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Estudió en la Ciudad de México la licenciatura de Agente de Seguros en la Comisión Nacional de Seguros y Finanzas. Tomó un diplomado de promotora Cultural, con un Certificado en la Secretaría de Educación Pública. Natalia nació el 15 de abril de 1960 en el D. F. Sus padres eran: Aurelio Reséndiz Morales y su mamá, Natalia Muñóz García Su papá tenía vulcanizadoras en la Ciudad de México y su mamá un restaurante en el Aeropuerto Benito Juárez.
En Cuernavaca ingresó al Centro Morelense de las Artes del Estado de Morelos (CEMA) en el área de Artes Visuales, donde tomó varios cursos sobre la cultura en general, en especial pintura de acuarela y dibujo de desnudo, donde a la fecha se presenta  a sus clases tres días a la semana. Es voluntaria como maestra de pintura en una casa hogar para niños “El Ejército de Salvación” en la avenida Díaz Ordáz de Cuernavaca.
Natalia contrajo nupcias con Jorge Mauricio Dantiaq Heredia. Procrearon dos hijos: Mauricio Daniel y Susana Mariana de 28 y 26 años. Llegaron a Cuernavaca en 1990 su marido era publicista, periodista y Gerente de Publicidad del periódico El Sol de Cuernavaca. Quien además de ser un magnífico guitarrista es compositor de música romántica.
Su hijo Mauricio estudia fotografía en el Centro Morelense de las Artes. De hecho acaba de ganar un concurso de fotografía. Y su hija Mariana, es licenciada de teatro, siendo profesora de teatro en el mismo CEAMA.
La señora Reséndiz dice bromeando que ella también tiene su profesión y que se graduó de licenciada con una maestría y un doctorado en “la Carrera de la Vida”.
En 1978 trabajó en una tienda de discos como vendedora de mostrador, en el tiempo que se iniciaban las ventas de los casetes de cinta. Nos dice que este cambio de LP de 78 y 45 revoluciones a casetes fue muy interesante, ya que esto revolucionó el negocio y la moda de escuchar música. Natalia le sugirió al dueño de la tienda que además de sus casetes, incluyera la venta de caseteras y grabadoras, lo que fue todo un éxito.
Laboró en las Mueblerías, Hermanos Vázquez, donde les vendió la idea de incluir en la venta de las caseteras y equipos de sonido, una línea de casetes para complementar el equipo. Fue llamada a colaborar a una joyería de los señores Gallardo en el Centro Histórico del D.F. Se quedó impresionada cuando vio que sus mejores clientes eran las monjas, quienes venían a comprar anillos pesados y de finos acabados de casamiento de 18 quilates en oro, pues se iban a casar con dios. “Creo que mejor me vuelvo monja”, le dijo al patrón bromeando” 
Mientras estudiaba el tercero de la vocacional, a los 20 años, entró a las Bodegas Conasupo como Supervisora de Granos: frijol, sorgo y maíz. Ahí se dio cuenta de las grandes bodegas llenas de frijol de primera calidad, cuyo propietario era el director, quien lo exportaba por su cuenta y dejaba el frijol de segunda para el resto del mercado mexicano. A su poca edad, se dio cuenta de las tranzas que se hacían dentro de la paraestatal. Le informó a su superior de lo que había descubierto. Éste le pidió que no dijera nada pero, a pesar del buen sueldo que recibía, renunció al no querer ser cómplice de esos robos al pueblo.
Una de las jefas de la Conasupo que se salió con ella, consiguió, junto a diez compañeras más un trabajo en la Secretaría de Gobernación para supervisar en la Central de Abastos la calidad de frutas y legumbres que llegaban. Ellas se encargaban de indagar sobre la demanda y los precios de los productos básicos. Ese estudio se lo enviaban a la PROFECO y a la SEGOB, quienes se encargaban de boletinar a través de los medios, a la población, a los mercados y tiendas de autoservicio los precios de los productos que en ese día se vendían en la Central. 
Entre todas se llevó a cabo un proyecto de “Subasta”, la que consistía en reunir a madia mañana a los pequeños productores en una explanada de la Central, donde ofrecían sus productos al mejor postor, para que no regresarse con su mercancía. El introductor aprovechaba la subasta, compraba más barato y lo vendía ese mismo día. Ese sistema aún sigue funcionando. Llegó a su oficina donde la esperaba un humilde señor de huaraches quien la invitó a conocer su negocio. Era el dueño más importante de plátano de Chiapas de la marca “Bananava” La invitó a tomar un café a su oficina y al entrar se impresionó pues el salón estaba finamente decorado. Ahí, además de felicitarla por el éxito de su labor, le agradeció que hubiera solucionado uno de los principales problemas de los productores. 
Como asesor financiero comenzó a dar servicio en el Banco Vital y en la compañía Panamericana de Protección del traslado de valores. El banco Vital le pagó un curso de finanzas. Es asesor de seguros desde 2006, con la Cédula de la Comisión nacional de Seguros y Finanzas, clave: “C 1859-64”. Lleva trabajando diez años para diferentes compañías y su empresa de seguro se llama “Consultoría Financiera Resendiz”, cuya especialidad son los Seguros de Vida. Natalia le propone a sus clientes planes productivos e interesantes en cuestión de seguros de vida como una inversión, en la que además de estar asegurado, puede ahorrar para su propio fondo de retiro.
Recibió un reconocimiento por su antigüedad en la venta de Seguros de Vida, y en 2010 fue nombrada la mejor vendedora regional en la Promotoría 507 de Cuernavaca. 
Distinguida dama, con amplios conocimientos sobre el manejo de las finanzas, los secretos de las relaciones humanas, la habilidad de convencimiento con argumentos sólidos, enamorada de las artes plásticas, gran amiga y entregada amante de sus hijos, La señora Natalia Reséndiz Muñóz, es un ejemplo de honestidad, trabajo y es un gran ser humano.