Distinguida dama, cariñosa madre y esposa, inteligente y magnífica vendedora de autos, es la señora Paloma Matence cuyos padres: Javier López Morfín y María del Carmen Aguilar Orea, tenían una fábrica de condimentos para la cocina, en especial consomé de pollo y mole, además de otros productos culinarios.
Paloma nació en 1957 en la Ciudad de México en el Hospital Reforma, frente del Ángel de la Independencia. Estudió en el colegio de monjas De la Florida. Terminó preparatoria y Comercio Internacional en el colegio Saint Mary en la colonia Taxqueña.
A su padre le gustaba que todos los hijos hicieran ejercicio por lo que los inscribió en el Club Italiano, después se pasaron al Club España, ejercitando especialmente natación y tenis. Recuerda lo estricto que era su padre respecto al ejercicio y también a todas las cosas de la vida. Tenía un dicho que le repetía continuamente y era: “Mente sana en cuerpo sano”. La relación con su mamá fue más cercana y afectiva, andaban casi siempre juntas y compartían como si fueran las grandes amigas.
 Al pasar lista el primer día de clases, la monja preguntó si alguien faltaba de ser nombrada y Paloma levantó la mano diciendo que ella se llamaba Paloma López Aguilar. Pues aquí está registrada una María Guadalupe López Aguilar. ¿Es tu hermana? , no, mi hermana se llama María Elena. Pues tendremos que ir a la dirección a ver quién es quien, por qué ella está inscrita y tú no, contestó la monja. Paloma se enteró a los seis años de edad que su nombre real era Guadalupe María del Carmen López Aguilar.
Nos cuenta que su mamá fue una de las primeras madres de sus amigos que manejaba, tomaba clases de inglés, jugaba tenis y trabajaba, además de cuidar a seis hijos y a un marido que daba lata como si fueran cuatro hijos más, quien además de ser demandante, era muy  celoso y más con una esposa tan guapa como su mamá.
Son seis hermanos: Paloma, Rafael, Enrique, Elena, Javier y Pedro. Paloma trabajó tres años en una empresa que se llamaba Rohmad and Haas Laboratorios Químicos.
Conoció al arquitecto Fernando Matence, quien le fue presentado por una amiga bajo la mirada vigilante de su mamá. Se hicieron novios y a los tres años contrajeron nupcias en la Parroquia del Rayo en Mixcoac. Paloma nos dice que no ha conocida una parroquia más linda que esta. “Dorada y llena de flores”. Su banquete fue en el Club Suizo en la colonia del Valle. Pasaron su luna de miel en Ixtapa Zihuatanejo.
Con 38 años de estar felizmente casados, tienen dos hijos, pero ella insiste en que son sus Ángeles. El mayor es Kristian y es licenciado en Comercio Internacional, al igual que su hermana Paloma. Ambos egresados del Colegio La Salle. Él trabaja en una empresa de Logística y la hermana tiene su propio negocio de organización de eventos sociales.
Durante seis años, Paloma de dedicó por completo a la atención y educación de sus hijos y en 1990 se vinieron a vivir a Cuernavaca. Su esposo Fernando tenía trabajos de construcción por toda la república y le preguntó a Paloma si le gustaría vivir en provincia, para estar cerca de su mamá. Además de siempre encantarle esta ciudad, Paloma eligió Cuernavaca para vivir.
Fernando tiene su constructora en la Ciudad de México, llamada FAM. Trabaja en Cuernavaca, viaja a toda la república a supervisar sus construcciones.
No tenían problemas económicos, pero en 1997, cuando en México comenzó la crisis en el campo de la construcción, el negocio de los bienes raíces y de la construcción se vino a menos. Sin embargo él aún tenía algunas obras producidas por el terremoto de 1985 de la Ciudad de México y como ya no tenía mucho que hacer en las diferentes ciudades del País, la constructora se vino abajo, por lo que Paloma le propuso a su esposo el ponerse a trabajar para ayudar en los gastos de la familia.
Gracias a su amiga Tere Mancilla entró a trabajar en “Afores Garante” del City Bank. Al mismo tiempo el Banco Santander dio inicio a las afore, las cuales eran una propuesta fabulosa para el trabajador. Fue un proyecto maravilloso, en el que el trabajador no sólo ahorraba parte de su sueldo, sino que este ganaba muy buenos intereses.
En esos años, el City Bank, Banamex y Santander se fusionaron en las afores y parecía que el proyecto estaba teniendo mejores resultados, pero ella se dio cuenta de las trampas que le estaban haciendo a la gente y Paloma no quiso ser parte de esas marrullerías, por lo que presentó su renuncia.
En septiembre del 2002 por azares del destino, de nuevo su amiga Tere Mancilla le presentó a su esposo, quien era gerente General de la agencia Cresta Cuernavaca de la Volks Wagen, consiguiendo trabajo en esta compañía. Paloma es una de las cinco personas que aún laboran en la agencia y que han sido parte del equipo de la compañía desde que ésta fue fundada hace 16 años. La compañía ahora cuenta con más de 120 trabajadores.
Hace unos años cuatro parejas se fueron a Alaska en un crucero y al pasar la aduana les pidieron los pasaportes a todos. El pasaporte de Paloma no se encontraba y por ese problema casi impide que pudieran subir al barco. Su esposo Fernando tuvo que bajar con el Capitán para explicar la confusión y cuando todo se aclaró, los amigos no dejaron de vacilarla llamándola Lupe, Carmen o María, menos su verdadero nombre que es Paloma. Nos cuenta que durante todo el crucero ella fue la comidilla del día.
“Alaska es un sueño, con esas enormes montañas de hielo que casi se pueden tocar con la  mano, navegamos por toda la costa del Océano Ártico, paseamos por las islas Aleutianas, vimos unos renos en las praderas y nos dieron de comer rodajas de salmón recién pescado. Ha sido una experiencia inolvidable y más cuando se va bien acompañada”, nos dice con emoción.
Paloma Matence es una persona llena de vida, cuya alegría es trasmitida a sus interlocutores y por supuesto a sus clientes que siempre regresan para ser atendidos exclusivamente por ella. Enamorada de Cuernavaca, recibe el cariño que se merece.

Por: Rafael Benabib / [email protected]