Mujer de arrestos, luchadora social y activista política, entregada a sus tres hijos y a la docencia, maestra normalista, una de las primeras profesoras en rechazar al mafioso Sindicato Nacional de Trabajadores del Estado (SNTE) es la Maestra María Esther Vargas, originaria de Cuernavaca, donde nació el 10 de noviembre de 1950, siendo sus padres: Raúl Vargas Ortega, profesor de Educación Básica y su madre Ernestina González González, Maestra Normalista.
Estudio en su ciudad los primeros años y en Iguala en El Centro de Enseñanza Normal para Maestros, se formó como profesora Normalista.
Se fue a trabajar a la Sierra Tarahumara por dos años su primera plaza en Molineros, municipio de Carichic, continuando como profesora de educación primaria en la Costa Chica de Guerrero durante cuatro años en Cuahinicuilapa. Mientras trabajaba ahí, los viernes y los sábados estudiaba en Cuernavaca en la Normal Superior del maestro Villavicencio.
Se casó el 23 de julio de 1972 y tuvo tres hijos cuyos nombres son: Sandra Lilia, Oscar y Jessica Noemí Montaño Vargas. Trabajó dos años en Tecajec, Yecapistla y tres más en la Normal Básica de Xoxocotla. Después obtuvo su plaza en Cuernavaca en 1979 trabajando en la primaria, Vicente Guerrero en Altavista, después en Amatitlán y luego en la escuela Hermenegildo Galeana.
La profesora Ernestina González, su mamá, también maestra normalista de educación básica, tiene su plaza y cuando hay cambios de plazas, se transforma la relación afectiva y educativa que se establece entre maestro y alumnos y cada vez que los cambian deben comenzar un nuevo contacto de confianza para reiniciar buenas relaciones entre ambos.
Finalmente, en 1980 se estableció en la Escuela Narciso Mendoza, donde trabajó su planta durante 20 años, siendo maestra del programa especial de la SEP, llamado Plan de Actividades Culturales de Educación Primaria (PACAEP). 
Participó en varias organizaciones sociales. Fue Presidenta de la Asociación de Padres de Familia en la Secundaria Federal No.11 de la colonia Flores Magón, donde se pensionó como maestra de primaria.
Estuvo en la Comisión de Acción Femenil del Sindicato de la SNTE y en 1983 en el Consejo Central de Lucha (CCL) en la Comisión de Organización.
La razón por la cual los maestros estaban inconformes, aclaro, era porque el Director de la SEP del Estado de Morelos, no daba solución a las peticiones de aumento salarial, servicios del ISSSTE ni a la petición de obtener un turno extra para que les pudiera alcanzar para vivir y que se les permitiera que los hijos de los maestros, que habían estudiado para profesores, no los enviaran a otros estados y les dieran sus plazas en Morelos. Además que a todos los profesores les pagaran los sueldos que les debían, al igual que pedían cambiar de sindicato, porque el SNTE los había engañado. El director les prometió pagarles al día siguiente, pero faltó a su palabra y eso prendió al grupo, quienes protestaron dentro de las oficinas de la Delegación Morelos y secuestraron a su director, el profesor Cesar Uscanga, hasta que pudieran llegar a un acuerdo. 
El grupo fue perseguido y se encontraron con otros profesores que venían de Guerrero también en son de protesta. La maestra Vargas tomó a todos y los llevó a la escuela Miguel Hidalgo de la calle Morelos norte, donde se organizó un plan de defensa de los profesores. Uno de ellos grito que había reconocido a un espía del gobierno entre ellos y todos se le querían echar encima. La maestra María Esther lo abrazó y les explicó a los profesores que ese señor era el Director de la Escuela Miguel Hidalgo que les había dado cobijo, por lo que se disculparon y le comenzaron a echar porras de agradecimiento.
Los compañeros profesores se plantaron frente al Palacio de Gobierno durante cuarenta días. Casi todos los maestros delegados hicieron una huelga de hambre que duró ocho días. Recuerda que al terminar la huelga, los profesores prometieron darles clases los sábados para que los alumnos se pusieran al día, pero por alguna razón, sólo se presentaron los de la clase de María Esther y los de su mamá, Ernestina.
Formó parte del Movimiento Magisterial en la Delegación Sindical y en la Comisión de la Organización. Para la Marcha de 1985 a la Ciudad de México, María Esther, dentro de su cargo en el Movimiento magisterial y su papel como coordinadora que consistía en el trabajo de control sobre los maestros para que la marcha fuera uniforme y pacífica, por tal motivo se movilizaba de una punta a otra del grupo, haciendo la caminata por partida doble. 
Cuenta que cuando llegó a descansar a Tres Marías, un doctor le dijo que le iba a remover  la ampolla que ya se había reventado en la planta de los pies, “Pero va a dejar de caminar” le advirtió. María Esther le contestó que la vendara como estaba porque ella no iba a dejar la coordinación de la marcha sólo por una ampolla y al día siguiente continuaron en la caminata.
Llegaron hasta la Avenida Reforma de la Ciudad de México y de pronto salieron unos granaderos por todas las calles adyacentes, encerrando a los maestros entre dos calles en cruz sin poder salir a tomar algo, ya que las camionetas que las acompañaban no podían entrar a darles ni alimentos ni siquiera un poco de agua. Vieron una manta roja a lo lejos la cual decía que era el Movimiento Gay y a un grupo de 25  jóvenes quienes gritaban consignas: “Morelos, Ucha, Ucha, muchachos a la lucha, no somos machos pero somos muchos”, abriéndose paso por entre los granaderos y permitiendo que entraran las camionetas con comida y agua.
Respetable dama, va directo a su objetivo y sin tapujos, vierte sus experiencias como si en ese momento las estuviera volviendo a vivir. Es una gran morelense digna de admiración.

Semblanzas de Morelos
Rafael Benabib.

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