entre ellos uno del Centro de Artes Plásticas de L’ ATELIER del maestro Wilfrido Ávila García. 

Un amigo pintor la llevó a ver unos vitrales que a Rocío nunca le habían llamado la atención. “Mejor vamos al Museo de Arte Moderno” le propuso ella, pero de todas formas fueron a la Casa de la Cultura Reyes Heroles en Coyoacán y al ver como el vidrio se convertía en un juego de colores y al sentirlo, a pesar de ser frío ahí mismo se quedó enamorada. Una explosión de alegría la hizo vibrar. En ese momento quedó atrapada al  experimentar la sensación de haber encontrado aquella respuesta sobre el arte que desde niña tanto había buscado.

Roció nos explica que si perdiera todos sus bienes o si se quedara sola en el mundo, nunca le faltaría nada, tiene algo que nadie le podría quitar, que son esos vitrales.

Explica que comenzó a hacer vitrales con plomo y vidrio, pero luego cambió al estaño y sigue trabajando con otras técnicas, como resinas, vidrios fraccionados, laminados y con muchas otras combinaciones de elementos de los que se puede componer un vitral. El estudio y uso de estas técnicas se llama “Vitrografía”, que es lo que la da vida al vitral, a un arte-objeto, a una pintura o a un algo más.

Está preparando varios vitrales con pintura dorada para unos medallones que le pidieron para ser colocados en varias universidades de California, Estados Unidos.

Para ella el arte-objeto es lo que tiene una función en la vida cotidiana. Ya sea una puerta, una mesa, una silla o una lámpara, con el que se tiene que convivir en completa armonía.

Rocío, emocionada nos dice que cada obra que hace es comenzar de cero. Es el pensarla, es irla trabajando hasta que ella misma le diga que ya la ha terminado; y entonces sentir que se acaba de concebir a un hijo propio. Por otro lado, continua, los vitrales no son para hacer exposiciones, ya que cada pieza debe tener un entorno propio y ser parte del lugar donde siempre esté presente. Tomó clases de platería en una escuela de la colonia Condesa en la Ciudad de México y a veces usa ese mineral para adornar algunos de sus vitrales.

El vitral es una pieza con la que se vive y el contexto debe ser proporcional a la personalidad para quien está hecha. Un escritorio se raya o se le cae una pata y se puede cambiar por otro. Pero con un vitral tienes que vivir feliz y para toda la vida y no se puede ir cambiando de color o de diseño según los caprichos de quien lo posea. De ahí que hay que estudiar al futuro dueño y dónde lo quiere colocar para que no sólo forme parte del entorno, sino de sí mismo.

La hermosa mujer vive en Ocotepec, Morelos y su pareja es Alberto Morales quien es una magnífica persona. Trabaja en dar servicio en reparaciones de casas, pintura, albañilería e impermeabilización. Rocío tiene tres hijos: Aleck, Paolo y Sofía. Su hogar es la escuela de la libertad. Existe la ética familiar, el respeto a sí mismo, a las necesidades y los gustos de cualquiera de sus miembros, el amor al estudio, a su entorno y al medio ambiente, además al cariño entre toda la familia. Ella dice que son una familia de comunicación abierta, sin ser una relación de amistad, sino de madre a hijos y viceversa. Así mismo es con Alberto, su pareja.  

De una gran personalidad, Rocío Gutiérrez Barrón nos muestra que para triunfar en la vida y en especial en lo que le apasiona, hay que ser persistentes y lograr que sus sueños se vuelvan realidad.

Semblanzas de morelos
Rafael Benabib
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