Estudió en Cuernavaca en las escuelas públicas, la carrera de Licenciado en Derecho la cursó en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, recibiéndose en el año de 1972. Los padres de Francisco Rubí Becerril (Pancho), Ezequiel Rubí,  era transportista de los productos del campo y su mamá, Inés Becerril Vargas, dedicada a las labores del hogar. Toda la familia es originaria de Tetela del Monte, municipio de Cuernavaca por la parte norte, donde nació Pancho el 1 de febrero de 1950. Su abuelo, Francisco Becerril, era campesino y al lado de su casa tenía una cabelleriza con varios caballos para las faenas del campo.
Panchito estaba continuamente en contacto con los caballos, ya que desde chico, su abuelo le encargaba limpiar las caballerizas, cepillar a los animales con una “almoasa”, cepillo de cerdas duras que traían de España, los que llevaron los árabes a la Península desde Medio Oriente y que hoy en día aún se usan para cepillar a los caballos.
Cuenta que cuando los animales cumplían tres años, los llevaban a El Quebrantadero para arrendarlos, es decir, para que se familiaricen el manejo de las riendas y de las monturas. La enseñanza al caballo se llamaba quebrantar y por eso es que este pueblo tomó ese nombre.
En 1974, fue nombrado Director de la preparatoria de la UAEM, cuando el rector era el licenciado Carlos Celis Salazar y en 1976, siendo el gobernador el doctor León Bejarano se desempeñó como Juez Primero en Materia Penal en el Centro de rehabilitación de Atlacomulco (Cereso), donde  tenía sus oficinas, a la vez que impartía la materia de Derecho Penal en la Facultad de Derecho de la UAEM.
Trabajó como abogado auxiliar en la notaría No. 2 del licenciado Alfonso Roqueñí López, quien había sido su profesor de la materia Contratos cuando Pancho era estudiante.
En 1982, el gobernador Lauro Martínez lo nombró Notario Público No.3 de la Ciudad de Cuernavaca. Abrió su notaría en la antigua Plazuela del Zacateen el corazón del Centro Histórico de la ciudad, donde aún están las oficinas de su notaría. Su único hijo se llama Asís Rubí Suárez, él que cursó la carrera de Diseño Gráfico y quien radica en Cuernavaca.
Nos cuenta que cuando nació, su abuelo Francisco, emocionado, le compró un caballo que mandó traer del pueblo El Quebrantadero, cerca de Axochiapan. En ese lugar ha habido caballos desde la época de la Colonia, traídos por Hernán Cortés. Los españoles llevaros sus caballos a ese pueblo y la primer recría de toda América se hizo en lo que ahora es el municipio de Tlalquiltenango y para vigilar las manadas se construyó una torre que por fortuna aún existe y que se le puso “La torre del Rollo” por su forma cilíndrica. Esta construcción actualmente está dentro del balneario El Rollo.
 El color del primer caballo que Pancho tuvo fue un prieto zaino al que tanto quiso y, aunque después de aquel ha tenido una infinidad de caballos de pura sangre, españoles con mexicanos, de raza Árabe y de muchos orígenes y variados colores, nunca se olvida de uno sólo de los que ha poseído. Hoy en día tiene un precioso caballo alazán que se llama Chinelo, porque nació en Tepoztlán, del que Pancho está muy orgulloso.
Junto con unos buenos amigos también aficionados a los caballos, cabalgan en la Sierra del Chichinautzin. Aclara que son jinetes de montaña y no de lienzo de charro. Para él este es una comunión entre hombre y caballo, no es un deporte ni tampoco un espectáculo. Entre sus amigos de sus cabalgatas, se encuentran: Gabriela Gómez, José Luis Uriostegui, Mirna Chavarría, Ramón Trespalacios, Marcos Manuel Suarez Gerard, Jorge Toledo y varios otros compañeros.
Acostumbran a cabalgar por lo menos todos los domingos, aunque también salen de vez en cuando entre semana desde Santa María Ahuacatitlán hacía el Chichinautzin y de igual forma se van por el montea varios lugares del estado.
Nos explica que existe una cabalgata especial en el interior de Morelos con motivo del aniversario del General Emiliano Zapata Salazar que es el ocho de agosto y partiendo de Anenehuilco, donde nació Zapata, llegan a la antigua Tienda de Raya de la vieja Hacienda del Hospital, cerca de la Ciudad de Cuautla.
Continuamente van a cabalgar por las montañas de Tepoztlán, pasando por el pintoresco pueblo de San Andrés de la Cal y Yautepec, donde se embelesan con los diferentes colores del paisaje en las distintas épocas del año.
Nos informa que aún guarda sus caballos en las caballerizas de la vieja “Casa de la Cruz” en Tetela del Monte, la que fue construida por su abuelo Francisco en 1903 del siglo pasado. “En esas caballerizas ha habido interrumpidamente caballos desde hace más de cien años.
Una de las veces que se cayó del caballo en Tepoztlán, el que se llamaba El Alacrán por su color dorado, fue cuando un perro bravo le mordió una pata al caballo que él montaba y lo tiró al suelo. No se acuerda si se lastimó o no, pero sí de que se volvió a montar como si nada hubiera pasado. Al día siguiente se levantó todo adolorido del cuerpo, pues ya se le habían enfriado los golpes. “No le creas a quien te dice que nunca lo ha tirado su caballo, porque o jamás cabalgó o es un mentiroso”, termina bromeando.
Pancho Rubí nos menciona los gratos recuerdos que tiene de sus maestros de la primaria quienes le enseñaron a leer y le abrieron un mundo maravilloso que es el conocimiento de la historia a través de la lectura, al igual que a sus profesores: Gualberto Castañeda, al maestro Toño Mora y otros más. De la  UAEM habla de sus queridos maestros: Fausto Galván Campos, Francisco Cabrera de la Rosa, Teodoro Lavín González y el maestro Carlos Celis Salazar.
El Notario, licenciado Francisco Rubí Becerril, es conocido como amante de la buena mesa, admirador de los grandes pintores, como el hombre de trato amable y generoso, por su amor a los caballos y se ha ganado el cariño de los morelenses gracias a la entrega a su trabajo en la notaría número tres y el cariño a la ciudad que más quiere: Cuernavaca.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]